Punto de Encuentro

DIVORCIO DE LA CORTE SUPREMA CON LA REALIDAD DE LAS NEGOCIACIONES COLECTIVAS. Opinión personal.

La Segunda Sala de Derecho Constitucional y Social Transitoria de la Corte Suprema ha resuelto recientemente (28/07/2018), en la Apelación Laboral N° 1094-2018-LIMA, que un Tribunal Arbitral ha actuado equivocadamente en ejercicio de su facultad de atenuación de propuestas extremas porque no ha advertido que la definición de “atenuar” supone “minorar” o “disminuir algo”, y no “incrementar” los montos consignados en la propuesta final de la empresa, y en consecuencia, ordenó que se reinstale el Tribunal Arbitral a fin que se pronuncie sobre los puntos nulos (referidos al incremento de remuneraciones y otras tres cláusulas de la propuesta final de la empresa, que fue la elegida por el Tribunal pero atenuada).

Con este pronunciamiento, el colegiado ha validado la definición de la RAE sobre la palabra “atenuar” por encima de cualquier otro método de interpretación jurídica, y la ha aplicado a rajatabla a un laudo arbitral económico, incurriendo en error que debilita la institución del arbitraje.

¿Por qué es a todas luces un desliz que inclusive contraviene toda lógica?

En principio, es claramente un error porque la norma que se refiere a esta facultad del Tribunal le otorga la capacidad de atenuar “posiciones extremas”.

Sin cambiar el método para aplicar el derecho utilizado en éste fallo, basta recurrir a la RAE para darse cuenta que una “posición” es la actitud o modo en que alguien está puesto; es decir, por definición, la atenuación de una posición no es una atenuación numérica. No se trata de poder atenuar números, sino de atenuar posturas. Esta precisión es explicada magistralmente por el Maestro Fernando Elías Mantero, quien es citado por la Resolución en comentario y luego dejado de lado por unos párrafos más adelante.

El maestro Elías explica la atenuación señalando: “(…) nos conduciría a pensar que la atenuación es una reducción numérica con lo que se concluiría que solamente se podría reducir las cifras de la propuesta lo que a su vez nos haría concluir que la atenuación solamente está vinculada a la propuesta laboral. Sin embargo, la atenuación está referida a la posición de las dos partes en la negociación, pues si bien en el caso la propuesta sindical se atenúa vía reducción, la del empleador tiene que atenuarse por vía de la ampliación”

En ese orden, queda claro que contraviene toda lógica pensar, primero, que el Tribunal estaría en la facultad de atenuar la posición de una de las partes, pero no de la otra ¿si fuese así, cómo habría equidad en el proceso cognitivo de los árbitros al elegir por la propuesta de una de las partes?; y segundo, ¿cómo se podría conseguir un fallo de equidad si sólo se pueden reducir los montos consignados en la propuesta final de las partes? ¿Podría darse el caso que la empresa ofrezca  más allá de sus posibilidades económicas, que el Tribunal considere que su ofrecimiento es excesivo y tenga que reducir el monto? No.

En una negociación colectiva ambas partes tratan de aproximar sus pretensiones de modo que el empleador pueda mejorar los conceptos remunerativos y/o condiciones de trabajo de sus empleados sin que ello le genere una afectación económica tan importante que termine por perjudicar a la empresa. En este escenario, el sindicato pide más y va bajando; la empresa ofrece menos y va subiendo. Si las partes han llegado a un arbitraje es porque no se han puesto de acuerdo para suscribir una convención colectiva; y si el Tribunal considera que una de las partes es la que más se acerca a lo que considera más equitativo en su propuesta final, deberá optar por esa propuesta, y si en ese escenario considera que una o algunas de las cláusulas es demasiado baja (si optan por la propuesta de la empresa) o alta (si optan por la propuesta del sindicato) el Tribunal está facultado por Ley a atenuarlo.

No debe dejar de prestarse atención al hecho de que la propuesta final de las partes en un arbitraje, no sigue la misma lógica a la de todas las propuestas hechas en trato directo, conciliación o extra proceso. La propuesta final en arbitraje económico es una que prepara la parte sin conocimiento de lo que ofrece la otra, y se intercambia en simultáneo de modo que no pueda ser modificado por quien la preparó cuando se tenga conocimiento de lo propuesto por la contraparte. Así las cosas, como solía decir el maestro Elías, “es un juego de póker”.

Como el Tribunal Arbitral no puede establecer una solución distinta a la de las propuestas finales (entiéndase, crear cláusulas, eliminar cláusulas, suprimir palabras, agregar o quitar expresiones ni definiciones), si una de las propuestas es la que considera en general más equitativa, pero hay alguna(s) cláusula(s) que impide(n) optar por esa propuesta, las partes ya no pueden adecuarla para que el Tribunal se termine por decidir por ella, y el Tribunal deberá inclinarse por la otra.

¿Excepcionalmente, quién sí puede modificar lo propuesto? El Tribunal, atenuando las posiciones.

El Tribunal, y ya no las partes, es el que trata de establecer la mejora de los conceptos remunerativos y/o condiciones de trabajo de los trabajadores, sin que ello le genere una afectación económica tan importante que termine por perjudicar a la empresa. Y para tomar tal decisión tiene conocimiento de un dictamen económico expedido por el Ministerio de Trabajo. Allí es donde juega un rol determinante la atenuación de posiciones que, previa motivación suficiente, el Tribunal considere extrema.

¿Por qué es tan nocivo el pronunciamiento de la Corte Suprema  bajo comentario?

Es nocivo porque lleva a que los sindicatos en lugar de sincerar su propuesta la elevarán, porque el Tribunal Arbitral si tendría la facultad de atenuar su posición, y no la de la empresa.

Y no es un acto equivocado señalar qué es lo que haría un sindicato ante este panorama legal, pues su posición, por naturaleza, será siempre es la de tratar de conseguir más, ya que para eso fue creado.

Con esa limitación, habrá menos equidad y más resistencia de las empresas a ir a arbitraje, y ello por el sólo hecho de imponer una interpretación literal cuando existe una lógica evidente en la negociación colectiva.  A lo que hay que agregar que existe la posición de que basta la sola solicitud del sindicato para recurrir a arbitraje sin que la empresa esté de acuerdo y sin que ésta haya actuado de mala fe durante la negociación colectiva.

En este caso concreto, la Sala Suprema ha divorciado a la Ley de la realidad. 

Afortunadamente esto no se trata de un precedente vinculante y esperemos que se trate de un error apartado.

Queda resaltar que en éste equivocado pronunciamiento no se ha visto involucrado el Presidente de la Sala, quien expidió un voto discordante donde refiere que las causales de anulación de laudo han sido tratadas en el V Pleno Jurisdiccional Supremo en materia laboral.