Punto de Encuentro

¿Fiesta democrática o siniestro carnaval?

ÁNGEL DELGADO SILVA

Se ha hecho costumbre referirnos a las elecciones populares como “fiestas democráticas”. La trascendencia del acto se veía acompañado por el fervor ciudadano partícipe. En efecto, consultar al electorado, además de una obligación política era, también, el entusiasmo que genera una contienda democrática.

¿Qué sucede, entonces, con el domingo, 26 de enero? Obviamente hay un desencaje absoluto y manifiesto. La abulia, el desinterés y el rechazo son tan evidentes, que no pueden ser soslayados. Ni en las encuestas filo-gubernamentales. Un clima de pesadumbre y sopor, sin pizca de festejo ni jolgorio, invade todo.

Los áulicos culpan a la gente y orondos lamentan: “la ausencia de voluntad para sostener las reformas del Gobierno”. Llanto carente de explicaciones, pues no vinculan el desánimo popular a los psicosociales ni a la desinformación tendenciosa promovidas desde el poder, los servicios de inteligencia y los medios de masas. Silencian la metralla anti-política que hunde instituciones y corrompe al ejercicio democrático. Nada sobre la liquidación penal y moral de adversarios políticos, sembrando sospechas y temores, para instalar una desconfianza enorme y permanente, capaz de corroer cualquier ánimo vindicativo entre la población.

¿Cómo aspirar al florecimiento de un renovado civismo, luego del bombardeo  brutal de las conciencias?. ¿Cómo pretender que la desmoralización engendre vitalidad participativa y que el desencanto se troque en una esperanza superior?. Imposible. Porque, en verdad, más allá de la retórica oficial, los resultados son: la frustración de un país, una nación desarticulada y un pueblo inerte, desarmado e infecundo.

La pérdida del espíritu republicano apareja poderes concentrados (Neo-presidencialismo autocrático) y el sometimiento de la actividad política a una judicialización arbitraria, (ambas ya encaminadas). Pero, igualmente, necesita la destrucción del sujeto político colectivo y vigilante, que desde la sociedad desaliente las tentaciones autoritarias del poder. Hoy, el derrotismo generalizado y la masiva indiferencia ante el Congreso venidero, dibujan el ambiente inicial para entronizar la Dictadura antirrepublicana. 

Lima, 24 de enero del 2020