Punto de Encuentro

Lumpen

No hay nada en el mundo más corrupto, más falso, despreciable y cruel que esa HIDRA de mil cabezas que se llama LUMPEN. Algunos poetas han cantado con unción a estos vericidas, atribuyéndoles bondades que le son desconocidas. Manga de torpes todos ellos. El Lumpen no es honesto, ni valiente, ni heroico. Es astuto, vengativo y traidor. Es vulgar, inmisericorde y sanguinario. Actúa así porque carece de todo ideal. Son seres inferiores. No debemos olvidar que los castrados espirituales se envilecen, se venden a cada instante. Estos descendientes de CAIN carecen de imaginación. No han creado nada positivo, excepto orgia, tumulto, desorganización, patíbulo y traición.

Necios historiadores que nunca aciertan, creen que las grandes epopeyas de la humanidad fueron logros de la fuerza, sin que para ello haya necesidad de un genio conductor, de un líder, no es así, los pueblos civilizados siguen al estadista que los guía. Él es el ejemplo de grandeza humana. Los hombres desde lo lejano de los tiempos siempre buscaron hacer realidad sus ansias de construir un pueblo continente de pan con libertad, haciendo que la historia sea una suma permanente de valores. De solida verdad, como antesala de la justicia.

Los incultos son ventajistas, medran, son genuflexos y serviles ante el gerifalte de facto.

Esas minorías obtusas de mente, adoran sus cadenas, las aman, son ventrales. Están prestos a participar en todos los magnicidios por el insolente grito del mandón y de los caudillos desbocados.

Ellos carecen de principios, de convicciones.  Al mismo líder que vitorean hoy, abandonan al día siguiente. Son los tránsfugas contumaces. Esas turbas apoyan a los tiranos de turno, respaldan sus locos desvaríos. Esos malvados veneran siempre a los criminales aupados en el poder, que de sangre y de luto cubren la tierra. Carecen de ideales. Por eso quieren al fuerte. No les importa quien tenga la razón. EL LUMPEN lacayo no tiene moral ni bandera, solo le interesa el pan y el circo. Esos taimados acomodaticios y eclécticos no buscan la paz social con entereza, en solidaridad. Se entregan al mejor postor. No los pierdan de vista. Cuidémonos de ellos y de quienes los manipulan y conduce. Son los hijos de la HIDRA. Los sacerdotes del monstro. Los falsos profetas que no tienen biografías que se puedan contar con orgullo y honor. De ellos debemos protegernos, más que de nadie. Y no olvidemos esta regla de oro: cualquier conductor de pueblos sin vocación de servicio que no busque la justicia social, será el maldito hijo de la hidra que abrirá las puertas del averno. Esa es la espantosa verdad. ¡NUNCA LO OLIVES!

DIOGO

Diógenes Atilio Arce Rodriguez

1935-2017