Punto de Encuentro

MÁS EMPEÑO EN EL VRAEM

Los recientes ataques y emboscadas a miembros de Fuerzas Armadas y Policía Nacional que combaten al naco-terrorismo en el Valle de los Ríos Apurimac, Ene y Mantaro -VRAEM – que comprende parte de los departamentos de Apurimac, Ayacucho, Cuzco, Huancavelica y Junin, nos induce a preparar este artículo periodístico.

Ante el terrorismo instaurado en lo que hoy conocemos como el VRAEM, el Estado Peruano tomó la indispensable decisión de combatirlo y terminar con él. Comprendiendo que, en el amplio territorio mencionado, había mucha pobreza y que ella era campo de cultivo para ideologías de muerte, destrucción y violencia, se ideó un sistema que a la vez fuera de interdicción como de desarrollo.

El Estado, con convicción, entendió que no bastaba la persecución y enfrentamiento con el terrorismo homicida, sino que también era necesario elevar los niveles de vida de la población del VRAEM, facilitando su desarrollo mediante la sustitución de la actividad cocalera por la de cultivos alternativos, que se comenzó por sustitución voluntaria que debe direccionarse a la obligatoria.

Pero también se comprendió que no todo tendría un contenido economicista, sino que debía ser complementado con presencia eficiente del Estado, y es así que fueron creados puestos policiales, guarniciones de fuerzas armadas, escuelas, postas médicas, oficinas del Banco de la Nación, facilidades para obtener el Documento Nacional de Identidad, suministro de electricidad, y telecomunicaciones entre otros. Incluso se ejecutaron, mediante acciones cívico-militares, ayudas a la población civil.

Además, tenemos que tener presente la evolución del terrorismo en la zona mencionada, cuya principal actividad es la cocalera. En un inicio el narcotráfico y el terrorismo iban en caminos separados, hasta que el primero solicitó protección al segundo, cuyas huestes se convirtieron en la práctica en soldados mercenarios. Se pasó a otro escalón, ya no de colaboración sino de sociedad, esto es, ambos grupos eran socios y participaban en las utilidades del narcotráfico. En la actualidad está probado que los terroristas sustituyeron a los narcotraficantes en los carteles de la droga.

Los terroristas redujeron pero no terminaron con su inclinación ideológica la que fue acompañada por la crematística, y el Estado para enfrentarlos unificó mandos militares y policiales, con relativo éxito.

La ciudadanía se pregunta con razón, el motivo por el cual ha pasado tanto tiempo y todavía no hay triunfo absoluto sobre los rezagos narco-terroristas. Algunos creen que no se pone el debido esfuerzo, entre los que me encuentro, pues si antes fue posible recuperar Vizcatán, que era el refugio y bastión inexpugnable de los terrucos, no se comprende que hoy sigan haciendo de las suyas.

No se hacen vuelos de interdicción, pese a que hay ley que lo permite, y tampoco se destruyen las pistas ilegales de aterrizaje. Tampoco se observa los detectores de los productos químicos que sirven para elaborar pasta y clorhidrato de cocaína, y la rotación de los miembros de Fuerzas Armadas y Policiales, sigue sin hacerse en períodos más cortos que eviten situaciones de corrupción, sin perjuicio de reconocer que siempre hay incorruptibles.