Punto de Encuentro

El suministro de alimentos y los sectores vulnerables en el COVID-19

Por: Luis Yntor.

Estamos en el segundo mes del combate al COVID-19, que mantiene a la población en cuarentena, sin que el suministro de alimentos se interrumpa. El flujo de alimentos se mantiene con normalidad, garantizando el suficiente abastecimiento y evitando una carencia. Ante ello la agricultura, se coloca como la más importante actividad, con el fin de garantizar la seguridad alimentaria, muy esencial para hacer frente a esta emergencia sanitaria.

Mención especial a la pequeña agricultura, que provee el 80% de alimentos básicos para el país, haciendo que la dependencia de productos importados y la vulnerabilidad en el mercado de alimentos, sea baja. Prueba de ello es el ingreso diario, de entre 8,000 a 10,000 toneladas de alimentos al Mercado Mayorista de Lima y al Mercado de Frutas 02.

En el mundo, miles de personas dependen del comercio internacional para su disponibilidad interna y medios de vida. Los principales exportadores mundiales de alimentos básicos, han comenzado a restringir el flujo de alimentos. La India y Vietnam, primer y tercer exportador de arroz, respectivamente; así como Kazajistán, el noveno exportador de trigo, preocupados por garantizar el suficiente abastecimiento a su población, están afectando la cadena de suministro. En tanto, los importadores, se muestran vulnerables, si los movimientos de los productos se reducen durante mucho tiempo; entre ellos, Filipinas, el principal importador de arroz. Así también Irak que requiere 250,000 toneladas de arroz y un millón de toneladas de trigo; e Indonesia, segundo importador mundial de este cereal, que tiene cubierto los suministros solo hasta junio.

En el Perú, pese a tener una baja vulnerabilidad en el mercado mundial de alimentos, dependemos de algunos alimentos básicos importados. El Perú importa el 90% de trigo, el 90% de aceites, el 63% de maíz amarillo duro, el 34% de leche y el 35% de azúcar. En el caso del arroz y el azúcar, la totalidad de toneladas que demanda la población no llega a ser cubierta por la producción local. Importamos arroz principalmente de Uruguay (60%) y azúcar, de Colombia (75%). Asimismo, nuestros principales proveedores de trigo es EE.UU (25%) y Argentina (16%).

En el mercado agroexportador, el Perú se ha convertido en uno de los principales proveedores de alimentos en el mundo, cómo los arándanos, paltas y uvas, que son de mayor demanda en el mercado. Los principales destinos son EE.UU y China, países que se han visto seriamente afectados por el COVID-19. Es previsible que este sector se verá afectado en la demanda de diversos productos, pues probablemente se impondrá nuevos requisitos sanitarios y mayores controles de ingreso, afectando los costos logísticos.

Esperamos que cualquier variación brusca en el mercado internacional de alimentos, tenga impacto mínimo en el Perú, pues, lamentablemente los sectores más vulnerables son los más afectados en un estado de cuarentena (niños, adultos mayores y personas de menores ingresos).

Según el último reporte de la FAO, los precios de alimentos bajaron fundamentalmente en el mes de marzo, por la contracción de la demanda y la caída del precio del petróleo, hecho que en  el Perú, no se reflejó, pues ni Petroperú ni Repsol trasladaron al mercado interno las variaciones internacionales del crudo, afectando a miles de hogares que se hubieran beneficiado en estar emergencia nacional.

En nuestro país, 7 millones de peruanos están en pobreza, mientras 3.1 millones padecen hambre, enfrentando una grave inseguridad alimentaria. Si bien es cierto, hasta el momento las interrupciones en la cadena de suministro son mínimas y los mercados han permanecido estables, los sectores más vulnerables no soportarían ninguna otra interrupción a sus medios de vida o del acceso de alimentos que el Covid-19 pueda conllevar.

Aún no se percibe una menor producción de alimentos básicos por efectos de la pandemia, pero se observa problemas a nivel logístico, que implica el movimiento de alimentos, la reducción en el acceso a los insumos y una menor capacidad de distribución.

Al parecer el Covid-19 sequira imparable y el aislamiento social obligatorio se prolongará, siendo fundamental que la cadena de suministro no se detenga con el fin de garantizar la seguridad alimentaria. Por ello me atrevo a proponer:

1. Disminuir la contención de movilidad, con el fin de conseguir mano de obra.

2 impulsar y apoyar la movilidad de personas en los campos de cultivo y las plantas de procesamiento.

3. Establecer medidas preventivas para evitar la propagación del COVID-19 en el campo, centros de producción y la distribución.

4. Promover medidas para reducir la pérdida y desperdició de alimentos.

5. Mantener contacto continuo con los actores del comercio internacional para disminuir los imprevistos en el mercado mundial.

6. Implementar el Bono Agrario para nuestros pequeños agricultores.

7. Reducir los aranceles y las barreras arancelarias a los equipos agroindustrial y suministros.

8. Trasladar la caída del precio internacional del petróleo al mercado interno.

9. Fomentar una adecuada información, para asegurar los datos sobre la producción y los precios, permitiendo tener decisiones que eviten el pánico y el acaparamiento de los alimentos.