Punto de Encuentro

¿Garantes o cómplices?

La actitud complaciente del Nobel Mario Vargas Llosa y del ex Presidente Alejandro Toledo respecto al mediocre gobierno de Ollanta Humala es inaudita y solo explicable por una intensa animadversión a los principales referentes de la oposición al régimen Nacionalista, sentimiento  que obnubila la capacidad de sopesar la realidad del primero y un profundo y ramplón cálculo político –y quizás hasta jurídico penal-  del segundo. No están actuando pues como “garantes” de la democracia peruana sino como cómplices del caos y la improvisación de Los Humala.

En 2011 ambas personalidades nos dijeron a todos los peruanos que ellos garantizarían que la democracia se mantenga y se consolide en nuestra patria y que votáramos sin temores por el Comandante Humala, a pesar de las dudas que rodeaban su actuar público. Hoy, casi 4 años después, quizás los dos han olvidado que cuando la economía se enfría, las exportaciones retroceden, la pobreza avanza, la oferta laboral decae y los escándalos de corrupción, que incluyen a familiares, campean no podemos hablar de un panorama democrático sano y pleno. Peor aún parecen olvidar que el avance de la inseguridad ciudadana y el alejamiento de un escenario de igualdad de oportunidades horadan la democracia y su necesario prestigio popular.

Así como Don Mario se ha pronunciado ayer con claridad y precisión frente a las inaceptables tropelías perpetradas por Maduro en Venezuela, un gran acto de justicia sería que manifieste su disconformidad con el mal gobierno que Humala protagoniza, haciendo retroceder al país en todos los sectores; nuestro más afamado escritor debiera enmendarle la plana a la pésima administración que sufren de forma más cruel las clases medias, los microempresarios y los más humildes. La poca simpatía que el Nobel profesa por el aprismo y por el fujimorismo no puede conducirlo a avalar con su silencio esta situación de improvisación y mediocridad. En la línea de éste reclamado sentido común crítico hasta Álvaro Vargas Llosa, su hijo y consuetudinario aliado, rompió su silencio hace varias semanas con severas críticas al Humalismo.

En el caso de Alejandro Toledo parece que no hay siquiera el más mínimo ánimo de guardar las formas respecto  a su estrategia de respaldo condicionado a puestos en el ejecutivo para algunos de sus cuadros y sobre todo blindaje en cuanto sea posible en el caso Ecoteva. Triste y sorprendente final para el otrora líder de la marcha de los 4 suyos en 2000.

En estos últimos días el gobierno Nacionalista y sus voceros nos están conduciendo con persistente irresponsabilidad a una situación de tensión crítica con Chile. Si el cuadro se agrava ¿los garantes-cómplices también guardarán silencio mientras un desaforado Urresti, luego de tener luz verde, ataque ácidamente a los medios y a quienes digan que es un despropósito romper relaciones diplomáticas con Chile?