Punto de Encuentro

Escenario post confianza: la lucha social e institucional contra Vizcarra continúa

Para todo efecto práctico ayer se han notado 3 corrientes parlamentarias: la primera de los que apoyan al Gobierno sin condiciones o por chantaje, una suerte de junta de intereses personales, aspiraciones ministeriales o incluso comerciales, destacan allí nítidamente los 34 votos de la expresión mayoritaria y pareciera oficial de Fuerza Popular, quienes optaron por no defender los fueros parlamentarios y rechazar la inconstitucional carta del inexperto e ineficiente Del Solar; básicamente optaron por ganar algo de tiempo con poca dignidad, una suerte de blindaje diferido a Vizcarra en su posible intento por cerrar el parlamento más adelante, aceptando la legalidad de su planteamiento de confianza.

Un segundo grupo son los ultras que buscan la desestabilización total para avanzar hacia su plan de la Asamblea Constituyente, querían el cierre del Parlamento y la agudización de la crisis. Con ello pensaban avanzar hacia la venezolanización del Perú, apuntando sus dardos al cambio del capítulo económico de la constitución del 93, curiosamente estimulados también por el Ministro de Justicia Zeballos. Básicamente el comunismo parlamentario ha buscado el cierre del parlamento para acelerar su esquema. Afuera, en la calle y las regiones tejen alianzas y conversan con Goyo Santos, Aduviri, Antauro Humala, Cerrón, etc. Ellos han elegido votar por fanatismo. 

Sin embargo quiero destacar una tercera posición en donde se encuentran los 5 votos unitarios de la Célula Parlamentaria Aprista, de gran argumentación y exposición, algunos de la minoría de Fuerza Popular como Bartra, el de Salvador Heresi, el de Víctor Andrés García Belaúnde que han defendido la dignidad del parlamento y le dijeron a Del Solar que no votan por su confianza porque su pedido está fuera de los límites de la constitucionalidad –como lo han dicho el 90% de académicos consultados por medios-  y además porque confiar en un Gabinete a todas luces ineficiente no es colocarse del lado de los problemas de la gente, actuales y latentes. 

La oposición al mal Gobierno de Vizcarra debe reordenarse y reagruparse: primero desde el orden de la defensa y lucha por los valores institucionales y democráticos, como correctamente lo ha hecho la “Coordinadora Republicana”, esfuerzo en donde destacan Ántero Flores Araoz, Hugo Neira, Roque Benavides, Angel Delgado, Domingo García Belaunde, María del Pilar Tello, Ernesto Alvarez Miranda, Víctor Andrés Ponce, entre otras personalidades. Denunciar en todos los tonos el intento de instalar la democracia plebiscitaria, la criminalización de la política y la imposición del pensamiento único en la vida cultural y académica del país es vital y necesario; un combate que abona también para recuperar la confianza de algunas élites liberales que estaban a la deriva y sumarlas en el esfuerzo de construir una gran corriente de opinión, en donde tampoco se vete la posición de los conservadores. 

Pero la nueva oposición -más allá del parlamentarismo- debe articularse también desde el campo de la lucha social ante un Vizcarra que parece no importarle el aumento inocultable de los crimines al paso, de la falta de oportunidades laborales, del aumento del costo de vida, de las demandas de un agro olvidado, del abuso de los peajes frente a los cuales nadie parece tener valor para reaccionar, de la falta de oportunidades para los pequeños productores, para los emprendedores. Una oposición con propuesta popular y radical, pero democrática. Que enarbole un programa de cambio social para que la gente viva mejor y no solo sienta que una pequeña oligarquía mercantil y empleados usufructúen el Perú.  

La única posibilidad de hacerle frente a un stablishment que ha logrado rendir a la mayoría parlamentaria y a una parte del Sistema de Justicia es combinando la lucha institucional y la lucha social, cerrándole el paso así también a las opciones autoritarias chavistas que buscan ganar ante el caos. 

Enrique Valderrama