Punto de Encuentro

Un Plan País, dentro y fuera del país

@nancyarellano

Hablar del Plan País es urgente; no solo en cualquier país que se precie de tal, sino más aún en uno como Venezuela donde hace tiempo nos torcieron el rumbo, aquí es imperativo. Pero ese Plan País en manos de las fuerzas democráticas, que hasta ahora esboza  la retoma del sentido común, de los principios básicos de Estado de Derecho, de servicio público y de economía de mercado con enfoque social, tiene que abrigar no solo el espacio fronterizo de nuestros más de 900mil kilómetros cuadrados.

Un plan más allá de las fronteras en un mundo globalizado

El Plan País, debe sortear las fronteras y estar en la cabeza y en corazón de cada venezolano en el mundo. Debe tratarse de enrumbar todas las piezas para articular una Venezuela como debe ser Venezuela. 

Recientemente el presidente del Banco central de la Reserva en Perú, Julio Velarde, se pronunció  favorablemente sobre las modificaciones impositivas hacia los venezolanos para considerarlos “sujetos domiciliados” y con ello gravar el impuesto de manera proporcional a los ingresos. La legislación vigente pecha a los venezolanos con 30% de retención de impuestos, por todo un año fiscal, así ganen el salario mínimo ( S/930 ) lo cual termina, lamentablemente, siendo un empujón a la informalidad. 

El Perú apoya la formalización de los venezolanos.

Hay que agradecer al Perú por apuntar a la formalización de los venezolanos. Por abrirse a cooperar para enfrentar una migración sin precedentes desde Venezuela y sin reciente referencia en el Perú. 
Este no es un tema nuevo y desde la Embajada de Venezuela en Perú, bajo el liderazgo del embajador Scull, hemos venido trabajando y entregando propuestas específicas estos meses: equidad impositiva, acceso al crédito y cauce al empleo formal para contribuir a la economía peruana. Son los tres pilares de una armonización efectiva de nuestra migración. Son parte del Plan País, fuera del país. Porque los venezolanos que hagamos parte de esta nueva etapa de nuestra historia, debemos hacerlo desde lo correcto. Proponiendo soluciones, activos en aportar, claros en fomentar desarrollo.


La equidad impositiva: apunta al tratamiento igualitario para los ciudadanos venezolanos. No pagar menos, no pagar más. Sino acorde a la legislación vigente de forma proporcional al ingreso. Esta propuesta se vino conversando con la Vicepresidencia, Sunat, MEF, voceros del congreso; no por capricho, sino porque nos preocupan las consecuencias que tienen al presionar la informalidad y empujar a la baja el mercado laboral, causando incluso riesgos de competencia pseudodesleal, como atino a llamarla, porque se da por la necesidad de la migración forzada.

Acceso al crédito: actualmente el documento PTP no puede ser usado para la tramitación de créditos, lo que impide que casi el 60% de la migración venezolana pueda acceder al apalancamiento bancario para emprender, para adquirir instrumentos de trabajo o responder ante emergencias. Para hacer crecer la economía con mayor fuerza. Esta propuesta se ha venido conversando con distintos actores, Vicepresidencia, MEF y el órgano competente, Superintendencia de Banca y Seguros. 

Cauce al empleo formal: Los venezolanos tenemos un alto grado de formación técnica y profesional, lo que hace que nuestra migración, aún con el impacto de la más reciente donde priman los vulnerables, cuente con más del 52% de personas con acreditaciones académicas para ocupar plazas de trabajo calificado. Hablamos de una fuerza productiva, en la que el Estado venezolano ha invertido por más de 50 años, y que hoy en Perú suma más de 450,000 personas. Es de interés para el Plan País, dentro y fuera, que estos profesionales no pasen a formar parte de la informalidad, no se desactualicen y dejen de integrar experiencias a sus saberes. Por ello con el MINTRA, MINEDU, MINSA y por supuesto con SUNEDU se ha entregado un plan de incorporación.

Debemos ser ejemplares, las circunstancias lo demandan.
Apostamos a zanjar positivamente el desafío de la migración logrando la integración en los retos nacionales del país receptor, al tiempo que asumiendo las responsabilidades correspondientes como país de origen. Tenemos que cumplir con el doble imperativo del momento. Nos jugamos el futuro del gentilicio y con ello la identidad y las oportunidades de los nuestros. En un mundo globalizado, lo que hagamos dentro afecta lo que pasa afuera, y lo que seamos afuera impacta en lo que acontece adentro. No perdamos esto de vista.

Por ello, no caben dudas de que hay que hacer lo correcto.

Venezuela necesita hoy la mejor cara de sus hijos dentro y fuera de sus fronteras. Porque necesitamos redoblar esfuerzos en contribuir, desde cada espacio de acción, para la reconstrucción de Venezuela. 
La efectiva recuperación de competencias de Estado se irá capitalizando gracias al apoyo internacional al liderazgo consecuente del presidente (E) Juan Guaidó y los representantes del servicio exterior; si, pero trabajando de la mano con los ciudadanos desde cualquier rincón. Con organización y asumiendo que este camino se hace con los granos de aporte de cada uno. 

Hay que tener persistencia en la ruta y mantenernos unidos en la meta y en el camino. Los primeros que tenemos que legitimar el papel de los actores democráticos somos todos y cada uno de los ciudadanos que hoy nos sentimos representados en este gobierno encargado de devolver la democracia plena a nuestro país y de velar por el bienestar de los que nos encontramos en el exterior, en una migración mayoritariamente forzada por las condiciones infrahumanas a las que el régimen condenó a las mayorías en su impericia para la gestión pública y su avaricia en el manejo de las arcas del Estado.

Queda mucho por hacer; pero hay que avanzar con paso firme y amparados en ese Estado de Derecho que vamos a recuperar… porque es lo correcto. Tenemos que estar absolutamente convencidos de qué es lo correcto.
Hay días en los que todos tendemos a pensar cuánto tiempo más, cómo va a resolverse, quién podrá ayudarnos. Hoy estoy convencida de que es una tarea titánica, sí, que solo podrá encontrar curso en la suma de las voluntades y acciones de los que amamos a Venezuela. De los que genuinamente creemos en que nuestro país es nuestro derecho y un espacio de realización humana que cuenta con todas las condiciones para resurgir y enmendar los errores del pasado. 

Es una tarea colectiva para los que no podemos concebir que Venezuela sea tratada como un botín de guerra; en la cosificación que aplasta vidas con el poder de una bota confiada por el honor que debiera ser pertenecer a las Fuerzas Armadas de la nación. La fuerza de la razón debe imponerse a la brutalidad y debe imponerse al desespero. Esa es nuestra mayor tarea.

Eso implica hacer bien lo que hay que hacer bien. Estemos en la posición en la que estemos. Todos sabemos qué es lo que hay que hacer y cómo hacerlo bien. En su trabajo, en su comunidad, en su familia.  Y si usted aún no lo sabe, basta con ponerse a la orden, en donde sea que usted se encuentre, de los lideres sociales, comunitarios, políticos y de representación del legítimo gobierno… porque hoy hacen falta manos dispuestas, mentes brillantes y talentos voluntariosos para afrontar los retos que tenemos la responsabilidad histórica de afrontar en todos los rincones inimaginables de nuestra nación dilatada, pero eso si, jamás desmembrada. 

Creo que muchas de las reflexiones aquí dichas, la verdad… no tienen nacionalidad porque los retos de la democracia están presentes siempre. Urgen, eso sí, cuanto más débil ésta se encuentre.