Punto de Encuentro

La responsabilidad no asumida de la izquierda marxista respecto al avance del terrorismo

 

La responsabilidad no asumida de la izquierda marxista respecto al avance del terrorismo

Mucho se le ha atribuido del surgimiento y avance del senderismo a causas estructurales; lo cual me parece real e insoslayable, nadie duda que la pobreza, la marginación y olvido del Estado respecto a la gente del campo, el desempleo, etc. fueron caldo de cultivo para la acumulación de fuerzas de la huestes de Abimael Guzmán; sin embargo es muy importante, en la línea de lo coyuntural, saber qué actores procedieron con particular negligencia o imprudencia en este proceso que marcó dramáticamente a la patria y que dejó un saldo de decenas de miles de peruanos caídos, entre ellos 1214 apristas, asesinados vilmente por el senderismo.

Esto cobra mucha relevancia en la actualidad pues el Perú contempla perplejo como se movilizan e infiltran en distintos gremios y organizaciones sociales aquellos que reivindican esa insania denominada “pensamiento Gonzalo”. Lo acabamos de ver en las movilizaciones del magisterio, en donde algunos dirigentes tenían clara y directa vinculación con el MOVADEF, el brazo legal del senderismo; también están en frentes de lucha antiminera, en dirigencias agrarias, en dirigencias estudiantiles, etc. Ello sin significar para nada que las reivindicaciones del profesorado o de las demás organizaciones no sean muchísimas de ellas plenamente justas.

En esa línea identifico que el Gobierno Militar y el Belaundismo por su miopía al detectar y diagnosticar el problema y la izquierda marxista por su complacencia y hasta complicidad con el senderismo fueron los responsables coyunturales de que la monstruosidad del terror cobrara dimensiones inusitadas.

En el caso del Gobierno militar y el Belaúndismo porque no tomaron en serio el problema, el primero por no detectar la articulación que se llevaba a cabo desde la Universidad de Huamanga hacia fines de los 60s y su posterior expansión inicial a casas de estudios superiores del centro del Perú  y el segundo por cerrar los ojos ante el evidente crecimiento de la organización de Guzman, Morote, Huatay, Ramirez Durand en todo el territorio nacional; esto a pesar de que el primer atentado fue el dia de las elecciones presidenciales de 1980. En 5 años el Belaundismo no avanzó ni un ápice en la lucha contra subversiva. Es por ello que en 1985 el aprismo recibió un asunto sin diagnóstico alguno y tuvo que empezar de cero, en ese camino resistía en una lucha tenaz y diaria en las organizaciones sociales y al frente del Estado en Municipios, Prefecturas y encargaturas publicas mientras avanzaba en el entendimiento del fenómeno, en las investigaciones y en las decisiones –que fueron trascendentales- como la creación e impulso al GEIN y respaldar el trabajo de los comités de autodefensa de las rondas campesinas, al punto de entregarles armas para enfrentar la subversión.

En el caso del segundo –y fundamental- gran actor responsable en el avance del senderismo encontramos a los distintos grupos de la izquierda marxista en Perú que fomentaban la retórica incendiaria contra el “Estado burgués”, que proclamaban el uso táctico de las instituciones de la “democracia liberal” para sus fines de reemplazo de dicho Estado; uso táctico como por ejemplo en el Parlamento como “tribuna de denuncia” y dejaban entrever que existía una posibilidad real y latente de la toma del poder al margen de la vía electoral, es decir usando la violencia, reivindicando los modelos de la URSS, China, Cuba, entre otros. Ello implementado por el “Partido único” y sustentado lógicamente por la racionalidad de la “lucha de clases” pasando si fuera el caso por “dictadura del proletariado”. Esta prédica era común en los círculos universitarios y en los espacios sindicales y de algunas dirigencias sociales y populares. Cuestión curiosa puesto que esta izquierda ya participaba en elecciones -como las de la Constituyente de 1979- sin dar señales de querer alzar las armas en términos reales y participaba en sindicatos que actuaban en el marco de la vida democrática nacional interactuando con los Gobiernos de turno para la solución de sus demandas gremiales. Remontándonos más atrás los encontramos apoyando incluso a Presidentes como Prado, que de pro soviético o pro Chino tenía muy poco. Podemos hablar entonces de una izquierda marxista ya adaptada a la lucha política y civil por el poder, aunque conservando aun su verbo agresivo y la referencia viable de la alternativa armada, más como recurso discursivo que como verdad.

