Punto de Encuentro

En memoria de Felipe Osterling por PERCY VILCHEZ SALVATIERRA.

Felipe Osterling falleció el 30 de Agosto de 2014. Las siguientes líneas son una suerte de reconocimiento a su persona y su memoria.

Según el profeta Jeremías es “maldito el hombre que en el hombre confía“-Jeremías 17:5. Creo que este precepto es absolutamente cierto. Ergo, no hay hombre que sea digno de ser depositario de una confianza o admiración absoluta.

Sin embargo, en un entorno que es casi enteramente igual a nuestro país en la actualidad, esto es, un medio que encumbra la mediocridad bajo la forma de la cobardía, generalmente ejercida  bajo la figura del abuso ya sea el de la autoridad o el de cualquier otro tipo así como la patanería tendiente a  hacer figurar como un valiente a un  matón prototípico como en casi todos los barrios, hubo una figura que, al menos en su momento, representó lo que en el Perú de 1992 era la muestra de la máxima escasez   -aunque ahora estamos mucho peor-, es decir:  inteligencia y valentía a partes iguales.

De hecho, puedo afirmar que una de las imágenes más perdurables que mi infancia le debe a la política peruana fue presenciar a Felipe Osterling al erigirse como un antiguo guerrero y un sabio ante la hez representada por la brutalidad y la indigna efigie de Fujimori y los militares que habían tomado el Congreso.

Me sorprendió que hubiese gente así en un lugar que aprendí a reconocer como la fuente de los más  diversos desprestigios y me enaltece mirar ese famoso video ahora tras el cuarto aniversario de la muerte de este individuo.

Si de niño uno piensa en ser político y quiere ser solo presidente de un país de “cierto os digo” que eso es una ordinariez que cualquier ridículo puede tener. Toledo y Ollanta fueron presidentes del Perú, por ejemplo. Haya y Bedoya, no. He allí una verdadera tragedia.  

Luego de ver las épicas escenas que referí,  a los diez años, pensé que si me dedicaba a la política me hubiera gustado llegar a ser Presidente del Senado- absurdas burbujas infantiles de vanidad–, institución que como todos sabemos y según corresponde a la miseria que puebla casi todos los escaños del Congreso “moderno”, ya no existe. Adicionalmente, me hubiera gustado desarrollar la estatura moral suficiente para actuar como el último de los presidentes que tuvo el hoy extinto Senado peruano  que como se vio en aquella viril irrupción en la Plaza Bolívar, parecía ser indesafiable porque de ningún modo puede desafiar a un hombre fuerte y digno un grupo de cobardes y negados para el entendimiento, como aquellos que se levantaron para apoyar al dictador así como la gente común que no se dio por aludida en ese entonces, la misma que inmediatamente se allanó ante tamaña podredumbre .

Sin intención de homenajear a nadie, que eso es harto vano y  peor aún en un caso como el presente porque es evidente que  muy pocos lo seguirían habida cuenta del derechismo de Osterling, creo que ante la vista de la actual política peruana, la gente como Osterling, quizás la última generación de notables que estuvo entrometida en política, parece tener la dimensión física de Lemuel Gulliver en Liliput. 

Consideraciones Finales.

1.

Los políticos actuales en general- es decir, casi sin excepción - son  comparables a los “yahoos” que describió el buen Lemuel  en uno de los episodios de su excéntrica odisea,  dicho sea esto conforme a la taxonomía de Jonathan Swift.

2.

Sin intención de juzgar a nadie debo afirmar, finalmente, que la mezquindad de la gente que obvió saludar el paso de Osterling al sepulcro está hecha de la misma emotividad que ha hundido y que quizás siga hundiendo a este país.

3.

Para ser absolutamente crítico, Osterling era un burgués y pese a ello, o tal vez precisamente por ello, exhibe la valentía de un hombre de bien. Es decir, exhibe la entereza de alguien que no ha recibido jamás ni un balazo ni una cuchillada y que, probablemente, nunca haya pasado de una escaramuza breve a puño limpio en la que no expuso su vida ni, mucho menos, la vida de otro ser humano. Este detalle  a los  ojos de mi presente, lo hace el doble de valiente.

4.

Su posición social y familiar, además de las cámaras de la CNN, lo mantenían lejos de cualquier agravio contra su vida. Pese a ello, su memorable actuación, simbólicamente, fue tan valedera como si su vida hubiese estado rifada.

5.

La derecha en general no merece congraciamientos de ningún tipo pero la partida de este individuo bien pudo marcar un hito de diferenciación, habida cuenta de tanto derechista que mostró su apoyo a Fujimori en todo momento o solo al final, como el mismo Osterling hizo poco tiempo antes de morir, respecto de la situación del envejecido dictador previa al indulto, pese a haber sido otrora su enemigo.

Este detalle es tan particular como la afirmación de Haya de la Torre  según la cual, para él, el mejor presidente de la historia del Perú había sido Leguía, uno de sus perseguidores iniciales. Quizás, antes que una transacción o una complacencia de viejos,  estos actos hayan sido gestos de una sabiduría final.