Punto de Encuentro

Romper la falsa dicotomía: Izquierda de café vs ProFujimorismo

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en 2016 mostró claramente una polarización   entre el fujimorismo contra el anti fujimorismo. La votación de Kuczynski fue básicamente motivada por un sentimiento contrario a Keiko mas que por una adhesión a él o su programa. Este sentimiento fue exacerbado pasionalmente por la izquierda marxista, cuya vocería principal la ejercía el Frente Amplio y Verónika Mendoza.
 
Quizás al nunca haber obtenido éxito en la articulación de un Partido pluriclasista, nacional  y popular las izquierdas pasadistas, principalmente la izquierda de café –rodeándose de un aura de pureza moral- sindicaron a todos los demás de traidores, de derecha bruta en el pasado y ahora de narcotraficantes y de corruptos. Ello explica su inicial Antiaprismo y ahora su antiaprismo y antifujimorismo. La inviabilidad de su unidad los hace actuar reactivamente contra proyectos populares que logran cierto arraigo. Han promovido sentidos comunes en contra de sus adversarios y a favor de determinadas banderas, la más estratégica  ha sido su rechazo a la minería. Pero también han cogido consignas  liberales como la lucha por el reconocimiento de derechos LGTBIQ y el aborto. 
 
La reacción instintiva de cierto sector ciudadano opuesto a estas ideas ha sido colocarse de lado del conservadurismo Fujimorista, que se muestra pragmático y persistente. Es por ello que en el debate político se está instalando esa misma polarización peligrosa, una falsa dicotomía en todo ámbito de discusión pública: o eres parte del falso progresismo izquierdista o eres pro fujimorista.
Esta es una trampa en la que un auténtico republicano y demócrata no debe caer, existen opciones distintas como un auténtico liberalismo, el social cristianismo y la social democracia; que son puntos de vista muy distantes de nuestra izquierda infantil y de la fuerza dinástica naranja.  Y todas- salvo el liberalismo- tienen partidos que las representan. 
 
Y es que ni la izquierda de café ni el fujimorismo tienen en mi concepto un compromiso probadamente sólido con la democracia. El Fujimorismo hereda la trayectoria de los 90s, con autogolpe de por medio, sin haber expresado el arrepentimiento debido por quebrar el Estado de Derecho y las izquierdas hasta ahora no deslindan claramente ni con el chavismo y menos con el Castrismo que se acerca a cumplir 60 años de dictadura. Usan convenidamente la democracia sin estar convencidas de ella y con rasgos autoritarios e intolerantes. Son las dos caras de la anti política. 
 
Ninguna de las dos fuerzas en cuestión ha demostrado tener un mensaje claro para el “otro Perú”, de las Mypes, del emprendedurismo, pero también de la informalidad, anti-estado; solo hay demagogia de un lado y populismo simplista del otro. No hay una narrativa, un discurso ni una visión del Perú popular y provinciano, ambos –en especial la izquierda de café- se muestran limeñizados y en el caso del Fujimorismo tiene bajo sus pasivos haber destruido la descentralización en los 90s. 
 
Aquellos que militamos en ideas de cambio social y libertad, que somos conscientes de la tarea de relanzar y fortalecer la república y la democracia para hacerla más radical y popular, más cerca de la gente, más descentralizada y más joven tenemos la obligación de cambiar la arena del debate y romper esta falsa dicotomía que puede conducir al Perú al fracaso, a la convulsión social o al autoritarismo.
 
Enrique Valderrama Peña