Punto de Encuentro

Sobre Purple Haze (Resplandor Púrpura) de Francisco León.

 

Sobre Resplandor Púrpura de Francisco León.
Panegírico-elegía del hipismo y los años sesenta. Éxtasis y exceso.
I.
Introducción:
Escuché hablar de Resplandor Púrpura hace muchos años en la antigua sala de eventos del Boulevard de la Cultura de Quilca. El título era sugestivo y aludía, obviamente a la impactante Purple Haze de Jimi Hendrix, emblema de distorsión que, según todos los reportes, correspondía en su origen a una canción cherokee que le cantaba su abuela, una nativa norteamericana, y una de mis canciones favoritas por mil razones que no he de exponer en este ensayo. En todo caso, el título era un gran guiño al rock pesado y me pareció interesante habida cuenta de lo aburrida que es la literatura peruana que, en general, hace uso de este elemento tan significativo para los tiempos modernos. 
Busqué el libro y pregunté por él varias veces mas no hallé ningún ejemplar en las librerías, ferias de libro, libreros de viejo y ambulantes de Lima, desde San Isidro hasta Amazonas y la Cachina, pero nada, no aparecía ni rastro del intrigante volumen. Pese a que consideré un inicio auspicioso que se haya titulado tal cual, olvidé el texto y pasaron los años.
Casi de casualidad, luego de mucho tiempo, su propio autor me proporcionó una fotocopia de una edición argentina del libro en cuestión. Sobre ese documento devienen los siguientes apuntes fragmentarios como corresponde a la naturaleza misma de Resplandor Púrpura :

II.
Purple Haze: Notas al borde de sus páginas. 

1.
Panegírico elegía a los años sesenta.
2.
Es un encumbramiento de la elipsis, del dato escondido, de la sugerencia velada.
3.
Busca la visión y pergeña muy buenos esbozos de “iluminación” o santidad beatnik para mayores señales.
4.
La gran literatura tiende a la VISIÓN. Resplandor Púrpura plantea de alguna manera esa búsqueda. 
5.
El texto (relato psicodélico, crónica poética, poema experimental) describe los años sesenta y su desenvolvimiento naif atravesado, al mismo tiempo, por la tragedia de las guerras colonialistas y las dictaduras tercermundistas pero tiene algunos ramalazos de adivino dice, por ejemplo, en la página 21: “ A mitad de la década, el senador Mc Carthy soltó las más feroces embestidas contra la bruja infiltrada del comunismo, sí, el demonio en verdad era rojo en esos años, aunque luego sería amarillo …”.Obviamente, se vislumbra a Fujimori, personaje cuya estela afectará otra novela de León, “Los Stones”. 
6.
Desde la dedicatoria, el autor enaltece los viejos códigos del barrio, la hombría (de bien), el no ser nunca un soplón, la ascensión, gloria y caída de aquellos cuyas almas están condenadas a no ceder sino ante el último borde, las bellezas de Salamanca, acaso las mujeres más bonitas de la ciudad durante los sesentas y setentas -aquellos que frecuentaron dichos predios podrán dar testimonios más directos- y los amaneceres de la vida deshechos por el vicio y el exceso.
7.
La iconografía es hippie y “pituca”: la Era de Acuario, los Mad°s (otra leyenda limeña), las casas con piscina, el Colegio Roosevelt, el mítico Galaxy 
8.
Condición hippie general con algunos detalles de suma curiosidad mística.
9.
La eternidad del instante.
10.
Fluidez lírica, opiácea. Poesía y destellos de éxtasis. Salamanca y Cusco, los escenarios favoritos del autor si exceptuamos Piura, localidad que enfocará su más ambiciosa novela aún inédita.
11.
Preeminencia del presente. De vivir o gastar toda una vida en cuestión de minutos.
12.
Ansías sin freno. 
13.
Enaltecimiento indirecto de las localidades más famosas de la escena hippie sesentera como Frisco, Haight Ashbury, Soho, Greenwich Village y Carnaby Street.
14.
Fuegos fatuos. Distorsión. Trascendencia.
15.
Arte(facto).
16.
Intercalado de letras de canciones sentimentales en medio de la pérdida total del sentido.
17.
Alteraciones de la conciencia.
18.
Absurdos metafísicos frustrados en su ascensión. 
19.
Disparates de un místico especulativo “pastómano”.
20.
Carreteras sin fin 
21.
Kerouac de paso por Lima. Espíritu beatnik.
22.
Sol. Resurrección. Reencarnación.
23.
Pasajes de barrios desaparecidos. Graves ejercicios de pérdida y nostalgia.
24.

