Punto de Encuentro

Reflexiones sobre el discurso presidencial de Fiestas Patrias.

1.

El mensaje presidencial de 28 de Julio ha recibido diversas interpretaciones. Mas, al no ser una obra literaria genial es imposible que todas esas perspectivas estén en lo correcto. De hecho, es muy fácil analizar el discurso en cuestión –manifiesto bastante tramposo, al parecer de cualquiera con un coeficiente intelectual promedio– y celebrar el ánimo reformista concedido a la Reforma del Sistema Nacional de Justicia y a la Reforma Política dado que el resto fue solo una enumeración vacua y desprovista de contundencia. No incurriremos en más de lo mismo.

Al contrario, nos exigiremos ser lo más claros que podamos y, por lo tanto, debemos hacer notar que Vizcarra, pese al reciente ascenso de testosterona que le sirvió para dar la cara en el albo edificio de la avenida Abancay, ha demostrado una total incapacidad para conducir al país y lo más noble sería que diera un paso al costado. De hecho, al principio tuve la intuición de que, con la gran provocación originada por la propuesta de Referéndum, el presidente se estaba jugando sus descuentos, es decir, sus últimos gestos, ante la opinión pública. Luego, atendí a la razón que motivó este cambio de actitud: el actual presidente ya no puede sostenerse más en el gobierno y necesita del aval de la gente. En síntesis, el discurso degeneró en un populismo del orden más ramplón a fin de satisfacer falsamente el apetito de las tribunas.

2.

Hay un gran detalle que debe ser atendido.

La crisis de la administración de justicia ha sido siempre un secreto a voces y el mismo Vizcarra confesó que si no fuese por la exposición de los audios del escándalo no habría variado absolutamente nada. “A confesión de parte, relevo de pruebas”.

Si Vizcarra supiese lo que implica el gobierno, entendería que la economía no es lo único que cuenta. Por eso, en países desarrollados como Inglaterra, los llamados a conducir el gobierno reciben una instrucción especializada en Filosofía, Política y Economía.  Si falta uno de estos tres elementos en la cosmovisión del político, el resultado será el caos, la mala gestión, la mediocridad, etc.

3.

Al partir Montesinos, las prácticas de corrupción no desaparecieron, sino que, además, tampoco fueron combatidas. Al contrario, fueron vil y alcahuetamente empoderadas bajo la apariencia de una turbia “justicia” democrática.

4.

Vale anotar una breve digresión. En los tiempos de la Universidad, en el año 2002, más precisamente, discutíamos, algunos pocos compañeros, sobre la necesidad de retornar a la Constitución de 1979 o la dación de una nueva constitución.  No cabía otra opción entre los nobles espíritus juveniles de entonces. Sin embargo, había unos cuantos que, pese a su juventud, se plegaban al talante conservador de aquellos viejos crápulas preocupados más por la seguridad jurídica que por la integridad ética de la Nación. Estos personajes con el paso del tiempo terminaron hundidos en las fauces de la corrupción, ya sea por ejercicio directo o por complacencia y alcahuetería, factores en los que han incidido muchos individuos de mi generación y ni qué decir de los más viejos.

Cada quien permanecerá en su trinchera y cada quién luchará donde debe luchar, mas yo les digo que si participan en política y no les preocupa el bienestar del pueblo, merecerán las condenas más severas del infierno, sin que importe que este solo sea un símbolo punitivo.

5.

La irritación del “enjuague” que representa el discurso de Fiestas Patrias es tan grande y debe ser expuesta en altísimo tono porque la mayoría de opinólogos y analistas se la dan de sabihondos problematizando si la reelección de congresistas va o no va y ridiculeces del mismo tono dejando de lado los aspectos más raigales de la coyuntura.

Lo único rescatable del discurso pese a su inviabilidad práctica inmediata es la reforma del Congreso y la instauración de la bicameralidad, como corresponde a nuestra tradición política. Considero que este acto no solo sería útil desde una perspectiva político-funcional sino también desde un enfoque estético.

Ah, el Senado, que verdadero político de talante sabio no ha ambicionado un lugar en la cámara alta de su patria. El problema es que se ha facultado a que cualquier ridículo sea “político” y lo peor es que varios de estos pobres diablos sueñan con ser presidentes solo para satisfacer sus pretensiones más bajas. De más está señalar que ya varios lo han conseguido.

6.

En fin, retomando la línea central de este documento, debo indicar que, en un país con tan frágil memoria histórica, es necesario indicar de dónde viene la crisis política y ética que aún padece la sociedad peruana: la transición paniaguista.

Este período histórico, que posibilitó el ascenso al poder de un connotado canalla y sus sucesores, cada uno peor que el anterior, fracasó en lo que creo fundamental en cualquier tránsito que se dé entre un gobierno autoritario-dictatorial y uno democrático: la dación de una nueva Constitución.

