Punto de Encuentro

Panamá y el COVID-19 : “Quedémonos en casa”

Una frase que quedará grabada en nuestra memoria, por lo menos durante 2 generaciones, junto a las imágenes que, gracias a la tecnología hoy nos abruman y conmueven, causando dolor y a la vez esperanza. Por más que nos limiten la información las noticias donde sea que se generen, tarde o temprano nos llegarán, haciendo ese recorrido por las redes sociales y medios de comunicación. Hoy más que nunca se acorta la distancia y sabemos cómo están los demás y como la están pasando en esta trágica y dolorosa pandemia mundial.

Hasta aquí llego la generación que esbozaba, cuándo se le caía algo al piso decía: “sopla rápido que lo que no mata engorda.”
Como humanidad a través de la historia hemos sabido reponernos a las adversidades y desastres naturales y hoy estoy seguro que lograremos sobreponernos a una enfermedad más, aplicando todos los esfuerzos necesarios a nuestro alcance.

La viruela, el sarampión, la gripe española, la peste negra, la bubónica, el VIH, la plaga del Justiniano, la tercera pandemia, el tifus, el cólera, la gripe de Hong Kong; Por mencionar las 10 más fuertes enfermedades que han mermado a la población mundial y que, en cada época que han surgido, la ciencia y la tecnología de la mano de la entrega y tenacidad de las personas que incluso pusieron y ponen su salud por debajo de la de los otros, se ha logrado salir adelante.

En anteriores aportes a publicaciones peruanas,  puse una frase:                         “son tantas cosas que quisiera escribir”... ya que como muchos de ustedes somos bombardeados constantemente con información de todo tipo; hoy lo que ha monopolizado la atención del mundo es el COVID-19 y sobre ello quiero dejar una líneas de testimonio. 

Panamá, mi país con una población mixta, un crisol de razas y nacionalidades, alcanzando casi los 4 millones de habitantes; país donde resido, con mi familia, seres queridos, amigos y compañeros de trabajo vemos con suma preocupación y dolor lo que está pasando aquí y en el mundo entero, abatidos por un virus tan peligroso del cual  algunos dicen, que el problema no es su alta tasa de mortalidad si no su velocidad de propagación. Entones debemos entender que debemos quedarnos en casa para aplanar la curva, para no colapsar el frágil sistema de salud que hoy está a prueba.

Mientras se atiendan las recomendaciones de no salir lograríamos evitar el mayor contagio, pero a la vez surgen interrogantes que palpamos, como la falta de oportunas decisiones, la falta de recursos y la improvisación de mecanismos que hubieran podido frenar esto antes. 

También es cierto que estamos frente a una situación tan difícil, de aquellas en las que todos queremos opinar; casi como cuando estamos en un partido de balompié, donde todos queremos ser "técnico del equipo” y criticamos y maldecimos fácilmente a el que dirige. No sé si pasará así en otros países, pero aquí sucede y mucho. Esto se contrasta con la responsabilidad de entender que debemos aquella ansiedad es producto de la desesperación y la incertidumbre, de no saber qué sucederá mañana.

Para quienes estamos acostumbrados a  desplazarnos para trabajar o para "brujulear en el patio" como decimos aquí al hecho de dar vueltas por allí; hoy  quedémonos en casa, esa es la consigna. Son casi 3 semanas, es difícil y más aún al saber que un hermano, un familiar o nuestros padres están solos y distantes de nosotros, que solo el teléfono o una video llamada calmaría por instantes ese sentimiento de impotencia, de no poder estar a su lado. por culpa de un virus tan fuerte.

Cuán importante pasa a ser entender que  hoy un apretón de manos, el dar un abrazo que reconforte a aquel que lo necesite, o el simple hecho de conversar cerca a otro ser humano puede causar la muerte en menos de 15 días; peor aún imaginemos un simple beso.

Pero no todo es malo decía un ser querido, en estos momentos reflexiona con tu esposa o esposo, hijos, padres y familia si la tienes cerca y si no hazlo por teléfono, como sea pero hazlo de lejos y reflexiona, que hoy día debemos querernos y amarnos más como personas y que después de esta difícil prueba debemos entender que somos frágiles y no inmortales, no invencibles; aprendamos a perdonar y respetar a los demás, la vida es corta y es solo una.

No me gusta comparar estas cifras  con la de ningún país hermano del mundo ya que son situaciones tan difíciles y no es una competencia;   el dolor que deja a todos, nos están afectando y más sabiendo que un ser querido pueda estar pasando por este trance ahora mismo. Estos números son más que cifras, son personas que están enfrentando el sentimiento más difícil de todos: la incertidumbre; el no saber que pasara mañana y aislados los más delicados y sin poder ver a nadie y solos en una cama si es que la tienen.

Al momento que escribo estas líneas, las autoridades de mi país en conferencia de prensa a esta hora muestran unas estadísticas no muy alentadoras sobre los efectos del Covid-19 en Panamá, el cual ha alcanzado ya 1,988 casos confirmados, 1,680 en aislamiento en sus casas, 241 hospitalizados,  54 defunciones y 13 personas recuperadas fuera de peligro.

Es lamentable que 688 personas hayan sido retenidas o sancionadas porque no entendieron  que las medidas de contención son para ganar tiempo y provocar el aplanamiento de la famosa curva, pero insisten en incumplir las reglas y por eso seguimos avanzando tan rápido en el contagio.
Otras siguen aportando con su sacrificio por los demás, horas de sueño, incluyendo la exposición de su propia vida, para aquellos simplemente ¡GRACIAS! y aquellos que con su ingenio buscan aportar respecto a la falta de respiradores, buscan la forma de confeccionar con lo que encuentren uno que sea funcional y poder replicarlo, también a ellos muchas gracias por apoyar. También tengo que reconocer los esfuerzos de los científicos panameños que trabajan en los laboratorios y que han logrado aislar la cepa y así poder identificar de donde vino, su procedencia de infección.

También a las autoridades del gobierno que tomaron la decisión - que como país nos define ante el mundo como un país hermano, sin condiciones y que demuestra que el panameño es amable, condescendiente y que esta dispuesto a prestar ayuda humanitaria sin esperar nada a cambio-  en el caso del crucero "Zaandam" que no encontraba puerto seguro para reabastecerse de lo más simple: agua. Este crucero con rumbo a Florida Estados Unidos, con 1,800 personas, 4 fallecidos y un sinnúmero de enfermos, fue recibido en Panamá y toda su tripulación fueron revisados y transportados a una nave gemela de la compañía "Rotterdam", que fue enviada con alimentos, agua, combustible, tanques de oxígeno, medicinas y personal médico.

Son tantas cosas que quisiera escribir, sobre anécdotas que cuentan las personas que viven esto día a día y que nos definen como país, ante la adversidad, ojalá podamos todos superar esta difícil prueba, encontrarnos y redescubrirnos como mejores personas, puesto que es una historia que aún no termina, pidiéndole a Dios nuestro creador que nos de fuerzas para ver otro amanecer y que por ahora solo lo empezaremos a lograr si nos quedamos en casa.


Franklin R. Rivera J.
Ciudad de Panamá.