Punto de Encuentro

Toledo: el arte del robo

La decepción es general, los últimos presidentes están con serias acusaciones de peculado, algunos están presos; pareciera que todos los presidentes llegan para robar.

En el siglo antepasado el Presidente Mariano Ignacio Prado ordenó la compra de dos barcos de guerra en Estados Unidos, connotados marinos fueron a traerlos, la travesía duro 15 meses y fue catalogada de hazaña, lo que pocos sabían es que se pagó tres veces su valor por los acorazados “Atahualpa” y “Manco Capac” y que eran barcos para navegar en río. Llegaron al Perú antes de la guerra con Chile y solo sirvieron como baterías flotantes, uno en el Callao y el otro en Arica, ambos terminaron hundidos por los propios peruanos cuando ya todo estuvo perdido. Al hijo de Prado los peruanos lo eligieron Presidente dos veces el siglo pasado.

Toledo nació pobre, el chico lustrabotas derrotó a la pobreza, se educó en Estados Unidos, conquistó a Eliane y encarnó la lucha contra la dictadura de Fujimori, todos creyeron en él. Hizo historia, no tenía necesidad de robar, iba a ser reconocido, pero al igual que muchos llevaba en la sangre el ADN del mafioso, del ladrón.

Ahora el Cholo de Harvard está preso en Estados Unidos esperando su extradición. Cuando el FBI intervino su casa encontró 40,000 dólares en una maleta y un millón de dólares en efectivo, más claro ni el agua. El plan de fuga del cholo quedó trunco. Le espera una condena de 25 años, el cholo morirá en la cárcel.