Pérdida de la inocencia.
25.
Metáforas. Mitología y urbanismo.
26.
La metáfora es el espacio reservado para la máxima inocencia de la poesía.
27.
Percusión-> Ritual. Entrada secreta a puertas espirituales como indican la santería y el vudú, cuyo principal cultor en el Perú, según diversas fuentes, fue Chocolate Angeldones, mítico percusionista de Perú Jazz y de Manongo Mujica. (Anotación al margen).
28.
Allen Ginsberg fusionado con Andy Warhol más un camorrista de barrio.
29.7
Imágenes pop. Delirios. 
30.
Dispersión-distorsión
31.
Fragmentariedad. Desconexión. Ausencia de ilación. Residualidad.
32.
Lírica y rock and roll.
33.
Estridencia.
34.
Calle. Luz.
35.
La unión de los dispersos, los distintos, los raros, los perversos, pero en un marco naif.
36.
Una banda de rock perdida en una sala psicodélica de juegos mecánicos y electrónicos-virtuales.
37.
Marianne, Jan, Giovanna y Carla. Las dos últimas aparecen como sombras de bien, pero son demasiado fugaces.  Jan es también fugaz, pero deja una estela que la aproxima en el plano de la intuición a la Galatea del mito griego. Marianne, en cambio, atraviesa todo el texto. Un nombre maravilloso, la Faithful, la de Cohen (So long, Marianne).
38.
Alegorías fascistas y anarquistas, caóticas. 
39.
Mala conciencia de su propio destino.
40.
La debacle de una falsa clase social descendiente de “hacendados” desposeídos, complejo de varios limeños con y sin fundamento según corresponda, claro.
41.
Mitologías dispersas: Krishna y los dioses de Troya, p.14.
42.
Los árboles representan a los jóvenes del barrio, pero sus raíces son falsas. 
43.
Hay un gran desarraigo edulcorado en todos los personajes.
44.
Pink Floyd toca en Salamanca. Pasaje brillante. Según recuerdo, en el curso de nuestra tradición literaria rockera, solo Ernesto Carlín hizo deambular a sus personajes junto a un ícono de la contracultura del rock, en específico, la punk, John Lydon A.K.A. Johnny Rotten. La imaginación de León no se conformó con el paseo, sino que hubo una sesión de consumo de ácidos con el genial Syd Barrett. El autor lleva la combustión alucinatoria a otro nivel: desde esa distópica circunstancia en la avenida Los Quechuas crecen flores psicodélicas.
45.
El cura hippie que propone el concierto inverosímil fue el gran referente espiritual y utopista del volumen, pero se marchó de Salamanca muy pronto en el relato, tras el fracasado acontecimiento mítico.
46.
Dejar todo atrás y empezar siempre desde cero hasta que llegue la muerte.
47.
Marianne es como una Beatriz que anda por las tres secciones de la Comedia dantesca. Ergo, no es la pureza -no puede serlo, dada su condición de groupie- sino algo más complejo: la compasión.
48.
La historia "alucinada" de Salamanca, enclave gringófilo en Lima propulsado por los Rockefeller.
49.
Hay pasajes en los que se sexualiza hasta a las montañas, los Apus.
50.
Erudición romántica. Un personaje principal, el Barón Rampante, no le basta el haber tomado su identidad del famoso personaje de Ítalo Calvino, sino que en el relato se sugiere que quiso ser una suerte de Bertrand Castel, creador del clavicémbalo ocular, instrumento musical que pretendía “tocar” musicalmente los colores, numen de la psicodelia culta.
