Punto de Encuentro

Feminismo y cultura Apuntes de un viajero

 

Estas hipótesis que a continuación ensayo pretenden ser sólo eso, premisas sueltas y esbozos para un estudio mayor sobre el feminismo y la mujer en el Perú. En los límites de este artículo se impone la idea que el movimiento de mujeres que se ha desarrollado en el Perú en los últimos años representa un avance en la modernización de la cultura, pero que en su misma organicidad y activismo este movimiento demuestra un mosaico variopinto de posiciones ideológicas, de las cuales las de mayor tinte conservador se vienen imponiendo en la conformación de la opinión pública en los últimos años.

De ser un esfuerzo por imponer de modo sensibilizador el rol protagónico y progresista de la mujer en la cultura pública y laboral, el movimiento feminista ingresa en posiciones conflictivas y eurocéntricas que están distorsionando en mucho el sostenimiento saludable de la cultura de la familia y de la sexualidad en la estructura social del país. El mayor sesgo individualizador y egocéntrico que el feminismo publicita como poder político lo lleva a querer imponer como estructuras culturales de sentido procesos intersubjetivos que erosionan y desorganizan las raíces morales de los sectores populares, imprimiendo en la formación de la feminidad un rol cada vez más opositor a la interacción con los hombres, pues toda relación con ellos representa una pérdida de libertad y de mayor desarrollo individual. Creo que este protagonismo que la mujer ha conseguido ha desarrollado niveles de antagonismo con el machismo imperante, porque en la cultura del país se despliega todo un contexto de sentido discriminador y violento para confinar a la mujer en el ámbito doméstico, y que la ha llevado a tener que soportar niveles injustificables de violencia y agresión psíquica.

En un acercamiento sociológico el movimiento feminista representa y busca una real transformación intersubjetiva de la condición de mujer en el ámbito privado y público; y a la larga de toda la sociedad en su conjunto. Su pretensión es que se reconozcan derechos y posiciones de poder cultural que el machismo no había dejado transfigurar, para hacer de la mujer una ciudadana en el reconocimiento de su diferencia específica con iguales derechos que los hombres, que le den autonomía y capacidad para una realización cada vez mayor. Y para eso la pretensión es deshacer el control cosificador que el hombre ha hecho del cuerpo de la mujer, y ampliar toda una transformación radical de la sexualidad y de las relaciones de pareja que acaben con la idea tradicional y violenta del rol de la mujer como objeto sexual o propiedad privada de los hombres. Su mayor dominio de la cultura del diálogo y de las capacidades cualitativas en los sectores productivos y empresariales estaría empoderando a la mujer para emanciparse de relaciones patriarcales de poder que sólo intimidan al hombre, y que la responden con mayores niveles de violencia en contra de la mujer.

Este rol cualitativo y amplificador del feminismo como poder público y cultural otorgaría al sistema productivo transformaciones sugerentes y mayores niveles de acumulación, que imprimirían en la cultura privada una real crisis de la masculinidad en su rol productivo. Arrinconarían al machismo en un mayor  embrutecimiento moral en la constitución psíquica del hombre e indirectamente en la mujer que darían un escenario cultural para la aparición de transformaciones en la sexualidad con el surgimiento de la hibridación y de las posiciones intermedias en la cultura sexual.

La polarización hombre-mujer se estaría desdibujando con  la consiguiente erosión del mundo sólido de la sexualidad, haciendo presencia un proceso de socialización cada vez más inestable que pone en grave riesgo la conformación de la personalidad, y que la hace  un proceso del cual  el sujeto debe hacerse cargo para no verse arrastrado por la inestabilidad moral y la descomposición de la identidad sexual. El feminismo junto con el avance de una post-modernización cultural cada vez más desarraigante y erótica colabora para que se experimente una mayor fragmentación de los procesos de socialización sexual y se den cita experiencias de vida afectiva y sexual más empobrecedoras o tal vez más inestables. Esa despolarización del hombre-mujer de la que escribo despotencia y hace de las relaciones románticas experiencias críticas de vida, así como infla la vida social de un erotismo cada vez más político e impactante para la psique humana. La sexualidad imprime su sello erotizador de la realidad, y los sistemas de servicios donde esta se apoya para manifestarse estimulan los deseos acumulados por la realidad rutinizada, en un lenguaje y montajes, donde la miseria de afecto alcanza la miseria del cuerpo en su embelesamiento real.

