Punto de Encuentro

MERCANCÍAS EN PELIGRO

De un tiempo a esta parte, se observa una nueva modalidad criminal respecto a delito contra el patrimonio. Ella es el asalto a vehículos que trasladan contenedores, principalmente desde el puerto del Callao, a los almacenes aduaneros, de campo, o a los destinatarios finales de las mercancías que van dentro de tales contenedores.

Los granujas, por lo general, fuerzan las cerraduras y demás aditamentos de seguridad de los contenedores, sacan las mercancías que fueron objeto de despacho aduanero, las trasladan a otros vehículos, y el vehículo asaltado es abandonado al igual que el contenedor que transportaba, y el chofer maniatado sin poder pedir auxilio.

Usualmente son los agentes de aduana quienes contratan el transporte, cuando no otorgan tal servicio directamente, pero siempre consignando en la facturación por sus servicios, un acápite especial por el transporte.

También es conocido que el vehículo de transporte del contenedor y el propio contenedor, carezcan de aditamentos que permitan conocer su exacta ubicación así como la de su recorrido, que puedan ser contrastadas con la ruta previamente elegida. Indiscutiblemente la carencia del localizador facilita el asalto al vehículo.

Cuando el transportista hace la denuncia policial, y luego del firme aquí, declare más allá, ponga su huella digital en ese recuadro, enseñe su DNI, brevete de manejo, Soat, revisión técnica del vehículo y demás necedades, se supone que la comisaría en que se hizo la denuncia habrá dado la alerta debida para que se busque al vehículo asaltado, pero ¡oh sorpresa! se perdieron hasta horas en declaraciones y más declaraciones, pero no se comenzó la búsqueda del vehículo, lo que se agravó en el hecho que no todas las comisarías y dependencias policiales están debidamente inter comunicadas pues no se han completado las modernas telecomunicaciones por desidia administrativa.

El dueño o consignatario de las mercancías sabe que es irreal pensar que la Policía dará con los facinerosos que se las llevaron y las recuperará; y como usualmente no tiene contratado seguro para el transporte de la mercadería, tocará las puertas del agente de aduana/transportista para que asuma la pérdida y proceda a resarcir al dueño de las mercaderías o consignatario de ellas.

El agente de aduanas/transportista por lo general se niega a indemnizar al propietario/consignatario de las mercancías, aduciendo que ello no es su obligación, y luego de inquirido sobre si tiene seguro, lo más probable es que no lo tenga.

Como consecuencia de lo expuesto, el dueño/consignatario de las mercancías robadas intentará accionar contra el agente de aduana/transportista, pero como se trata de una empresa de servicios sin mayores activos, por más que se inicien los inacabables procesos judiciales, lamentablemente el demandante no recuperará ni siquiera el sueño perdido, pues si es que no hay bienes a embargar, es ilusa la pretensión de resarcimiento. Como dice antiquísimo refrán: “más le sacas al duro que al desnudo”.

¿Hay solución? Si la hay y es preventiva, como colocar modernos localizadores en vehículos y contenedores, así como determinar la obligatoriedad de seguros contra robo de las mercancías en tránsito.