Toda reforma, sobre todo, si está sujeta a una revisión congresal, como la mayoría de las propuestas que ha indicado Vizcarra, solo conducirá a una inoperatividad funcional y teórica del “500” %

Por este motivo, aquellos que ven en las propuestas del presidente Vizcarra una oportunidad para obtener cambios sustanciales han incidido en un exceso de optimismo. Sobre todo, desde que, en la primera oportunidad, la mayoría del congreso se manifestó a favor de incluir otros pedidos en el referéndum.

7.

El fujimorismo sigue triunfando. No seamos ciegos y reconozcamos su impronta letal para la sanidad del país.

A tales extremos ha degenerado el fujimorismo, que hasta un albertista de viejo cuño parece ser un aristócrata si lo confrontamos con cualquier keikista promedio.

(De más está decir que en todas las tiendas políticas existe gente noble y gente despreciable, que la preponderancia de estos últimos sobre los primeros sea terrible, no nos exime de reconocer esta realidad)

El triunfo fujimorista no solo se demuestra por la injerencia de los últimos diez años en que el movimiento “naranja” se “institucionalizó”, al menos, ya no cambiando tanto de nombre, sino, también, por el hecho de vivir bajo una constitución fruto del oprobio.

8.

Hace semanas, lamentaba que no hubiese cuadros adecuados para hacer una nueva Constitución. Eso fue un exceso de pesimismo y un exceso de crítica hacia mi generación. Esta aseveración no niega que la proliferación de tecnócratas superespecializados pero sin una columna vertebral de análisis y una conciencia política de primer nivel, de alguna forma, también, nos ha conducido hasta estos bordes del terror. En este sentido, aún no hemos aprendido, como país, a enfrentar los retos políticos que comentamos, largamente pospuestos, sino que, además, reiteramos las mismas propuestas y ofertas tan susceptibles al error. El cambio sería implementar el fomento de los estudios de FILOSOFÍA, POLÍTICA y ECONOMÍA para todos aquellos que aspiren a ejercer cargos representativos o, ya de plano, a ejercer el poder en nuestro país.

Por otro lado, existen varios tipos de estadistas en este país, el problema es facilitar que accedan al poder o que sean asesores de aquellos que ejerzan el poder, siempre teniendo en cuenta el desarrollo del país y el bienestar de la ciudadanía, dos principios básicos del ejercicio político tan obviados y negados por los políticos actuales que el solo hecho de manifestarlos en público conlleva el riesgo de ver brillar dos soles juntos en el mismo cielo.

9.

La gran ambición de los que rigen la economía en nuestro país obligó a un presidente timorato como fue Paniagua a abdicar de una reforma constitucional total. De haberla convocado, el fujimorismo no habría tenido la posibilidad de gozar del poder que tienen en la actualidad y no hubiera puesto en jaque a la democracia dentro del marco electoral durante casi diez años consecutivos.

Remarco la puesta en jaque en el marco electoral porque, de hecho, la democracia ha estado en jaque, en todos sus otros sentidos, durante todo el tiempo transcurrido desde la fuga del líder histórico del fujimorismo. Que no nos hayamos dado cuenta de eso, deberá ser objeto de todas las cavilaciones posibles a fin de no repetir la misma amargura causada por no llevar a cabo una Asamblea Constituyente que tenga los intereses del pueblo en primer término sobre su horizonte de acciones y posibilidades.

Esto implica que la representación popular, ahora casi inexistente en la clase gubernamental, se deberá manifestar en cada momento, es decir, que no se deberá confiar a los constituyentes plenos poderes a fin de que legislen sobre el vacío. En cambio, estos futuros constituyentes deberán asimilar las demandas populares y procurar satisfacer las grandes necesidades nacionales postergadas durante un tiempo mucho más largo que el dictado por el himno nacional. En caso contrario, el entreguismo de responsabilidades seguirá hundiendo a nuestro país por otro extenso lapso de oscuridad.

10.

Como expresó Henry Pease en el año 2002, cuando presidió la Comisión de Constitución, Reglamento y Acusaciones Constitucionales del Congreso de la República: “Con la Ley 27600 se inició en el Perú, el proceso de reforma constitucional. El Congreso respondiendo a una imperiosa demanda ciudadana y de las fuerzas políticas adoptó esta decisión, porque entendió que la reconstrucción de la democracia, tras el autoritarismo y la corrupción exigía una profunda transformación del orden jurídico-político que le había dado sustento”.

Las razones por las que fueron desoídas estas palabras y las propuestas que las mismas conllevaban se exhiben y se seguirán exhibiendo en cada audio propalado por IDL- Reporteros y en todo lo que callan los pasillos y oficinas del Palacio de “Justicia”.