El hombre amenazado en su rol de dominio racional y lógico sigue construyendo una sociedad del espectáculo para alargar su dominio sobre el cuerpo de la mujer, sin darse el trabajo de sentir y hacer lenguaje su corazón cada vez mas privado. Solo hace valer la simulación del mundo para perderse en el mito de la mujer, y verlo solo como una liberación de energías neurotizantes. Su terquedad y visible vulneración por un mundo lleno de guerras reales y simbólicas que tiene que sostener, lo han hecho abandonarse a la efectividad del poder como medio para acceder al botín más suculento. Y la mujer alcanzando la cima de su protagonismo político trata de hacer variar en las garras fabulescas de la democracia y las leyes una realidad machista, que va mas allá de la simple idea que todo en él es una artificialeza susceptible de ser mutada. Lo hacen con conceptos y con una materia de formas institucionales que es profundamente patriarcal, y que en realidad no les importa modificar. Y sin abandonar la cautela de su mundo privado y lenguajes secretos que el mundo de la comunicación y la política real educativa tanto necesita. Creo, pues es una cuestión de piel, y no conversación, la imaginación de su etérea concupiscencia no les ha permitido sacar hacia lo publico y real, lo que tanto las define, y que el miedo a la violencia del hombre les reprime: su deseo siempre busca lo más profundo. esto ya no tiene lenguaje y es muy remoto. Desde la caída que ha supuesto la civilización el hombre siempre busca el despertar reanimado de la tierra a la que tanto ama, y que se halla encerrado en el sentir desencantado de la mujer, que no se hace lenguaje, de donde proviene el milagro de la vida.

Aunque me he salido un poco de mi argumento inicial, lo he hecho para explicar cual es el impacto del feminismo en el mundo privado de las relaciones sociales. Toca ahora ver los cambios que ha instaurado en las relaciones sentimentales de la dualidad hombre-mujer. En este plano la mayor profesionalización y tecnificación de la mujer en su búsqueda de una mayor libertad ha provocado en su preferencia a la hora de escoger pareja exigencias que ponen la valla muy alta para los hombres sobre todo cuando las tergiversaciones que su identidad atraviesa no permiten una mayor madurez de su conciencia individual. Estas exigencias resultan arbitrarias para una subjetividad masculina que se deteriora o entra en un proceso de embrutecimiento o rechazo de las metas de la mujer.

Entonces se produce el fenómeno que el feminismo de manera indirecta colabora con  el desconocimiento entre los sexos, y hace del amor una relación desestabilizadora para las parejas que buscan afecto. De modo rampante el amor para el feminismo significa una atadura, y de forma liberal se sienten atraídas por los hombres que no buscan una relación estable o madura. El feminismo vulnera la capacidad de amor de la mujer y la deja desguarnecida ante el engaño o infidelidad de los hombres reales. Aunque el poder de una mujer educada y con dinero puede tener al hombre que quiera, lo cierto es que no se sienten atraídas por la nobleza o educación de un hombre sino por aquellos de los que emana un instinto salvaje de romanticismo, aunque estos no se sientan interesados por amar. Pues esto no tiene nada que ver con moral o cultura impuesta, sino con poder real de sensualidad corporalizada. He ahí la paradoja de un feminismo conservador que desea controlar al hombre, pero lo que hace es volverlo más patán y degradado, y a la larga mas inmaduro.

Una mujer autoreferida a sí misma es una mujer solitaria, que aunque desea fervientemente amar, no desea perder su autonomía y orgullo. Es esta autonomía y orgullo la que hurta a la feminista la capacidad de seducción y la hace menos instintiva, y más intimidante para los hombres. No desean ver que el amor es una relación de confianza que no merece aprendizaje alguno, sino una practica inocente entre los sexos, hasta que la madurez de una relación de sus frutos. Su resentimiento ante las mujeres que sí desean manifestar su deseo y amor de modo real, y ante los hombres a lo que desean en el fondo ser como ellos, las lleva a la paradoja que un mundo de mas violencia, encierra un deseo ingobernable que esta rompiendo peligrosamente barreras de civilidad: se estaría poniendo en peligro los vínculos legales y culturales que prohíben la práctica del incesto. Y a la larga debilitan tanto el control de las emociones que la sexualidad empobrecida o avergonzada seria el caldo de cultivo incrementar la fuerza de enfermedades psicosomáticas, y después de todo tipo.

Sin embargo, en mi país, hay que reconocerlo la mujer en los sectores populares es una fuerza organizativa, y una unidad económica muy sobresaliente. En los comedores populares, en los vasos de leche, y en todo emprendimiento económico la mujer resalta por su entrega y su amor por el trabajo. Y en ese sentido son una energía que rechaza la violencia de los hombres machistas. No sólo la mujer trabaja y se hace un espacio para la crianza de los hijos, sino que resulta un colchón de resistencia para soportar las crisis emocionales y de subjetividad que atenazan la conciencia en el mundo moderno. Ante la ausencia de los hombres que entran en un proceso de embrutecimiento machista y que se ven rezagados en su comprensión del rol protagónico de las mujeres en la vida social, la mujer se convierte en una fuerza social, un capital social que no permite la disociación del tejido social popular. Aunque se presenta el problema del embarazo adolescente y de la violencia sexual en los sectores populares, la mujer tiene la suficiente resiliencia creativa para adaptarse a un panorama de crisis emotiva, y de carencias socioeconómicas. Pero esta fuerza resiliente se obstruye cuando la sexualidad de los adolescentes es prejuiciada por las iglesias y las morales mas retrogradas de nuestras organizaciones educativas e institucionales. En el Perú a diferencia de las repúblicas hermanas de América Latina subsiste un fuerte trauma conservador que venimos arrastrando desde la Colonia y que es una de las razones de nuestra carencia de afectividad por nuestra nación. Nos hicieron avergonzarnos de nuestra identidad y a la larga de nuestros cuerpos.

