Punto de Encuentro

Reflexiones periodísticas

En los últimos meses – y sobre todo en las últimas semanas- todos los peruanos hemos sido testigos que un sector de periodistas y medios han dejado la reflexión y la independencia para convertirse en febriles militantes políticos y han desarrollado estrategias dosificadas y particulares contra sus adversarios. Quizá, algunos analistas no se equivoquen y estemos en las “horas más tristes del periodismo nacional”. ¿Cómo así sucede todo esto?

El audio en el que César San Martín pide que se aligere un proceso legal a otro juez –César Hinostroza- no tiene nada de trascendental para la vida nacional. Lo anterior es casi exactamente lo mismo al contenido de los audios de Pedro Chávarry, el actual fiscal de la nación. Sin embargo, algunos medios y periodistas -que han olvidado la reflexión para ser operadores políticos- no han hecho tal escarnio al primero como lo hicieron como el segundo.

En ese mismo sentido, sucede algo parecido con respecto a los ex presidentes Ollanta Humala y Alan García. Estos mismos medios y periodistas martillaron durante semanas y meses incidiendo que García era el “candidato de los narcos” en las elecciones del 2016. Hoy, estos mismos medios y periodistas, evaden la reveladora denuncia en la que un narco hace mención a su relación con el ex presidente Ollanta Humala. Es obvio que dicha relación debe probarse y por ahora solo son conjeturas venidas de un narco boca floja. Por tanto sería un exceso periodístico tachar a Humala como el “ex presidente de los narcos” como lo hicieron con García, cuando se dijo que se habían indultado a miles de narcotraficantes durante su gobierno.

En estos dos ejemplos podemos ver de manera clara el relativismo en la que algunos medios y periodistas tratan la información. En medio de la polarización extrema la verdad se hace relativa y la mentira cobra más importancia con tal de inundar de lodo al adversario. Si uno se acerca a las redes sociales encontrará mugre por toneladas. Algunos periodistas y medios, en todo caso, nos deben una explicación porque la auto-regulación la han tirado al tacho para convertirse en excomulgadores religiosos y ahora los ataques se dirigen al propio colega. ¿Alguien puede creer que entre el New York Times y el Washington Post pueda suceder un ataque al colega como ha sucedido aquí? 

De alguna manera u otra, la polarización de estos días coloque a las redacciones periodísticas en la tentación de ir a favor o en contra de algún sector. En todo caso, allí está el reto, caminar al filo de la navaja y evitar convertirse en militante religioso.