Punto de Encuentro

El Norte y Alan

Alan García ha recorrido dos días la región Lambayeque visitando sendas localidades, recordando una por una las obras de su gobierno, impulsando el despertar del movimiento aprista en aquellas tierras norteñas y sobre todo escuchando los reclamos de los dirigentes sociales y los planteamientos de la juventud. La contundencia de las imágenes que dan cuenta de la visita sin duda preocupará a los interesados en un fracaso de la estrella el 2016. Si a ello le sumamos el relanzamiento de la estructura dirigencial del aprismo y su rejuvenecimiento agendado para el 26 de Abril -en unas internas además de vanguardia con participación ciudadana- no le debe quedar duda a nadie que desde Alfonso Ugarte se tomará la elección venidera con mucho respeto y determinación.  

Esta gira se da pocos días después a que desde Palacio de Gobierno se urda la última intentona de sacar de carrera al ex Presidente, se ha dispuesto para ello a todos los voceros oficialistas que han tomado por asalto los medios de comunicación para intentar –con muy poco talento- explicar la solidez de la maniobra parlamentaria que una falsa mayoría congresal pareciera decidida a llevar a cabo, a pesar de las reiteradas advertencias del Poder Judicial acerca de su invalidez.

La respuesta –planificada o no- ha sido la demostración gráfica de que el veto no recaería sobre una persona sino sobre un movimiento con predicamento popular. No se trataría de eliminar a un candidato, sería un acto antidemocrático e inconstitucional que no significaría otra cosa que vetar a millones de peruanos y cercenar su capacidad de elegir. El daño a nuestra adolescente institucionalidad sería devastador e incuantificable.

Seguramente el Fujimorismo se debe sentir tentado a respaldar este absurdo jurídico por la aparente “conveniencia” que pudiera traerles; sin embargo debe pensárselo bien, puesto que un apoyo de la maquinaria congresal naranja a la medida los situaría ante los ojos del Perú como un movimiento contrario a la modernidad, con vocación autoritaria y dispuesto a usar mañas y tretas con alma Montesinista. Justamente el imaginario que a toda costa quieren desterrar de la mente de mucha gente.

El APRA apareció en la vida nacional allá por los años 30 del siglo pasado y en el norte del país tuvo un arraigo popular contundente e incontestable. Muchas circunstancias han transcurrido desde esos días, entre ellas la crisis de los Partidos Nacionales, el desapego global por la política y la insurgencia del Acuñismo –ó dinámica política radicalmente clientelar de compra de votos con prebendas- pero sigue siendo innegable que hoy, casi 9 décadas después, la palabra del máximo dirigente de la estrella, hoy Alan, antes Haya,  sigue movilizando muchísimas voluntades y expectativas. 

Ello, sin duda, ha llenado de nervios a Palacio de Gobierno y al fundo Barbadilllo.