Punto de Encuentro

Acosando las libertades, caso Lescano.

Con autoridad los penalistas del país analizan el artículo 176-B (delito de acoso sexual), uno de ellos indica que cuando “una mujer que es acosada sexualmente, a la primera corta una relación de este tipo (…) la ley penal exige que la víctima tiene que rechazar en todo momento las actitudes por parte del acosador” (L. Lamas Puccio); a su vez, otro abogado ha mencionado “yo no le podría decir a una amiga, oye cómo está tu delantera y cómo estás acostada, eso va más allá de la amistad (…) ella da inicio a la conversación (…) ella le dice hasta aquí nomas”; de igual forma, Caro Coria refiere “ella le responde que la está faltando el respeto y que está yendo más allá de la amistad”, interpretando con ello la ausencia de consentimiento.

En sí, el artículo 176-B del Código Penal indica: “El que, de cualquier forma, vigila, persigue, hostiga, asedia o busca establecer contacto o cercanía con una persona, sin el consentimiento de esta, para llevar a cabo actos de connotación sexual, será reprimido (….)”. Es decir, no antepone la condición de continuidad; aunque, debemos anotar que la norma matriz de este tipo penal, el artículo 176, denominado “tocamientos, actos de connotación sexual o actos libidinosos sin consentimiento”, se describe en plural, lo cual sí implica continuidad, y antepone que ello sea sin consentimiento (el mismo que según la doctrina debe ser expreso y convincente). Ante ello, si bien podemos advertir que el tipo penal se encuentra mal redactado y mal ubicado dentro del programa de delitos del Código; pero, sin perjuicio de ello, constitucionalmente debemos analizar el meollo de la discusión, la libertad sexual para este delito.

En el caso, el principio constitucional en debate es la libertad, ¿Cómo podríamos diferenciar hasta qué nivel una frase o palabra es móvil de acoso?, ¿Desde que momento podríamos decir que se da un acoso?. Dilema que aplicado al caso nos pone en conflicto entre la libertad sexual y la intimidad personal o la libertad de expresión. A todo esto, el Tribunal Constitucional ha establecido sobre el primer derecho: “La libertad sexual está referida a la libertad de disponer de la sexualidad propia. Éste comprende una faceta positiva, referida a la capacidad de disposición, sin más límite que la libertad ajena; y una faceta negativa, referida a la capacidad de rechazar proposiciones o actos no deseados” (Exp. 08/2012/PI/TC).  

Como podemos evidenciar, es un hecho muy casuístico, es decir, de resolución o análisis sobre cada expediente o denuncia que acontezca, donde el parámetro que sí se podría utilizar sería, el consentimiento o rechazo evidente (o al menos deducible objetivamente desde la máxima de la experiencia). Ante ello, la situación sentimental pre existente queda relegada, siendo quizá un factor que refuerce el argumento previamente considerado, pero no es determinante. Creo que esta condición salvaría los derechos en conflicto propuestos (libertad sexual vs intimidad personal o libertad de expresión).   

El sensacionalismo propiciado por la ira primitiva nos ha conllevado a tocar estos temas de alta importancia desde la irresponsabilidad. Quizá inicialmente lo ameritaba en una población tan compungida por la poca formación cívica de sus ciudadanos, pero justo esa es nuestra actual tarea, tratar de brindar alternativas lógicas a los problemas vigentes, respuestas decorosas con nuestra evolución democrática, a fin de que no se mancillen honras con denuncias utilizadas y tampoco queden en indefensión las víctimas de dichos delitos.

Master en Derecho Constitucional por la Universidad Castilla La Mancha - Toledo – España.

Especialista en Justicia Constitucional por la Universidad de Pisa – Italia.

Maestro en Derecho Constitucional por la UNFV. 

Profesor en Derecho Constitucional. 

Ponente en temas de Derechos Fundamentales en diversos eventos académicos.