Punto de Encuentro

Sobre Rosa Mística de Augusto Tamayo por PERCY VILCHEZ SALVATIERRA.

El prestigio del cine peruano es solo un proyecto pese a los logros internacionales de algunas producciones recientes y a algunos cineastas casi míticos como Armando Robles Godoy. Por los elementos descritos, esta característica del cine nacional no debería sorprendernos. 
De hecho, en un país donde la industria cinematográfica es inexistente salvo por los esbozos o muestras equívocas de las producciones de Tondero --"bestia negra” de todo buen cinéfilo y, también, de todo esnob con siquiera dos gramos de cultura cinematográfica--, y las producciones "independientes" ajenas a toda desmesura estética y de propósito, además de no existir un estímulo estatal adecuado respecto de utilizar al cine como una herramienta de conocimiento y direccionamiento de la identidad nacional o de, al menos, un incidente que provoque y produzca reflexiones inmediatas y a largo plazo en los espectadores, es un logro importante que se esté intentado pensar a nuestra inconclusa nación a través de sus personajes históricos más descollantes. En este caso, Isabel Flores de Oliva, Santa Rosa de Lima. 
Así, la película propuesta por Tamayo es una oportunidad para emocionarnos con una de las pretensiones más ambiciosas que haya acaecido en peruano alguno en el curso de la Historia: tener acceso al éxtasis, la iluminación y ver cara a cara a Dios mismo. Lamentablemente, las formas propuestas antes que incitarnos a ambicionar algo parecido conducen, más bien, a un adormecimiento progresivo de los sentidos. En este sentido, "Rosa Mística" parece más un documental antes que una propuesta singular. Quizás, el excesivo celo investigativo de Tamayo le restó el vuelo imaginativo e intuitivo que una mística tan grande como la santa limeña, sin duda, merecía y merece. 
Lo positivo es que los actores asumieron su participación con entereza y no pocos desbordes de brillo. Partiendo de la protagonista, Fiorella Pennano, cuya apasionada interpretación la consolida como una de las actrices jóvenes con mayor credibilidad del momento respecto de su talento y sus posibilidades en el futuro, hasta los veteranos que hicieron el papel de confesores-inquisidores (Carlos Tuccio, Bruno Odar--pese a que su personaje antagónico no llegó a tener vida propia--, Hernán Romero y Alberto Ísola), además del médico que evalúa a Rosa y da testimonio "científico” de su proximidad al éxtasis con el marco rotundo que caracteriza su sello actoral, Jorge Chiarella. Por otro lado, la fría serenidad de Miguel Iza, tan reconocida y valiosa --cuando así corresponde--, fue la contraparte ideal de la turbulenta performance de Sofía Rocha --la madre de Rosa de Lima-- que fue una antagonista tan histérica como hepáticamente brillante y se hubiera robado las primeras planas del reconocimiento sino fuera por Pennano quien en un acertado histrionismo mostró una parte del exceso y la pasión que se intuye habitó en el personaje real que intentó dar vida. Sin embargo, como en la primera entrega del poeta de "El Espejo y la Máscara" de J. L. Borges hubo una muy buena representación escénica pero nada más porque esta película, en su totalidad –pese a ser estimulante en algunos pasajes-- no logró que en los pulsos corriera más a prisa la sangre.

La corrección histórica propuesta por el realizador no se avino a la exigencia máxima de la vida de todo místico: la lucha contra el demonio. Lo peor es que al querer "sugerirla" se produjo una incierta situación "cómica" ante la ermita de la Santa entre un perro negro --prototípico del mal en el cine-- y un prospecto de galán acosador. Por ello, además de las otras razones propuestas, la perspectiva de la vida espiritual de Santa Rosa se ve demasiado plana y desprovista de la oposición adecuada. 
En este extremo, cabe anotar que el arte peruano del último medio siglo, por decir lo menos, adolece de una fatal ausencia de tensión metafísica y así toda manifestación espiritual que se ha expuesto en este medio se manifestó de un modo plano y poco atractivo salvo excepciones que al momento de cursar estas líneas no recuerdo. 
Esta condición debería acabarse pronto y si atendemos a la intensa tradición de excesos espirituales de nuestra tradición advertiremos que bien podrían ser revisitados con el fin de enfocar nuevos modelos de aproximación a la realidad del espíritu. En poesía, el Vallejo que confronta a Dios con todos los recursos que le confirió el hecho de ser un aprendiz de mago, es decir, un poeta pleno y verdadero ("hoy que en mis ojos brujos hay candelas,/ como en un condenado,/ Dios mío prenderás todas tus velas/ y jugaremos con el viejo dado./", fragmento de "Los Dados Eternos"), es un muy buen ejemplo. También, deben ser mencionados otros poetas como J.E. Eielson, Juan Ojeda y Walter Curonisy quienes nos ofrecieron muestras de hondas preocupaciones espirituales cuyos caminos no han sido emprendidos por continuadores que estén a la altura. Lamentablemente, el predominio del "realismo" en el ámbito de nuestra literatura --narrativa-- nos ha privado de exploraciones más profundas del alma humana al modo de Arlt o Dostoievski en los que todo el contorno de la existencia parecería haberse definido al borde mismo del abismo del espíritu.
Retomando la línea concerniente a la película "Rosa Mística" debo concluir que no es una obra perfecta pero sí es una propuesta que debe considerarse por lo atinado de la ambientación de época; lo alambicado de muchos de sus diálogos, poblados de adjetivos al modo del siglo XVII--acierto total--, que en cierta manera reparan la falta de continuidad y consistencia narrativa de la muestra;  lo intenso de las actuaciones de Pennano y Rocha; y, no pocos enfoques y tomas que han rondado la belleza como la secuencia de la "iluminación" de nuestra santa poco antes de su muerte, secuencia importante porque reconforta al espectador tras presenciar una agonía cuya justificación es poco probable. 
Finalmente, hay quienes sugieren ciertos modos del feminismo en el personaje que ha caracterizado Pennano. Ese es un error de cálculo y un malentendido. La "rebelión" de Rosa de Lima fue contra el mundo y en favor de hallar la satisfacción de su alma al punto de lastimarse y dañar su cuerpo puesto que le estorbaba el camino al éxtasis metafísico, circunstancia que excede en todo la reivindicación de su independencia femenina. Además, no pudo ni intentó escapar del ejercicio imperial de su padre y de los confesores-inquisidores que tenía. Por lo tanto, el feminismo no tiene nada que ver en estos predios.
Reitero, la película es atendible si uno tiene cierta tendencia a explorar la historia del país y la vida de sus grandes personajes mas si buscas una aproximación al pulso estremecedor del alma de los santos esta película no te satisfará. 
Quizás lo expuesto en el párrafo anterior no implique ninguna "tragedia". A fin de cuentas, ¿cuántos obsesos por la gloria --o por verla de reojo tan siquiera-- van a desgastar, en razón de alcanzar propósitos tan elevados, las butacas y sus tiempos cuando se trata del cine peruano? 

Lima, 06 de Septiembre de 2018.

PERCY VILCHEZ SALVATIERRA
Escritor. Analista político. Editor.
Director de Libertad Bajo Palabra.
Abogado en Salvatierra & Taboada. 
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