La Revolución Aprista de Trujillo deformada por los historiadores. Una objeción a Basadre.

La revolución trujillana del 7 de julio de 1932 es reseñada en forma defectuosa por diversos científicos sociales que los estudiantes peruanos consideran confiables y objetivos. Por ejemplo, Julio Cotler, Aníbal Quijano, Alberto Flores Galindo y Manuel Burga, han coincidido en mencionar este importante movimiento social liderado por el aprismo como un “alzamiento” o una “rebelión popular”, pero no una revolución en el sentido moderno y profundo de la palabra. Con esto pretenden decir que fue un acto de insurgencia popular aislado, sin perspectivas políticas y sin organización partidaria.

Los detractores de la Revolución de Trujillo suelen tener como principal respaldo la opinión del célebre historiador Jorge Basadre, cuya extensa obra Historia de la República del Perú, se refiere a esta gesta en forma peyorativa. Además de minimizarla, el historiador incluye menciones despectivas sobre la personalidad y el rol histórico cumplidos por Agustín Haya de la Torre, prefecto revolucionario de Trujillo, el mártir Manuel “Búfalo” Barreto y el líder de los insurgentes Alfredo Tello Salavarría. Esto es lo que allí leemos como demostración de que no fue más que un “alzamiento”:

“Ni Agustín Haya ni sus colaboradores adoptaron medidas que abrieran el camino hacia una revolución social. No entregaron la tierra a los campesinos, las fábricas a los obreros o los ingenios a los trabajadores de las haciendas industrializadas. Tampoco proclamaron la abolición de la propiedad privada o el desconocimiento de la deuda pública; ni organizaron consejos de obreros, campesinos y soldados” (Jorge Basadre: Historia de la República del Perú, tomo XIII, cap. VI).

Este párrafo es un concentrado de infundios y falsas interpretaciones. Expongamos brevemente algunas objeciones básicas a lo que afirma Basadre:

1- La Revolución de Trujillo no se circunscribe a los sucesos ocurridos entre los días 7 y 12 de julio de 1932. Fue la expresión más alta de un proceso de alcance nacional, que abarcó también Lima, Callao, Cajabamba, Huari, Huaraz, Cajamarca, Chiclayo y otras ciudades y concluyó con el alzamiento del Comandante Gustavo “Zorro” Jiménez entre los días 11 y 15 de marzo de 1933.

2- El Partido Aprista llamó al pueblo peruano a enfrentarse a la tiranía de Sánchez Cerro, que había dictado una Ley de Emergencia que suprimía las más elementales garantías ciudadanas, expulsando del país a 23 congresistas constituyentes (22 de ellos apristas), apresando sin causa judicial a Víctor Raúl Haya de la Torre y numerosos opositores al régimen y realizando diversos atentados armados contra actos de protesta del aprismo. El objetivo de la Revolución Aprista no era expropiar tierras ni fábricas sino restablecer plenamente la vida constitucional convocando para este fin a sectores muy amplios de la población. Hacían uso del “derecho a la insurgencia contra los tiranos usurpadores de la libertad del pueblo”, como enseñaron los próceres de nuestra independencia.

3- En Trujillo, el Partido Aprista y el pueblo organizado dieron conmovedores ejemplos de heroísmo, capacidad organizativa y disciplina revolucionaria. No hubo actos vandálicos contra la propiedad privada y se combatió hasta las últimas consecuencias manteniendo a raya tropas fuertemente armadas y protegidas por aviones de guerra. Está probado que la muerte de 10 oficiales prisioneros ocurrida el 10 de julio no fue un acto deliberado del Partido ni fue realizado por militantes apristas.

4- Que la Revolución Aprista de 1932 tuviera objetivos democráticos no la disminuye. Una revolución popular, realmente masiva (no la simple captura del Estado por una minoría aventurera), siempre se basa en urgentes y elementales necesidades de libertad. En términos concretos, la revolución social es el alzamiento general del pueblo para imponer su soberanía contra la opresión. Y eso ocurrió en Trujillo y gran parte del país el 7 de julio de 1932.

5- La velada comparación que hace Basadre entre la Revolución de Trujillo y la Revolución Rusa se basa en la ignorancia. La Revolución Rusa tuvo como principal consigna el fin de la guerra con Alemania (durante la I Guerra Mundial de 1914-1918). Igualmente, la Revolución China de Mao tuvo como detonante la ocupación japonesa y la Revolución Cubana de Castro sólo pretendía el fin de una odiada dictadura. En ningún caso las reformas sociales se dieron de un día para otro. Se basaron en un proceso político más largo y complejo. En octubre de 1917 ningún obrero bolchevique quería el socialismo ni hubiera sabido cómo hacerlo. Querían “pan, paz y libertad”. La Ley de Nacionalización General de las Industrias del gobierno revolucionario ruso recién se dio el 28 de junio de 1918, meses después que Lenin disolviera la Asamblea Constituyente. Y, al igual que en Cuba y en China, se dieron sin consulta popular alguna, en condiciones dictatoriales extremas impuestas por los partidos comunistas.

Pero lo esencial es recordar que esa Revolución de 1932 demostró que el aprismo de esos años era un movimiento esencialmente comprometido con la defensa de las plenas libertades. Los numerosos héroes y mártires trujillanos de esas jornadas memorables, fueron un digno ejemplo del derecho del pueblo a la insurgencia cuando sus derechos son conculcados. Cuando el aprismo canta en La Marsellesa que “jura jamás desertar”, lo hace reafirmando este compromiso de nunca claudicar ante ningún tirano.