Punto de Encuentro

Sobre la muerte de un gran divulgador cultural, Marco Aurelio Denegri.

Durante décadas, Marco Aurelio Denegri (1938-2018) propaló cultura en la televisión nacional. Más precisamente, desde el año 2000, en el canal del Estado.

Él era consciente de la imposibilidad de viabilizar su propuesta a través de la televisión comercial y esa consciencia y esa suficiencia lo enaltecen ante los ojos de cualquiera de los trabajadores de la cultura en este país, donde realizarla y, sobre todo, divulgarla, como es debido, es tan difícil.

En LFDLP abordaba cuanto tema le era posible tratar sin necesidad de recurrir a ingentes volúmenes sobre la mesa ni a ningún otro estímulo que no fuera el conversacional, aunque siempre asistía al set de grabación con unos cuantos ejemplares que, al final, recomendaba o destazaba según los dictados de sus fueros internos.

MAD daba la impresión de haber leído casi todos los libros, pero no daba la sensación de haberlos disfrutado. Su meticulosidad hacía suponer que le interesaban más los pies de página y las notas bibliográficas que el contenido directo de cada volumen que revisó.

Su crítica “literaria” – singular, absurda, “clásica”-  se detenía más en la gramática que en cualquier otro detalle y no creo que haya tenido gran repercusión en ningún sector de la sociedad.

Sus aproximaciones no podían orientarse a factores que fueran distintos a las formas más superficiales y, sin embargo, La Función de la Palabra, su programa televisivo, persistió durante casi 20 ininterrumpidos y atrajo a una buena parte de nuestra población que no gozó de posibilidades para costear el pago de un servicio de cable o para acceder a otra forma de entretenimiento culto, habida cuenta del silencio desierto que ofrece la televisión peruana y el medio cultural nacional en general.

Dado que el Perú no tiene una continuidad ni, mucho menos, una tradición cultural televisiva que exceptúe a Marco Aurelio Denegri es menester señalar el vacío tan significativo que nos deja la partida de este esforzado divulgador cultural y polígrafo.

En este sentido, y sin necesidad de ir hasta EE.UU. o Europa, basta echar vista a los hombres de prensa y cultura que ofrece, por ejemplo, Argentina para constatar el déficit cultural que padecemos, el mismo que con la muerte de MAD se ve mucho más hondo y difícil de superar.

Por eso podemos decir: ¿Dónde están los Lanatta, los Feinman (José Pablo), los Dolina de nuestro país? ¿Dónde sus programas culturales?

Entonces, a la vez que lamentar el deceso en cuestión, deberíamos exigir la aparición de cuadros que sustituyan no solo a los deplorables “representantes” de la clase política actual sino, también, que asuman lo que nunca fue asumido por la intelligentzia peruana, es decir, ser entretenidos y estar al alcance de la mayor cantidad de gente. Si bien MAD hizo lo que pudo, consideramos que su tan esforzada labor, que homenajeamos y celebramos, pese a todo, no fue plenamente satisfactoria. Este apunte no niega que su trayectoria sí merezca todos los reconocimientos posibles dada su unicidad, es decir, su condición de baluarte individual de cierta forma de inteligencia muy poco vista en televisión y casi nunca expuesta en la televisión peruana.

En este punto, es necesario precisar que la cultura es un motor de transformación social solo si es sabiamente encaminada por agentes que gocen de una consciencia social bien desarrollada y que cuenten con una sólida formación humanística, no por improvisados ni entusiastas que creen que enfocarse en un área les dota de suficiencia para tratar lo que concierne a dicho espacio.

En fin y retomando la vértebra del presente artículo, el fallecimiento de Marco Aurelio Denegri nos confronta y nos reta a hallar no solo a gente que supla al titular de La Función de la Palabra sino también a superar lo que hasta este punto se nos ha dado a conocer.

En lo particular, desde que ingresé a la Universidad en el año 2002 dejé de ver a MAD salvo excepciones que muy rara vez me entretuvieron. Pero mi caso es bastante singular y, pese a ello, para nada habría de mezquinar el justo reconocimiento que se merece MAD.

Considero que si no hubiese estudiado por mi cuenta tanto como me preocupé en investigar, seguramente, habría saciado una expectante curiosidad más o menos intelectual en el programa semanal del buen Marco Aurelio, como han hecho tantos profesionales de extracción popular que no pudieron acceder a nada mejor.

De las veces que vi el programa debo mencionar los episodios en los que participaron Armando Robles Godoy, Artidoro Cáceres y Jesús Mosterín. Búsquenlos en Youtube y no se arrepentirán.

Sí he de cerrar este extraño homenaje a ese hombre extraño pero tenaz que fue MAD debo indicar una columna suya que siempre recuerdo. En dicho texto, MAD se ocupaba del sufijo “ez”. Iniciaba o, sin duda, merecía iniciar con una cita del brillante y tortuoso Enrique Chirinos Soto acerca de Rubén Darío”: “Para quienes tienen la mulatez de espíritu de negar al divino Rubén, [...].”

Al final, todos los que nos hemos orientado al campo cultural en este país, y a los que simplemente les interesó saber un poco más de lo que la sociedad les ofrecía en razón de su oferta educativa, tenemos algún recuerdo, anécdota o posición ante el recuerdo y la memoria de Marco Aurelio Denegri. Ese será, junto al legado documental de todos sus programas, el gran tributo que MAD brinde al futuro de nuestro país. Y eso, sí, debe ser conmemorado de todas las formas posibles.