51.
Reflexiones psicóticas sobre el Diablo y la locura.
52.
La página 31 donde se fecha y data al fin a la ciudad del Cusco consigna varios pasajes que parecen haberse tomado de” La Avenida del Cloro Eterno”, sin duda, un homenaje tácito al valioso poeta e ícono hippie de la poesía sesentera, Luis “Luchito” Hernández.
53.
Drogadicción. En la página 34 aparece Jan, apunté al margen: parece la Emily de See Emily Play de Pink Floyd.
54.
Heroísmo y derrota: LOS DERROTADOS TAMBIÉN TIENEN HÉROES Y UN HÉROE DERROTADO ES DOBLEMENTE HÉROE. p 36
55.
Eternidad. Profecía.  Búsqueda.
56.
P 43: …dos tipos lo miraron y ardieron luego como antorchas descalzas
57.
Perdidos en latitudes galácticas al borde de la niebla –púrpura-, de la playa, del abismo.
58.
P 43 MEÁNDRICAS CALLEJUELAS ILUMINADAS CON MERCURIO. Dylanesco. 
59.
P 44 …TROMPAS DE ELEFANTE QUE TIRADAS AL COSTADO DE LA PISTA REPETÍAN FRASES OÍDAS EN LA PLAYA
60.
Sol, playa, rock, rubias, un Mustang negro descapotable
61.
Cocaína a granel - “el cloro eterno”-
62.
El Sutra del Diamante y las nalgas nacaradas de Marianne
63.
Pagos sacrílegos y oráculos 
64.
Inventa un fósil salamanquino, el "salmanterix” robado casi de inmediato –el barrio es el barrio-  antes de que se descubra que era un archaeopteryx cualquiera.
65.
Presencia extranjera en Salamanca. DBBE Cooperación Internacional de Economía Básica. Rockefeller.
66.
Antiguos paisajes hundidos en el mar. Imágenes típicas de todo aquel ser sensible que contemple las islas desde la Costa Verde.
67.
Marianne, groupie ourea y aérea, libertina sutil.
68.
Luces frías, soledades y sueños frustrados, ecos de miles de cabezas.
69.
"El instante es el instante ... el mañana es la sombra de una flor inexistente". p 52
70.
Una orgía en los predios de los Mads podría haber tenido a Marianne como sacerdotisa en Asiria. 
71.
La huida final de un guitarrista: solo la guitarra y el camino. Jorge Pimentel confesó alguna vez que se sintió de la misma manera al componer las baladas de Ave Soul. 
72.
La eternidad es un solo de guitarra solo si lo sabes tocar hasta el final.
73.
Rui muere de sobredosis. p 55
74.
Verdad vs Ánimos de negación 
75.
Conocimiento más allá de las palabras. Silencio metafísico.
76.
El Barón Rampante se fusiona con la naturaleza de los parques. Rui muere de sobredosis. Pet se va de viaje. Marianne es puta y groupie. David parece tener futuro, piensa en Giovanna, pero su mediocridad y cobardía lo hunde. Se deja "estar" en "el final", ... "the end".
77.
La literatura, en Resplandor Púrpura, ya no es solo una forma de conocimiento sino un portal magnífico para la trascendencia.
III.
Conclusión.
Pese al discurso sociológico -"sociologista"- de sus últimos libros conocidos, Francisco León es esencialmente un poeta. Resplandor Púrpura así lo demuestra y dar testimonio de ello es un acto de comunión con la buena literatura y, también, con el rock and roll.