Punto de Encuentro

La República Plutocrática, sus medios y sus "izquierdistas"

En el Perú es claro que se ha configurado una nueva plutocracia, contraria a los intereses de los sectores populares y al acceso de los mismos a mayores niveles de participación en la generación de riqueza y en sus posibilidades de participación política. Naturalmente no son todos los grandes empresarios, sino un sector específico que desde el 2001 en adelante ha sido sistemáticamente favorecido con la  contratación pública en términos de escándalo y a cambio de prebendas. Esto a su vez forma parte de una tendencia global en el que los grandes capitales, usualmente apátridas buscan maximizar sus ganancias y su penetración en los mercados de todo el mundo, para cuyo objetivo la organización política de lo popular resulta incómoda, la solidez del Estado nacional debe ser mínima y la conducción gubernamental debe estar en manos de aliados complacientes, como Humala o mejor aún por sus agentes, como Kuczynski, por ejemplo. No es un tema menor pues pretenden que los intereses particulares y económicos primen y conduzcan la política. Quieren privatizar la educación, generar sobreganancias obscenas con los intereses leoninos en el sector financiero relacionado al crédito popular y de clase media, etc. Su perspectiva no es de desarrollo sino más bien de saqueo mercantil. 

El "club de la construcción es la expresión máxima de esta neo oligarquía, la cual además es accionista en numerosos medios de comunicación - la aplastante mayoría- desde los cuales disparan sintematicamente contra sus adversarios políticos. Recordemos que éstos sectores se amarraron hasta el cuello con Odebrecht y otras grandes empresas brasileñas corruptas. Son corresponsables con Humala de su catastrófico gobierno, que - de acuerdo a lo trabajado con otras expresiones de la Democracia Social- hemos denominado la "República Plutocrática" a todo el período 2001-2018, con excepción del período 2006-2011 en donde claramente la política estuvo por encima de los intereses económicos privados y por eso el aprismo se consagró como un enemigo a destruir y fue víctima de una campaña de demolición mediática. Así vemos que sus medios de comunicación más que labor informativa, en muchas ocasiones hacen de voceros políticos y algunos comunicadores de consejeros del poder. Naturalmente el espacio financiero, de construcción y mediático no son los únicos, los intereses detrás de las empresas relacionadas con el tema de medicamentos es otra gran nicho de la nueva plutocracia. 

Lo curioso es que este esquema perverso es defendido por el izquierdismo criollo con su complacencia frente a los medios de la plutocracia, por su tibieza frente a la corrupción de Kuczynski y de Ollanta. A cambio una gran parte de este sector se ha beneficiado por las jugosas consultorias en las que el Estado gasta 10 mil millones de soles, además de participar en el aparato del Estado con Humala y protagonizando la corrupción directamente con Susana Villarán, vinculándose con la misma Odebrecht, acercados por el PT brasileño, del corrupto Lula Da Silva. Para todo efecto práctico los llamados "caviares" han actuado como los que le han hecho el trabajo sucio a la derecha nacional, sin plantear ninguna reforma popular de fondo. Son más bien guardianes del estatus quo. 

El APRA correctamente a través de Mauricio Mulder ha planteado la ley que prohíbe la publicidad estatal en medios privados para empezar a remediar este esquema y ahorrarle al Perú miles de millones; también el fortalecimiento de los Partidos con la ley que exige dos años de militancia en una organización para aspirar a ser congresista o Presidente; por su parte Javier Velásquez Quesquén ha planteado la regulación de ciertos medicamentos de alto impacto popular y en otro proyecto la bicameralidad, que fortalecería el parlamento, que en buena cuenta el Fujimorismo ha ayudado a desprestigiar. 

Estas iniciativas de Mulder y Velásquez son primeros pasos de la gran propuesta de modernización del aprismo que va orientada a plantear impugnar el viejo Estado y señalar la urgencia de la construcción de un nuevo Estado, que marque el inicio de una necesaria segunda etapa republicana en donde los intereses de los sectores populares, emergentes, provincianos y juveniles estén por delante. En donde el Estado no malgaste el dinero público sino que lo invierta en la educación, salud y talento del pueblo.