Punto de Encuentro

El Club de la Construcción y la Justicia No Republicana

La construcción de una república de ciudadanos iguales es el anhelo de muchos y hoy es aún un ideal esquivo. La primera etapa republicana, que debe cerrar su episodio en 2021, ha consolidado de a pocos continuidad electoral desde 2001. Es decir llegamos al bicentenario con un período continuo de libertad de sólo el 10% de nuestra vida, y ha sido el más largo. Muchas cosas han funcionado de manera insuficiente: el Estado en general y clamorosamente la justicia en particular. Ha habido intentos de enmendar el rumbo, gestos y ciudadanos honorables en el proceso, como el Juez Richard Concepción, pero una refundación del Poder Judicial y del Ministerio Público es inevitable y necesaria; la actual administración de justicia no da para más, ya colapsó. Así mismo es prioritario revisar el papel del Tribunal Constitucional, sus atribuciones y la forma de elección de sus miembros.

No es posible que los remanentes de la Plutocracia nacional, aliada de Odebrecht, cuyas empresas consorciadas, más conocidas como "el club de la Construcción”, socias en megaproyectos con los brasileños hayan sido excluidas del proceso de Lava Jato cuando el mismo Jorge Barata ha declarado que sus pares peruanas sabían de los pagos ilegales que se realizaban y que, como es lógico, asumían solidariamente la financiación de la coima. Esto es natural pues si ambas partes iban a ser beneficiadas con los ventajosos contratos con el Estado es predecible que ambas, las consorciadas y Odebrecht asumieran ese costo.

Sin embargo ahora su participación en el festín de corrupción y compra de ministros y presidentes quedará impune. La justicia entonces no es ciega y no se aplica para todos, aparentemente no puede concebir una sentencia para aquellos que se dicen y actúan como los dueños del Perú. La prisión preventiva que se les aplicó fue un paso adelante, realmente un gesto inmenso, hoy tirado a la basura por el Ministerio Público. El poder del dinero y la circunstancia de provenir de familias acomodadas y con muchas relaciones construidas en varias generaciones parece garantizar que la ley no se te aplique como a cualquier mortal. El ciudadano percibe eso y lo rechaza con profunda decepción y rabia.

Este manto nauseabundo de protección y blindaje al parecer se le extiende a los políticos que han actuado dócilmente con ellos, con la “gentita” del Club de la Construcción; por eso hemos contemplado con asombro como a Ollanta y Nadine los han excarcelado, a Toledo lo dejaron escapar, a Kuczynski ni lo tocan y son extremadamente condescendientes con Villarán de la Puente. Sin embargo han perseguido y continúan persiguiendo a Alan García, sin que medie ninguna evidencia, ruta del dinero o declaración que lo involucre personalmente; cosa que si ocurre en los antes mencionados casos. Increíble. La dolorosa verdad es que la justicia en el Perú se ha politizado y está por un lado infiltrada en buena cuenta de consignas de sectores del izquierdismo criollo y corrompida por el dinero de la Plutocracia por otro.

Naturalmente el tema no sólo se limita a las gollerías de esta neo oligarquía sino observemos como se queman y violan en buses mujeres y los agresores quedan libres o su prisión preventiva tarda, sino veamos también como los terroristas, los enemigos de la democracia salen libres y son indemnizados y nuestras FF.AA. siguen judicializadas en procesos de 30 años. Vemos como encierran a una persona que pide una coima de 10 soles en Chimbote y dejan libre en Lima a alguien que mató a una transeúnte con su auto, muchos dicen que porque el infractor tenía una posición social alta y un apellido extranjero.

La nueva Justicia republicana debe ser dura y no distinguir ni la procedencia social ni la billetera de los que se sometan a sus fueros. Es tarea de una segunda república, más soberana, popular y democrática.