Punto de Encuentro

SIMPLIFICAN O COMPLICAN

Por donde vayamos, escuchamos el lamento de los administrados por todas las trabas burocráticas que funcionarios desubicados le ponen a los ciudadanos para hacerles la vida a cuadritos, en lo que nos hemos acostumbrado a nominar como la “tramitología”, que no es otra cosa que el exceso de requisitos para la obtención de cualquier permiso, autorización, licencia o concesión, entre otros.

Ante el exceso de trámites y requisitos, que atentan contra el desarrollo del país, y de suyo contra las inversiones indispensables para generar fuentes de trabajo digno y adecuadamente remunerado, el propio Estado ha tratado de solucionar lo señalado y ha dado atribuciones a INDECOPI para que detecte y califique los trámites y requisitos innecesarios, como barreras burocráticas ilegítimas, disponiendo su derogatoria.

Lo que es deplorable es que bajo la consideración de que hay que simplificar todo tipo de trámites para hacer más llevadera la vida de los administrados, se dan normas que van en sentido contrario, y que entorpecen procedimientos administrativos.

En esta oportunidad me referiré a los llamados certificados de conformidad de obra y declaraciones de fábrica.  Me explico, cuando sobre un terreno se construye un edificio, una casa, un local industrial, un centro comercial, un hostal, un jardín de la infancia, o cualquier otra edificación, hay que obtener previamente la “Licencia de Construcción” que expide la Municipalidad en que el predio se encuentra ubicado.

Luego de concluida la edificación, se debe volver a la Municipalidad a fin de que certifique que lo construido está acorde con los planos que se presentaron y fueron sustento para la expedición de la licencia o autorización de construcción. La certificación en cuestión se denomina “Conformidad de Obra”, que es indispensable para que se pueda inscribir en los Registros Públicos (SUNARP) la “Declaratoria de Fábrica” qué es la descripción de las construcciones levantadas sobre el terreno, sus características, áreas, medidas perimétricas y colindancias; y de tratarse de edificios que tengan diversidad de unidades inmobiliarias (tiendas, oficinas, departamentos y estacionamientos) la independización registral de todas ellas.

Como quiera que los constructores y promotores inmobiliarios desean vender las tiendas, casas y departamentos lo más pronto posible, pues los intereses de su financiamiento son onerosos, y nadie les va a comprar si los papeles no están en regla, se esmeran por conseguir el Certificado de Conformidad de Obra y la autorización de la Declaración de Fábrica.

Pero ¡oh sorpresa! como requisito para obtener el certificado y autorización aludidos, hay municipios que disponen que los vecinos declaren que no tienen reclamo alguno que formular. Empero hay vecinos que aprovechando la urgencia de los promotores/constructores y con mala fe, reclaman lo que se les ocurre, y consiguiendo que les pinten sus viviendas, que le cambien vidrios o un nuevo el ingreso de cemento supuestamente deteriorado por los camiones que llegaban a la nueva construcción.  A ninguno de los vecinos se les había ocurrido reclamar porque no eran afectados, pero ante la exigencia municipal fueron estimulados a quejarse.

Debe dejarse sin efecto el antojadizo requisito.