Creo con algo de racionalidad que hoy en día  el machismo debe ser detenido tajantemente. Pues es una psicología que no quiere entender que las mujeres tienen derechos y son libres como los hombres. Toda violencia irracional contra la pareja habla de un hombre que no sabe dialogar y que no tiene educación, que no es capaz de amar sin celos y autoritarismo. Si se desea ingresar en una relación de pareja se debe advertir si se posee la suficiente madurez racional para compartir y tener confianza en la pareja. El amor es un lazo que implica un proyecto de vida, y no una cárcel de dolor para la pareja. Aunque hoy la autonomía que desarrolla la mujer intimida al hombre y desata sus celos, el hombre no debe dejarse llevar por las intrigas y  la maledicencia de las personas. Si el amor se acaba, se debe reaccionar de modo racional y aceptar que el cariño y el afecto no es el mismo. No debe imponer por la fuerza una atadura que lo daña psíquica mente, y que vulnera a la mujer. Aunque hoy en día la infidelidad está en todos lados las personas no deben recurrir a la violencia para imponer autoridad. Se debe dejar al sistema educativo y al rol de los hogares para que se eduque a las parejas a respetarse y quererse como un real proyecto de vida con hijos y emprendimientos económicos. Si quieres amar con efervescencia, primero fíjate si te amas a ti mismo. Sino estarás buscando un padre o una madre que te de sexo, y no real amor de pareja. Esto es fácil de argumentar, pero implica una reingeniería de la realidad, y extracción o invitación de todos aquellos silencios y psicologías que van mas allá de la mente que el sistema de cosas no ha dejado evidenciar por temor a la evolución de la especie, y valgan las verdades, por una increíble complicidad de los dizque oprimidos para intentar alterarla.

No se debe condenar como retrogrado la sexualidad en los sectores de la sierra, y en el conservadurismo de los sectores populares. El cuerpo es una construcción que demanda autoconocimiento y emancipación. Y en ese sentido, se debe modernizar las relaciones sexuales de los sectores rurales y populares entendiendo su matriz cultural y psicológica de vida. No hay que imponer ideas eurocéntricas de liberación sexual, sin conocer la sexualidad de estos sectores para despertar un cuerpo más plural. Hay que enseñar que cada persona es dueña de su cuerpo y que la sexualidad es un regalo, que no debe chocar con la cultura tradicional de los pueblos. El conservadurismo de nuestra cultura debe ser barrido apelando a una  liberación y desarrollo progresista de la cultura en su conjunto. Condenar a los sectores rurales como retrógrados es no conocer como despertar la sexualidad de estas poblaciones sin desagregar los hogares o las relaciones de pareja que se dan en estos sectores.

El movimiento de mujeres debe entender y es solo una sugerencia sin oídos, que la transformación emancipada de nuestros cuerpos como cultura moderna, pasa por la evolución antropológica de nuestra cultura peruana, y en la manifestación de su esencia mitológica. El individualismo sexual debe erosionar el racismo implícito que se vive en el país; pues sólo una sexualidad enérgica es capaz de romper un racismo que separa los cuerpos en la medida que lleva la equidad  de género a todas las culturas. Pero esta idea esta aún por reconocerse. Ni los hombres, ni las mujeres, y menos las minorías sexuales están decididas a romper esta realidad, pues viven en la oscuridad de un mundo de sectas y estrategias. En la luz publica la norma es la separación etnocéntrica, y en la noche privada es la búsqueda democrática de la muerte de las razas. Una gran paradoja.

El feminismo en el Perú tiene hoy en día un destacado rol progresista. La mentalidad de género es un aprendizaje que debe ser transversal a toda política pública y educativa. A pesar del rol conservador de la iglesia, se debe enseñar a los adolescentes a saber hacer un uso respetuoso y racional de sus cuerpos. Hoy el erotismo debe ser practicado sin barreras étnicas y de clase. Y no debe verse como algo sucio e inmoral. En ese papel toca a las mujeres luchar por una equidad de género que también eduque a los hombres y los saque del machismo. Aunque en el coito exista agresividad como placer, pues es sólo una parte de ese momento de hallazgos de si mismos, es un lenguaje que no es lenguaje, este no debe ser proyectado a las relaciones sociales entre parejas. Debe contenerse la energía erótica para sublimarla en otros menesteres, o en otros ámbitos de la vida social. El feminismo es una fuerza progresista en la medida que se una a las luchas de liberación de la sociedad civil, y transforme la mentalidad de género de las personas. Ese es su rol histórico y no conservador.