El gran problema es que esta retórica sostenida por tantos años sin evidencias concretas de su coherencia –como los intereses que dice defender Patria Roja en el magisterio y el desencanto de éste último respecto a la conducta como dirigentes del SUTEP de los primeros- es que poco a poco va hartando más a sus militantes y más grave aún a sus potenciales adherentes al ver que la palabra no iba acompañada de la acción y que sus movilizaciones y toma de posición política iban dirigidas más –según muchos- a perpetuar cúpulas que gozaban de diversas gollerías sindicales y políticas que a construir el socialismo como paso previo a la sociedad comunista.

Es entonces, tras acusar varios años de prédica irresponsable y violentista - para la galería- de los lideres clásicos comunistas y de los nuevos que gozaban del aval de la vieja guardia, que ocurrió lo que en las filas de la izquierda marxista tradicional limeña nadie presagió: apareció un grupo extremista que no solo predicaba que iniciaría la lucha armada, sino que en efecto la inició en Mayo de 1980, tras acumular fuerzas poco más de una década.

Las izquierdas que los senderistas llamaban “traidoras” o “legales” no cumplieron el rol de denunciarlos y combatirlos a tiempo; fueron indulgentes, cómplices irresponsables de su brutalidad al mantenerse al medio entre la democracia –en la que ya se desarrollaban a pesar de sus enunciados disforzados- y esta organización que simplemente las acorraló y demostró ser más radical. Las izquierdas marxistas son responsables por alentar una ideología violentista cuyos postulados que entrecomillamos líneas arribas han quedado ya como obsoletos o considerados contrarios a toda lógica y también son responsables por no denunciar rápida y contundente la aparición y métodos del senderismo. Callaron, y ello no es cosa menor.

Esto sigue siendo clave puesto que no hemos escuchado hasta ahora ningún mea culpa de la izquierda comunista peruana respecto a la aparición y desarrollo del PCP-SL. Han eludido sin remilgos y sin rubor su responsabilidad histórica. Es más, se trata hasta ahora desde estos sectores de impulsar una responsabilidad gigantesca del Estado sin hablar casi de los que lo desafiaron usando el asesinato y el crimen como modus operandi. No existe la autocrítica ni de los líderes veteranos semi retirados –algunos opinantes en televisión y diarios- ni mucho menos del comunismo parlamentario en ninguna de sus dos recientes expresiones. Esto es grave debido a que de no procesar adecuadamente lo que ocurrió la posibilidad de volver a equivocarse frente a la aparición del neosenderismo –del cual aún desconocemos su estrategia- es alta y podríamos volver a sufrir terribles consecuencias.

Estas izquierdas, hoy en su mayoría falsamente socialdemocratizadas, para integrarse plenamente a la democracia, no solo de modo formal, sino también convincente y principistamente deben atravesar por el proceso de mirar críticamente su papel en el fenómeno de la subversión, que impulsó acciones de terror y no un “Conflicto Armado Interno”, como algunos ingenuos insisten en denominar.

Finalmente, con referencia a esta falta de autocrítica, debo hacer una excepción clara e importante –hubieron muy pocas más- respecto a un personaje de este espectro político peruano; me refiero al dirigente sindical Pedro Huilca, quién declaró en una de sus últimas entrevistas de modo honesto y valiente:

“-Frente a Sendero Luminoso, ¿usted no cree que la CGTP y el movimiento sindical no lo han enfrentado como debiera ser?

-Yo voy más allá: hemos actuado como una especie de celestina del terrorismo y de Sendero. Eso sí lo digo con mucha franqueza. De una u otra manera lo hemos protegido, lo hemos incubado, al interior de nuestras organizaciones sociales y políticas. Incluso no hemos sido firmes tajantes, en la clasificación que debía dársele a este fenómeno. Todavía algunas veces dijimos "los alzados en armas" y "que se enfrentan al gobierno", en fin. Y había quienes todavía creían que era un movimiento revolucionario.. Nosotros dijimos desde un inicio que Sendero Luminoso no tenía el más”.