Punto de Encuentro

“Pico y Placa” que nada aplaca

Han transcurrido los cuatro primeros días de la implementación del plan “Pico y Placa” que restringe la circulación de vehículos según el número de placas en ciertas avenidas de Lima, iniciado con una primera etapa que comprende la Panamericana Norte y Sur, el corredor Arequipa-Garcilaso-Tacna y el corredor Javier Prado-La Marina, que –a partir del lunes 05 de agosto- incluirá también la Vía Expresa de Paseo de la República y la Avenida Canadá, fecha en la cual se empezará a imponer sanciones pecuniarias de hasta S/. 336.00 y 20 puntos menos en la licencia de conducir.

Más allá de que nos guste o no la medida, creo que resulta importante realizar algunas críticas sobre las medidas ediles que tenemos que sufrir los limeños cada vez que a nuestros geniales Alcaldes se les ocurre una que otra “ideota”.

Si se piensa que los causantes del tráfico y caos vehicular en la capital somos los que tenemos carro y lo usamos, estamos ante un terrible error de concepto. Para empezar, el tener o no un vehículo es parte del derecho de propiedad que todo ciudadano tiene y ejerce en un modelo económico social de mercado, basado en el esfuerzo personal, la iniciativa privada y el ejercicio de la libertad individual. De mayor incidencia en el problema del tráfico limeño, además de la infraestructura inadecuada, es el pésimo “sistema” de transporte público (si es que el que existe se puede calificar de tal) totalmente desarticulado –no integrado, sino por tramos-, insuficiente, acéfalo (o policéfalo) y al borde del colapso, a lo que se debe añadir el desorden generado por los colectivos, combis, taxistas y mototaxistas informales que abundan en todos los distritos y principales avenidas de Lima, y que ninguna autoridad edilicia ha enfrentado en serio. O es que olvidamos que en plena Avenida Wilson (Garcilaso de la Vega), la gente toma el colectivo a mitad de la calle a plena vista y paciencia de los “inspectores municipales” de tránsito, cuyo trabajo consiste en poner y quitar conos para que pasen los buses del corredor. O la propia Avenida Arequipa, donde todo el mundo sabe y se moviliza en colectivos que nuestras autoridades no son capaces de identificar, porque no se les ocurre hacer un trabajo de inteligencia para detenerlos. Si a eso se le suma la inseguridad ciudadana que va en aumento, tenemos al panorama que explica perfectamente por qué los limeños con carro no estamos dispuestos a dejar nuestros vehículos para movilizarnos utilizando el servicio público de transporte que, además de más barato, debería ser menos estresante.

Por otro lado, en cuanto a la implementación en sí de la medida. Quien esto escribe no es ingeniero vial, pero sí tiene sentido común… Alguien me puede explicar ¿cómo va a llegar un estudiante que se traslade desde La Punta, en el Callao, hasta el distrito de La Molina para una clase a las 8 de la mañana en su universidad usando el “sistema” de transporte público, si los corredores por esa ruta sólo salen de la Avenida Faucett con La Marina? O, en el caso de un conductor que deba hacer el mismo trayecto en plena hora de restricción, ¿qué ruta alterna habrá de seguir para llegar a La Molina si las Avenidas Canadá y Javier Prado están restringidas? ¿Acaso esta medida no va a afectar la economía de los usuarios y favorecerá una economía paralela (entiéndase informal) de los colectiveros, que ahora ordenarán los días de servicio encareciendo sus tarifas?

Un aspecto adicional. En los países donde se han aplicado medidas similares, como Colombia, Chile o México, la motivación ha sido principalmente la contaminación y la racionalización del abastecimiento energético (tal como sucedió en Lima cuando fue implementado por el General Velasco, por la década del sesenta); pero no para disimular la incapacidad municipal para el reordenamiento de tránsito, debido a que implica una seria restricción de derechos fundamentales que, para empezar, sólo es admisible por norma con jerarquía de ley.

Sin embargo, todo parece indicar que el señor Muñoz se ha comido el cuento que sacando a los vehículos particulares este problema se va a solucionar como por arte de magia, tal cual lo ha afirmado públicamente en su evaluación del primer día, pero olvidando que tanto los colegios como las universidades están de vacaciones. Qué sencillo es complicarle la vida a los privados, cuando faltan pantalones para enfrentar a una lacra que también es parte de nuestros serios problemas estructurales como sociedad y que hasta ahora sigue pasando desapercibida: la informalidad (en este caso en el transporte público). Indiscutiblemente, en este tema, la pita se ha roto por el lado más débil.

O ¿es que, en el fondo, lo que quiere el señor Muñoz es “fomentar”, a como dé lugar, que los limeños utilicemos un Metropolitano que está colapsando para salvar a la empresa que presta dicho servicio? No sería la primera vez que el señor Muñoz hace algo así. Basta recordar cómo “remodeló” el centro de Miraflores quitando estacionamientos públicos en plenas Avenidas Larco y Diagonal y el consiguiente incremento de “inspectores” municipales en calles aledañas, para que los visitantes utilicen, casi obligados, el estacionamiento privado subterráneo que concesionó.

El tema, por ende, creemos que no pasa por restringir o prohibir, sino por ordenar, y la autoridad edilicia precisamente existe para eso, para ordenar o, por lo menos, para intentar hacerlo, pero en serio y con decisión y voluntad política.