Punto de Encuentro

Precio de medicinas

Por Antero Flores-Araoz

Muchas personas se quejan de lo caro que son los medicamentos en el Perú y, quieren encontrar causalidad con el hecho de que existan cadenas de farmacias y piensen que existe concentración en el mercado, pese a estar probado que el gran porcentaje de farmacias no está en cadenas y que, si lo estuvieran, por la administración centralizada, los precios serían menores.

Hay dos formas complementarias a los medicamentos genéricos, con las cuales se podrían bajar los precios de los fármacos o medicamentos en nuestro país y, los dos dependen del Estado, uno es terminar con el exceso de trámites y requisitos para obtener permisos, registros y autorizaciones; y el otro facilitar el expendio de las especialidades farmacéuticas a través de dispensarios del Sector Público.

Aterricemos.  Dependiendo del Ministerio de Salud se encuentra la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (DIGEMID) y la Dirección General de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria (DIGESA). Mientras que la primera tiene por objetivo fundamental lograr que la población tenga acceso a medicamentos seguros, eficaces y de calidad y que estos sean usados racionalmente, para lo cual, después de trámites morosos e inimaginables otorga los registros, autorizaciones y permisos, sea para su fabricación como para su importación y comercialización.

La segunda, se encarga de la calidad del agua para consumo humano, el manejo de residuos sólidos de establecimientos de salud, servicios médicos de apoyo, cementerios y tratamiento de cadáveres, siendo autoridad nacional de salud ambiental e inocuidad alimentaria, para lo cual, en su campo competencial, emite autorizaciones, permisos y registros.

Como una de las soluciones, para la autorización de importación y comercialización de insumos farmacéuticos y productos terminados medicinales para su consumo, debería bastar la validación automática y hasta por el término de ella, de las que se hubieren dado en otros países, considerados de alta vigilancia sanitaria que podrían estar enumerados en una lista que apruebe previamente el Ministerio de Salud. No tiene lógica pedir infinidad de requisitos, pruebas y certificaciones, para medicinas e insumos originarios en países de altos estándares de calidad, pues no tenemos ni los laboratorios ni las investigaciones que siquiera se acerquen a las de países altamente desarrollados.  Tenemos que ser realistas.

La otra solución complementaria, pero aún incipiente es que el Estado a través de sus dispensarios pueda expender medicinas, lo que de suyo ayuda a regular los precios.  Esto ya sucedió varias décadas atrás cuando un Ministro de Gobierno, hoy sería Ministro del Interior, puso puestos reguladores de alimentos en mercados.  Se terminó con el acaparamiento, especulación y adulteración sino además con el desabastecimiento y abuso de posición de mercado.

Como vemos, se puede resolver la problemática expuesta con sencillas medidas normativas, que lejos de complicarnos, simplificarían las cosas, con el favorable resultado a quienes se medicinen, de tener sus medicamentos a tiempo, de calidad y a precios razonables, al abaratarse costos por la reducción significativa de trámites, análisis, investigaciones y pruebas, cuando ya se han hecho en países muy desarrollados y de alta calidad farmacéutica.