Punto de Encuentro

Violencia urbana e inmigración ¿Qué hacemos con los venezolanos y las agresiones en los buses de Lima?

Existe mucha violencia contenida en Lima. Cualquiera que conozca las calles – y la “calle”- de Lima o que use, cotidianamente, el transporte público sabe bien a lo que me refiero. Sin embargo, la gente de bien no tiene por qué lanzar golpes así porque sí.

Hace unos días, unos venezolanos protagonizaron una pelea en el pasadizo de un bus. No importan las razones que puedan exponerse, jamás se puede violentar a quienes no tienen nada que ver con el pleito. De hecho, la falta de respeto dirigida hacia los ciudadanos peruanos que viajaban en ese vehículo es inaceptable, repudiable y exige una sanción inmediata.

Indudablemente, los trabajadores de la unidad de transporte referida, actuaron de muy mala manera, ya que al no dejar bajar a los desadaptados extranjeros que se ve en el video, tantas veces propalado en los últimos días, expusieron al peligro a la tripulación y eso implica una gran falta de tino e inteligencia. El problema añadido, aquí, es que cualquiera entra a trabajar a los medios de transporte de este país y no hay ningún control ni capacitación, por parte de las instituciones que rigen este sector, que les otorgue la posibilidad de brindar un mejor servicio.

Sin embargo, si los trabajadores transportistas hubiesen dejado bajar a estos venezolanos y ya en la calle, con la "asistencia" de las herramientas con las que cuenta todo vehículo, hubiesen "partido" las cabezas de esos malos elementos foráneos, ¿cómo sería procesada esa información?: ¿victimización, acaso, por parte de los venezolanos? ¿solidaridad con los extranjeros como sucedió en el caso del cobarde individuo que golpeó por la espalda a un compatriota, también, en un vehículo de transporte público, hace unos meses?

Además, de los delitos concernientes a esta hipótesis, que de ningún modo deberían realizarse ni siquiera como una forma de intimidación, es evidente que estos individuos extranjeros creen que pueden hacer lo que se les ocurra sin que corran mayores riesgos y eso, a la vez, no puede ser. También, es evidente la falta de identidad, de auto-respeto y de carácter por parte del peruano en general. En medio de la gresca, por ejemplo, a nadie se le escucho decir siquiera: “respeten que, por si acaso, aquí no están en su tierra”.

Mi impresión es que si entre peruanos no nos respetamos ni nos hacemos respetar, los extranjeros, fieles a la antigua conseja del viajero de “adonde fueres, haz lo que vieres” - que, en este caso en particular, aplican en el peor sentido - solo actúan como si nadie les fuese a llamar la atención.

Por otro lado, el Estado peruano es incompetente para resolver el problema de la delincuencia nativa, en todos sus niveles, es decir, desde el más ínfimo de los carteristas hasta el más alto, al menos, dentro de la Administración Pública, tal cual se ha demostrado con los audios expuestos en torno a la Crisis del Sistema Nacional de Justicia. Por lo tanto, no se puede esperar que sea efectivo en controlar al lumpen extranjero.

¿Acaso hay estadísticas precisas sobre los colombianos que se dedican al sicariato y a la extorsión en el país? Ojo, la inmigración venezolana es la más masiva y visible pero no es la única.

Desde luego, no se puede generalizar y así como hay individuos nefastos, también, debe haber gente de bien y con ganas de progresar honradamente entre los venezolanos que han llegado a nuestro país, pero esto ya no es suficiente.

El tema de fondo es que la administración pública nacional no tiene ninguna política efectiva respecto de esta inmigración que, desde hace ya bastante tiempo, es un grave problema estatal.

Para finalizar, si no se da abasto a las necesidades de la población nativa ¿por qué se debe atender las necesidades de los foráneos?

Si esta idea puede ser entendida tanto por las autoridades peruanas como por los mismos venezolanos sin incidir en una supuesta e inexistente xenofobia o en una falta de humanidad, no habrá mayor gravedad. En el caso contrario, podrían pasar algunas desgracias.

Esta agresión fue filmada en buena hora. Y, no debe repetirse, nunca más.

Evitemos las estigmatizaciones gratuitas, pero, también, la complacencia o indiferencia ante el abuso y la violencia sin importar su origen.

Percy Vilchez Salvatierra.

Lima, 15 de julio de 2018.