Punto de Encuentro

Verónika Mendoza y la intención de ir a un “Viejo Perú”

La lideresa de “Nuevo Perú” ha hecho pública en las redes de Perú, a través del portal LaMula.pe una entrevista publicada en la revista mexicana “Memoria”, en ella absuelve las preguntas hechas por el intelectual argentino de izquierdas Massimo Modonesi; el título es sugerente e invita a la lectura: “Ideas de izquierda para un Nuevo Perú”, pero al culminar su lectura podemos decir que es más bien un exquisito homenaje en forma de ejemplo, al viejo retórico ejercicio, de no decir nada. Y es que en lo esgrimido por Mendoza Frisch no se encuentra una sola idea novedosa para la patria, como tampoco alguna definición que podamos argumentar como de fondo, auténticamente transformadora, nada.

Su “Nuevo Perú” aparentemente se construirá del aire, porque no se enumera claramente las reformas que vayan en la dirección de inaugurar un nuevo capítulo cabalmente republicano, ni se habla de cómo se podría configurar un nuevo Estado; cuáles son las clavijas a ajustar luego de que el panorama social haya cambiado brutalmente desde 1821.

Al hablar en las dos primeras preguntas acerca de con cuales experiencias previas se siente cercana, de las cuentas de la izquierda con estas experiencias y sobre si no siente que “Nuevo Perú” es muy costero como lo fue “Izquierda Unida”, ella simplemente evade las preguntas; argumentando en el primer caso el potencial identitario que no se ha aprovechado aun respecto a lo campesino e indígena, pero no se refiere a ninguna experiencia previa, esto quiere decir ó que en su criterio todo ha sido negativo (que ni siquiera mención merece) o padece del complejo adánico que la izquierda latinoamericana tiene por muletilla política; que con ella empieza la historia auténtica de la izquierda en Perú.

Ambas posibilidades poco convenientes y muy poco consistentes, ya que los marxistas ortodoxos peruanos no pueden dejar de hablar por ejemplo de las Guerrillas del 65, del Partido comunista de Del Prado, del origen del senderismo, como escisión del grupo maoísta más grande de su tiempo, de Patria Roja y su inserción potente –y negativa- en el magisterio y claro de la Izquierda Unida y de Fuerza Social, ambos movimientos con triunfos ediles a sus espaldas. Todos estos episodios son simplemente ignorados por Verónika no sabemos si por vanidad o por silencio táctico, pero poco sincero, o porque quiere ser una izquierda más de las mitómano-electoreras.

Cuando se le interpela por este aparente –en nuestra opinión clamoroso- limeñismo del proyecto de “Nuevo Perú”, vuelve a evadir hablando de una red de movimientos-que no existe-, de una suerte de frente – como el que hizo con Arana que ya se destruyó- pero sin aceptar ni negar el alcance únicamente costero de su actual proyecto, ya separado de Tierra y Libertad.

Es curioso pero muy temprano nos queda claro que esta izquierda no cuenta con un proyecto nacional, entiende el Perú casi como una liga griega de Ciudades-Estado que hacen un frente único solo ante los persas... habla en demasía y con híper pasión de “unidad en la diversidad”, pero solo desarrolla conceptos de la diversidad, de lo que nos separa... no propone (quizás por miopía conveniente) nada que nos una como nación.

Hubiera sido interesante que la entrevista no hubiera sido en Mayo de este año, sino en estos días, así Modenesi le hubiera preguntado sobre Cataluña y quizás tendríamos las cosas más claras.

En la siguiente pregunta el entrevistador le consulta sobre los términos que ella puede identificar para “federar” a las izquierdas, cuestión que a nivel de léxico estaba mejor trabajada en la época en la que la “Izquierda Unida” se articuló; en el fondo es ésta la pregunta central y conceptual de toda la entrevista, ya que Mendoza podría dar su propuesta novedosa y esbozar pinceladas de un programa destinado a articular a las fuerzas progresistas peruanas, para luego contarnos como estructurará la herramienta política y social que llevará a cabo este proyecto, es decir su Partido. La respuesta en cambio es bastante pobre y general, ya que se afirma que:

“Por un lado, hay conceptos, digamos, más programáticos. La idea de un Estado que planifica, regula y garantiza derechos fundamentales es uno de ellos, aunque quizás en otras partes del planeta no se identificaría necesariamente con la izquierda pero en un país como el nuestro, con una hegemonía neoliberal aplastante, el simple hecho de plantear un Estado que planifique y regule es casi casi revolucionario; programáticamente, eso une a las izquierdas, y en ello hay consenso, y también empieza a ganar espacio en el sentido común.

La gente empieza a darse cuenta de que esta lógica de “cada quien hace lo que le da la gana con tal de ganar plata” nos está llevando al descalabro. La corrupción generalizada que estamos viviendo en los últimos tiempos y el efecto devastador del fenómeno del niño costero por falta de prevención y planificación hacen que la gente tome conciencia de esto.“

O sea el novedoso concepto programático de “Nuevo Perú” es la economía dirigida (el mega Estado); cuestión sobre la que la izquierda marxista habla hace ¡un siglo! y que en su forma de dogma ha sido abandonada. ¡Es una amnesia que conduce al anacronismo absoluto! allí donde el sentido común ha primado o en donde las cosas salieron mal al intentar aplicar preceptos del manual al manejo del Estado. Eso fue más o menos la URSS y hoy es un proceso que Rusia prácticamente quiere olvidar, eso es hasta ahora Cuba y la millonariamente pobre de Venezuela, ni hablar ya de Corea del Norte.

