Punto de Encuentro

¿Por qué una Segunda República?

Aquellos que piensen que el problema de fondo es Galarreta - que ha hecho una gestión muy poco elogiable- desde el Congreso, o los parlamentarios o Vizcarra desde Ejecutivo está cometiendo un gran error de enfoque.

Naturalmente las pésimas presidencias del parlamento -como la de la nacionalista Solorzano- o los desastres que hemos sufrido como presidentes -como Humala y Kuczynski- agravan las cosas y profundizan las percepciones.

Sin embargo el problema de fondo es el agotamiento y la legitimidad, cada vez más mellada, del Estado.

La Policía Nacional, el Ministerio Público, el Poder Judicial, la SUNAT, etc. son instituciones rechazadas, desaprobadas y hasta aborrecidas por la gente. Incluso hoy esa desconfianza generalizada se traslada al espacio privado y se traduce en unas grandes antipatías o potentes suspicacias hacia los medios de comunicación, hacia las ONGs, etc.

Con el crecimiento económico esto no se dejó sentir, sobre todo entre los años 2006-2011. Luego las circunstancias se han ido deteriorando -aumento de la pobreza y desempleo- por las pésimas políticas del humalismo y del ppkausismo y con ello lo que se puede estar gestando es una bomba de tiempo contra la continuidad democrática. Y es que los nuevos actores sociales principales del Perú - jóvenes y pequeños empresarios- ven que este dibujo estatal no los representa ni los protege, menos los ayuda.

Al contrario sienten que los excluye de la producción de la riqueza, que los asfixia y que persigue sus yerros y desatenciones a la ley con ferocidad cuando no mide con la misma vara a la gran empresa nacional y menos a la extranjera o a los círculos sociales que solía frecuentar Kuczynski.

Los Mamanis son lapidados por los opinantes y los Giuffra pasan piola. No somos pues en la práctica una República de ciudadanos iguales; en la actualidad basta fijarse en el caso de los jóvenes cuyas cifras son alarmantes.

Esta primera etapa de la República, que debe finalizar en el bicentenario, ha sido lenta al incluir a diversos sectores dentro de sus fueros, siendo por tanto urgente e indispensable un nuevo impulso republicano, una segunda etapa en la que podamos realizarle una auténtica refundación al Estado para que esté orientado a las mayorías populares ya descritas, sin dejar de respetar a las minorías.

Un Estado al servicio de la generación de oportunidades de estudio y trabajo para los jóvenes, de capacitación y de crédito a las Mypes y a los productores del campo. Un nuevo Estado implacable contra la corrupción y el crimen; auténticamente descentralizado; con un parlamento bicameral; un Estado que declare una batalla frontal contra el dispendio e implemente políticas de austeridad; un Estado que promueva el acceso a la propiedad y que no incumpla sus obligaciones en cuanto a conectar vialmente el Perú, mejorar su sistema de justicia, de salud pública, entre otros.

Un nuevo Estado es el único vehículo para afirmar la construcción de la segunda República, en donde no existan vetos ni políticos ni económicos ni sociales, menos discriminación de algún tipo. Una etapa en donde no permitamos el abuso financiero sobre la clase media y los trabajadores.

En ese sentido ningún debate debe cerrarse per se, como por ejemplo la regulación sobre el costo de algunos tipos de medicamentos básicos, pero también incluso aquellos planteamientos que pregonan y sostienen los izquierdistas comunistas.

En esa dirección la Asamblea Constituyente puede ofrecer una salida a estudiar, aunque por razones distintas a las que los radicales marxistas que no creen en la democracia ni en la iniciativa privada; más bien para radicalizar la democracia y acercarla a la gente.