Punto de Encuentro

Chavismo: barbarie y miseria

Conocí hace unos años a Nixon Moreno, joven líder de la resistencia venezolana contra el chavismo. Moreno estaba tramitando su asilo en Perú y llevaba las cicatrices de más de un lustro de lucha frontal contra un régimen totalitario en pleno auge. Lo que narraba el activista caribeño ya en ese tiempo rayaba con lo ilógico; un régimen que subvencionaba movimientos y gobiernos en otros países mientras quebraba económica y moralmente su propia patria, la deportación de diversos líderes, el rol preponderante e ilegal de agentes cubanos en la inteligencia y milicia venezolana, la represión brutal al movimiento estudiantil, el hostigamiento a los principales opositores y a sus familias; como parte de uno de esos episodios Nixon perdió a su madre.

Tiempo después, con el triunfo de Humala,  tuvo que salir de Perú rumbo a Panamá a reunirse con su esposa la periodista Patricia Poleo, también perseguida por el chavismo. Pocas veces he visto personalmente tanta determinación en un hombre menor de 35 años. Eran los tiempos del asilo de Manuel Rosales y Carlos Ortega en Lima. Cabe mencionar que el gobierno de Alan García y el APRA acogió en Perú a estos luchadores por la libertad en el país de Bolívar.

Al cabo de dos años la actividad política y periodística me llevó a conocer a Paulina Facchin y a Juan Daniel Tapia, venezolanos que arribaron a Perú buscando un mejor escenario para desarrollarse profesionalmente y sin los hostigamientos que el régimen perpetraba con ellos. En dos largas conversaciones con jóvenes interesados en la situación de Venezuela desarrolladas en los locales del PPC y del APRA ambos narraron cómo la crisis se había agudizado: el recorte de libertades bordeaba la demencia, había comenzado además un proceso acelerado de desabastecimiento que empezaba a generar ansiedad social y conflicto y la quiebra económica la sentían intensamente los más humildes.

Su arribo aquí coincidió con la postulación de Henrique Capriles y Paulina fue la coordinadora del Comando Simón Bolívar, rol que desempeñó con tenacidad y entrega. Lamentablemente un desmejorado Hugo Chávez ganó por poco a las fuerzas unidas de la oposición que denunciaron, probablemente con razón, un escandaloso fraude. Lo mismo ocurrió meses después cuando Nicolás Maduro se hizo con la presidencia de Venezuela frente al mismo Capriles luego del deceso de Chávez a manos de un cáncer fulminante.

En menos de dos años en el poder, Nicolás Maduro ha arruinado aún más su tierra convirtiéndola en uno de los países más inseguros y violentos del mundo; asesinando estudiantes, apresando a Leopoldo López, silenciando completamente la poca prensa libre que quedaba y hace unos días raptando al alcalde metropolitano Antonio Ledezma en un acto incomprensible y medieval. En total Maduro ha denunciado 16 intentos de magnicidio contra su persona.

El chavismo como toda expresión totalitaria y contraria a la modernidad está condenado a desaparecer, lamentablemente no sin antes agudizar su barbarie y profundizar la miseria de su pueblo en su lucha final por no soltar el control del aparato estatal.

Es por ello que considero vergonzosa la conducta de nuestro actual mandatario Ollanta Humala al no rechazar categóricamente los hechos arbitrarios acontecidos en Venezuela los últimos días, con especial atención al secuestro de Ledezma, perpetrados por la dictadura infame y criminal de Nicolás Maduro. Pareciese pues que la pareja gobernante debe muchos favores a la camarilla chavista y por eso su tibieza cómplice.

Afortunadamente para el prestigio de nuestro país, la sociedad civil, los partidos democráticos y las juventudes peruanas se han expresado solidariamente con la causa democrática y libertaria que defienden cientos de miles de jóvenes en las calles venezolanas, jóvenes como Nixon, Paulina y Juan Daniel.

*Coordinador del Centro para la Democracia Social