Eso fue justamente lo que China abandonó como credo y con el abandono al pactar la participación de la empresa privada pudo, finalmente, sacar de la pobreza a 500 millones de chinos sabiendo “tratar con el capital” como decía Haya de la Torre hace casi 80 años.

Más temerario es decir que la gente está en búsqueda de aquello, cuando es justamente al revés: lo que la gente quiere son oportunidades para acceder a empleo digno y posibilidades de que sus emprendimientos crezcan y todo ello no se logra con viejas recetas estatistas carentes de toda novedad e innovación (por ineficiencia probada en todas las latitudes) y que la “nueva” Verónika reivindica.

El Perú requiere un plan que logre, combinando la apertura comercial a las inversiones y su promoción, el impulso de la construcción masiva de la gran infraestructura que conecte el país, pudiendo en este esquema convivir la iniciativa privada con el impulso estatal, pero además con programas sociales enfocados a reducir las causas de la miseria y no sus manifestaciones. Soluciones sostenibles y sustentables.

Las mayorías populares más bien están en pos de un Estado que no les ponga traba ni los agreda. Para ellos no hay nada en la propuesta de esta vieja-nueva izquierda oligárquica.

Más adelante el intelectual radicado en México le consulta cual va a ser el modelo organizativo, en términos de política práctica al que se están acercando, enumerando al más partidario, mas sindical o más –señalándolo de utopía - al movimiento. A lo que la lideresa de izquierda responde, entre otras cosas:

 “En realidad, estamos en medio de un debate alrededor de ese tema, de un debate y de un ensayo permanente, ensayo-error, ensayo-aprendizaje, aunque no siempre aprendemos: a veces repetimos los errores; pero bueno, tratamos de avanzar. Un concepto clave es dar el poder a la gente: más allá de la militancia y la estructura partidaria, creo que es clave construir un espacio abierto, permeable a la participación de la gente, lo cual pasa primero por escuchar las necesidades de la gente. Suena fácil, mas no lo es; de hecho, no es una cosa tan automática en las izquierdas.

Solemos ver muy por encima a la gente con todo preconstruido, y llegamos a decirle su verdad y su solución. Creo que es clave incorporar y empoderar a la ciudadanía desde el reconocimiento mismo de sus necesidades y la construcción de alternativas y soluciones, pasando por la organización y movilización. Además, es la única garantía de que se apropien y asuman plenamente el proceso de transformación. Éste es un concepto clave para nosotros que, además, en nuestra experiencia más concreta y reciente nos ha funcionado, como cuando convocamos comicios ciudadanos abiertos para la elección de las candidaturas, algo inédito en Perú.”

Es decir ni idea aun, en la tarea organizativa están sin brújula por una razón muy sencilla: un aparato partidario es una herramienta para representar y para intermediar; para representar a sectores de la sociedad y para intermediar entre estos y sus demandas frente al poder. Para cumplir cabalmente estas dos cuestiones –y construir organización- se tiene que tener claro la morfología social del país, identificar claramente y sin anteojeras a los actores sociales más numerosos y populares –en estos tiempos jóvenes y empresariado popular- e identificar también sus necesidades; de esta manera se construye un dibujo orgánico que genere los mecanismos de participación para estos sectores dentro de nuestro nuevo “instrumento”.

Esta estructura empieza a actuar alrededor del programa del Partido, en donde están concentradas las demandas de los actores sociales que representamos, no solo son analizados por un gabinete o por un “trabajo de campo” de una ONG, sino que están incorporados y representados, muchos de ellos siendo dirigentes incluso. En la construcción del programa entra a tallar la ideología, los conceptos, siempre contrastados con la realidad. Así se construyó Acción Democrática en Venezuela o el PAP en Perú, instituciones con décadas de vigencia.

El problema con el Mendocismo es que no tienen ni ideología definida, ni menos aún un programa mínimamente estructurado; construir entonces organización va a ser entonces casi imposible, como diría un buen amigo sociólogo e historiador: “¿A qué pobres representan?”. Ello es grave pues corren el riesgo de quedarse en una aventura electoral con algo de marketing imitado del PODEMOS español y sin la conexión juvenil ni los cartones académicos de los españoles.

Por cierto habría que señalar también que los comicios internos abiertos a la ciudadanía ya lo había hecho el aprismo en 2006 y en la elección para sus dirigentes orgánicos en 2015, así que “inédito” no fue, lo que no les quita sin duda valor a lo positivo de hacerlo así, pero vale la precisión histórica. Y las pretensiones de barnizar de “novedad” lo que no es. Eso es una estafa discursiva lamentable.

No hay horizonte ideológico ni programático claro en una izquierda marxista que hoy parece que se niega a la tarea de siquiera aparentar pensar el país con elementos de la realidad y no rezando trozos de ideas preestablecidas combinadas con improvisación y una agenda internacional insuficiente para representar a las mayorías populares peruanas. Su incapacidad de agregar intereses más allá del verso extractivista o las justas luchas por los derechos de la mujer hacen del proyecto de Nuevo Perú solo un barco electorero más del que rápidamente han tomado distancia los proyectos marxistas más regionales y cholos: Goyo Santos,

El Aranismo y seguramente pronto se añadirá el Antaurismo. Desde esa perspectiva que Verónika Mendoza y sus correligionarios no se tomen las cosas en serio, es una gran irresponsabilidad de la que ellos parecen ni ser medianamente conscientes. Quizás Vero sigue viéndose en las encuestas de hace un año y olvida que con el tiempo, la política cambia, el Perú y el mundo.