Punto de Encuentro

El desgaste del fin del poder

“La política debería ser la profesión a tiempo parcial

 de todo ciudadano”.

Dwight D. Eisenhower

Los que no saben de política y opinan como tal de política, son tan dañinos como los políticos más corruptos. Puede sonar exagerado, pero la corrupción de la opinión pública, por parte de los medios, de los agentes económicos o de la efervescencia de las redes sociales, termina por asestar golpes muy duros a la democracia. Crean la desconfianza y aleja al ciudadano, y a la propia clase política, de las soluciones reales a los problemas sistémicos.

Sin control alguno, por el sentido común ausente, la visión negativa de la clase política y de los ciudadanos de a pie, no hace sino sembrar las semillas del rechazo absoluto al sistema, lo más triste es que es por incomprensión de las herramientas que, el propio sistema, brinda para corregir sus distorsiones.  El mayor fallo en la actual política peruana , sino latinoamericana, obedece a la  inoperancia sustantiva del entramado funcional de las instituciones y su divorcio de los demás componentes de la estructura.

La ausencia o ignorancia decidida de los pilares del propio sistema institucional democrático del Perú, constituye  el centro del problema y a la vez, el problema más ignorado. Nos quedamos estancados en los síntomas y olvidamos las causas de la enfermedad. Hablo de la reforma política que no puede sino empezar por el papel de los partidos políticos como “fábrica” de ciudadanos y de políticos con todas las sílabas  bien puestas.

¿Pero que poder tienen los partidos actualmente?

¿Qué funcion cumplen? ¿Tienen un papel real en la democracia peruana?

A estas interrogante hay que responder que tienen todo el poder porque el sistema es partidario. Cumplen la función central del sistema porque es partidario. Y no tienen un papel real porque no existen como tales. 

Una encrucijada difícil pero urgente de afrontar. El tema es cómo.

El Perú tiene una democracia sostenida por el sistema de partidos políticos , aunque no haya auténticos partidos políticos funcionales . ¿Cómo puede funcionar entonces el sistema  sin los protagonistas del sistema?  

Un debate serio sobre los partidos pasa necesariamente por revisar los criterios de amalgamación de las agrupaciones (ideario, ideología, doctrina o como quieran llamarlo), la lógica de democracia interna y toma de decisiones (elecciones, postulaciones y liderazgos), los programas de capacitación de militantes y líderes en asuntos de Estado (formación de decisores públicos), la conexión con los grupos de interés a los que pretende representar (enlace con la ciudadanía y actores sociales para atender la agenda pública y la generación de políticas públicas ), la legitimidad de los representantes (mecanismos de control interno y garantía de participación), la estructura funcional y la vitalidad de las mismas (adecuación a las dinámicas sociales actuales), la incorporación de simpatizantes (apertura) y, por supuesto, el financiamiento partidario (independencia económica).

Si evaluáramos a “los partidos“ actuales ¿Cuántos creen que podrían responder sanamente a estos criterios?   Sin temor a equivocarme, creo que  el 100% tiene debilidades en 4 o más criterios de los señalados. Lo que obviamente decanta en la debilidad de todo el sistema político porque, como he venido señalando, la democracia peruana es un sistema sustentado en los partidos políticos.  

Los principios como separación, balance e independencia de poderes y todos los temas que han estado en boca de los lideres de opinión estos días, no son más que la expresión sustantiva de las acciones que se emprenden dentro de la discrecionalidad que los partidos deberían inculcar en sus militantes y decisores ¿o la falta de ella?

Y es que al final lo que realmente es valioso para una democracia es la forma en la que los hombres y mujeres de la sociedad se forman para la vida colectiva: su cultura política. Porque la política debería ocuparnos a todos, parcialmente, pero en serio.