Punto de Encuentro

Keiko y su concierto de autodestrucción

Tras lograr 40% en primera vuelta en 2016 el Fujimorismo Keikista - si las elecciones fueran mañana- en el presente podría peligrar su presencia en una eventual segunda vuelta presidencial. Y eso no se debe exclusivamente al enfrentamiento y la denuncia a las fechorías de Kuczynski como intentan dar a entender o únicamente al activismo antifujimorista de ciertos medios de comunicación. Hay un concierto de errores y carencias que hoy les pasan la factura.

Lo de Fuerza Popular - y esto lo dicen analistas muy alejados del pensamiento políticamente correcto peruano como Hugo Neira, Víctor Andrés Ponce, Gonzalo Portocarrero, entre otros- es inexplicable y pienso que marca una clara descomposición de algo que pudo ser y no fue. En efecto, las circunstancias del país constituían un caldo de cultivo para la aparición y consolidación de un nuevo Partido popular e institucional, que tome su impulso de las nuevas capas medias que valoren el legado de orden económico y seguridad que el neo-fujimorismo recoge; un proyecto no Plutocrático, sino popular, pero no antisistema. Con toda la mesa servida la decisión de los fujimoristas al parecer ha sido la de ocuparse de la cosa menor y la de la descomposición.

Dentro del proyecto “Keikista” identificamos tres grandes errores que pueden hacer que su perspectiva de continuidad sea limitada y su existencia en largo plazo peligre:

1) No saben a quienes representan. Esto parte de la ausencia de una lectura sociológica del país, y revela un proyecto que fue más un hipo nostálgico de las cosas que se reconocen muy positivas de los 90 - creo fervientemente que la mayoría más por leyenda que realidad- con un promesa de reedición de aquellas con la hija. Esto, que fue un ingrediente positivo en 2011 y en 2016; hoy ya no funciona para mantener lealtades. Su incapacidad para expresar la voz de sectores concretos empieza a hacerlos tambalear y a ponerlos cerca más del status quo que de la transformación social que amplias mayorías requieren. No hay una porción considerable de juventud que compra su discurso, tampoco los hombres del campo. Los microempresarios por su parte aún menos; una parte importante de la clase media que votó por ella en primera vuelta en 2016 también ha cambiado su opinión. A varios de los mencionados le da la sensación que están en un pedestal en el Congreso peleando batallas intrascendentes y no leyendo el Perú popular y la realidad.

2) No tienen un programa serio. No hay derrotero. Es decir Keiko no sabe realmente lo que quiere para el Perú, por momentos aperturistas, por momentos proteccionistas, por momentos populares y por otros elitistas.

La carencia de programa a 2 años de haber perdido la elección se siente. Y no hablo solo de un simple plan de Gobierno consistente - que parece que tampoco tienen- sino de líneas programáticas compartidas por sus elementos a lo largo y ancho del territorio nacional. En 24 meses es increíble que no haya nacido de la mayoritaria "Bankada" una sola ley transformadora o que de luces de lo que hubiera sido un gobierno naranja. Al carecer de estos conceptos, lo único que mantiene las lealtades son percepciones, pero estas suelen cambiar, hoy los conservadores - por ejemplo- pueden creer que el Fujimorismo los defiende, pero será una cuestión táctica y pasajera, mañana pueden ver que retroceden y no son lo suficientemente duros, con lo que los abandonaran. Hay cercanías, no pactos y no hay pactos porque no hay un programa sobre el que pactar socialmente.

3) Incapacidad para lograr consensos políticos. Esto hacía afuera significó una lucha encarnizada con el popular “PPKausismo”. Ahora bien, Kuczynski debía caer por la relación desvergonzada y delictiva que tuvo con Odebrecht, pero Keiko y Fuerza Popular nunca dieron señales de querer realmente sumarle algo al Gobierno en nombre de país. Nunca dejaron ver esa voluntad y al final esa impaciencia por acelerar una caída segura del ex presidente les ha pasado factura ante los ojos de la gente. Y en el plano interno el triste espectáculo de riña familiar que todos hemos apreciado, el cual pudo tener episodios menos dramáticos y que - antes de ver la compra de consciencias- pudo no verse como un desangre de más 10 parlamentarios.

Incluso la rencilla con un Gobernador Regional electo por la "K" como Fernando Cilloniz, parece nacido más de la incapacidad de Keiko para dialogar y establecer una relación de confianza que de una falta de lealtad del iqueño.

Pareciera que en los predios naranjas reinara la lógica de la sumisión o la destrucción, y así también se autodestruye quien piensa y opera de esa manera. Sería redundante e innecesario analizar la falta clamorosa de liderazgo de Keiko, creo que es mejor recalcar que el origen de todo - y más importante tara- es no saber, no tener idea de para qué se busca el poder.

Sin duda el otro Fujimorismo, el que evoca más nítidamente a Vladimiro Montesinos y a la vieja guardia de Alberto, cuya punta de lanza era Kenji es ciertamente nauseabundo, más nocivo y califica ya en lo delictivo. Pero ellos son también responsabilidad de la dirigencia central de Keiko y sus asesores, ellos pusieron a esa gente en el Congreso, ellos tuvieron parámetros muy poco rigurosos para elegir sus candidatos. Al menos los conocidos "Avengers" tenían claras las oscuras razones por las que buscaban el escaño: lucro y satisfacción personalísima.

En algún sentido si los comparamos históricamente la UNO y en general con el movimiento del general Odría, por tiempo y por destreza política ésta ha sido mucho más hábil y peligrosa que el Fujimorismo de hoy, al que no le veo consolidándose partidariamente en la política nacional, condenada a ser efímera, igual que a UNO, o la UR de Sánchez Cerro.

Finalmente pienso que sería sano que Fuerza Popular ya no gane la mesa directiva del Congreso y lo sería para el Parlamento, para el país, pero también para ellos mismos. Lo malo es que al frente tampoco parece haber consensos y unidad.