Punto de Encuentro

La selectiva valentía presidencial

En nuestra columna de la semana pasada abordamos el planteamiento presidencial de adelanto de elecciones y la constante actitud beligerante con un Congreso que, aunque con todas sus taras y defectos, es la institución donde se concretiza la representación política del país, obviamente mediocre, desarticulada y paupérrima. Y aunque la idea de esta semana era abordar otro tema del acontecer nacional, los audios difundidos donde se escucha a un Presidente condescendiente y contemplativo con el desorden y la turbulencia social que ha generado el proyecto Tía María en Arequipa, justifican dedicar algunas líneas al desenvolvimiento presidencial.

Si bien las palabras del Presidente pueden no suponer ningún tipo de ilícito, no estamos muy seguros si ellas son inocuas respecto de algunas disposiciones constitucionales que –a modo de lineamiento de acción política general, válido para todo funcionario público- obligan al primer mandatario a priorizar los intereses nacionales en cada uno de los actos de gobierno que adopte, por encima de sus propias creencias e intereses y más allá –también- de los intereses sectoriales, lugareños o focalizados de cualquier región del país.

Escuchar a un Presidente que participa en un diálogo con una idea preconcebida sobre la solución, o incapaz de analizar el contexto íntegro de una decisión claudicante de clara trascendencia nacional, genera –por lo menos para quien escribe estas líneas- una sensación de incapacidad para decir “no” o sobreponerse a la bulla, la presión, el tumulto y el amago de violencia que nos recuerda a un enfrentamiento barrial más que a la política de altas ligas, pues parecería que estamos ante un Presidente fácilmente manipulable, sin horizonte claro ni preestablecido, que se deja conducir por el escándalo y sus propios temores.

En dicha lógica, todos estamos advertidos que si mañana se junta buena cantidad de peruanos que pagan impuestos que deciden no continuar pagándolos –por estar insatisfechos con la ineficiencia con que se administran, les bastará con tomar una carretera, causar unos cuantos disturbios, conseguir algunos enlaces microondas y entrevistas en medios de comunicación siempre prestos al show y… ¡Oh maravilla!... ¡el adiós a los impuestos está garantizado de antemano!, aunque después se tenga que poner en aprietos a un órgano “autónomo y técnico” que dependa del Ejecutivo para buscar “el sustento” de tal medida. De esta manera, la razonabilidad, la capacidad de análisis y la firmeza que debe tener un auténtico estadista para cautelar y no desprestigiar el cargo que detenta, terminan siendo reemplazadas por una autoridad “títere” y pusilánime muy lejana de los fundamentales ideales de una auténtica República, donde debe quedar claro que un país serio “no puede negociar con revoltosos”, pues tal actitud siempre abre la puerta a la corrosión institucional y el debilitamiento de la autoridad.

En nuestra opinión, lo más grave de la actitud del Presidente es que olvida que, cuando la Constitución nos señala que los recursos naturales “son patrimonio de la Nación” (primera parte del Art. 66), éstos deben ser “soberanamente aprovechados” en beneficio de ella, entiéndase de toda la Nación, y no solo escuchando a los lugareños o a la población que rodea la zona económicamente atractiva, más aún cuando se ha demostrado, en muchas ocasiones, que esas protestas y su aparente preocupación ambiental ceden –de manera muy diligente, por cierto- cuando las condiciones económicas ofrecidas por las empresas son mejoradas sustantivamente, sin mencionar los condicionamientos ideológicos detrás de dicho proceder.

Parecería que nuestro Presidente tiene una capacidad “auricular” selectiva que lo lleva a escuchar solo lo que quiere y le conviene, y –así- cuando del Congreso se trata, solo atiende a los renegados del mismo, haciendo caso omiso a los que también creemos que el Ejecutivo no está siendo ni diligente ni efectivo en los diversos ámbitos de la gestión gubernamental. De la misma manera, cuando de enfrentar un conflicto minero se trata, nuestro Presidente solo escucha a aquellos que difunden una pseudo posición “ambientalista”, pero sin siquiera imaginar –en un preocupante olvido de su tan pregonada “democracia participativa”- que muchos de los 30 millones de peruanos que somos la “Nación” sí queremos minería, con rigurosos estándares ambientales, y con un accionar del Estado planificado, firme y orientador de una actividad privada que siempre debe estar bajo estricta supervisión.

Esta “selectividad presidencial” para escuchar, no es sino una constante del comportamiento político del actual Presidente, quien también es convenientemente acotado cuando de escoger sus frentes políticos se trata: muy valiente, confrontacional y proactivo con un Congreso debilitado y en crisis –sin preocuparse por advertir las causas extrínsecas de ello (como el nefasto fraccionamiento del sistema político, un sistema electoral engañoso y la ausencia de partidos políticos institucionalizados)-, pero bastante “tolerante” y “receptivo” con ideologizadas y blandengues autoridades locales y regionales que, lamentablemente, no han entendido que la descentralización y los intereses sub-nacionales deben estar subordinados a una visión integral del Estado sustentada en los principios de solidaridad y lealtad regional, tal y como lo ha señalado nuestro Tribunal Constitucional en la STC N° 00001-2012-PI/TC (Caso “Proyecto Minero Conga”).