Punto de Encuentro

Crítica de la Historia Política del Perú y los Diez Últimos Vergonzantes Días

Por PERCY VILCHEZ SALVATIERRA.

La política peruana arrastra vicios e infamia desde su origen. El encubrimiento, el blindaje, la disociación de los discursos, el populismo ramplón, la negativa a asumir responsabilidades y la aceptación pasiva de la inmensa mayoría son tradiciones públicas y no hay cuando se extermine todo este lastre cultural que tiene siempre a nuestro país a un paso del hoyo más feroz.

Pienso en Prado y en Piérola, por ejemplo. Qué significan en el curso de la historia nacional estos dos individuos que atentaron contra el país y fueron premiados con el olvido de sus acciones más repugnantes que acaso los hacían más proclives a recibir un balazo que un ditirambo en Fiestas Patrias. A uno, ciertamente, le llegó de regalo la ofrenda vital de sus tres hijos héroes durante la conflagración chileno británica que se conoce como Guerra del Pacífico, y la posterior presidencia de otro descendiente suyo ya en el siglo siguiente. Al otro, el cariño de la masa, usualmente, errática, le permitió ser llamado “El Califa” y gozar de respeto hasta el día de su muerte pese a su permanente inconducta conspirativa y perjudicial para el país.

Ahora, siempre hay matices. Y, nos interesa reparar en ellos pues así nos distanciamos del beocio que solo sabe ver el mundo en blanco y negro, obviando el cromatismo inacabable de la naturaleza y de la sociedad. En este orden de cosas, luego de la guerra maldita, Piérola, ciertamente, posibilitó  algunas medidas positivas en el ejercicio del gobierno, hizo obras, de  alguna manera, pero nada puede obviar su conducta anterior y su entreguista performance cuando la abominable invasión chilena.

Considero que no se ha escrito lo suficiente sobre estos temas y  por eso es una obligación que reparemos tamaña falta, no solo para saldar cuentas con el pasado sino  para tener una mayor comprensión del presente y proyectar adecuadamente el futuro, claro está, en la medida de lo posible. Solo de esta manera se podría evitar incidencias tan deplorables como las que esta última semana se han producido en la escena política. Mas no nos apresuremos.

Basadre en su arquetípica obra se calla muchas cosas. Quizás, el tacneño, no  tenía el carácter o acaso ser más crítico no iba bien con su afán metodológico. Desde luego, la Historia de la República es un proyecto descomunal y valiosísimo pero no tiene el filo que merece tanta traición y tanto daño que los propios “personajes o protagonistas de la historia” le han hecho a nuestro país. Lo más grave es que si esto sucede con Basadre, ni pensemos e que harán los historiadores contemporáneos. De hecho, si no fuera por el verbo fiero de González Prada que sería de nuestra tradición política literaria posterior a la Guerra del Pacífico, un conjunto de adocenados intelectuales que no se buscan pleitos para nada exceptuando, claro, a varios contemporáneos de la Generación del Centenario y, luego, silencio y alcahuetería y trabajos académicos siempre distantes del gran público. De la prensa, es mejor decir nada pues eso ha representado casi todo el tiempo, inclusive, ahora, en la que cualquiera puede escribir hasta en medios propios o virtuales, la prensa no nos dice ni nos otorga algo significativo.

En fin, siempre hay matices y, también, silencios, pero debemos hallar una visión cabal y señalar el peso y la importancia de cada personaje de la Historia Peruana para que así los actuales representantes públicos no solo se escuden en el anonimato que por su ausencia de virtudes merecen sino que sean condenados como corresponde a lo bajísimo de sus vicios e idioteces que no se deben consentir.

Me interesa resaltar, en este momento, el tipo de pugna enajenada por el poder y la primacía de los intereses personalistas que, por ejemplo, llevaron a Piérola a cometer sus más abyectas acciones, como entregar Lima y  boicotear a Cáceres, antes que procurar el bienestar y el honor del país.  Este punto es muy interesante puesto que a partir de él podemos advertir la misma enajenación y villanía en la actual disputa entre Vizcarra y el Congreso, es decir, el infierno mediocre y malicioso que se ha vuelto la cotidianidad del ejercicio político desde hace ya demasiado tiempo.

La diferencia entre el presente y la época de Piérola es que este fue considerado o contemplado como un “hombre superior”- Basadre, dixit - en tanto que la actual fauna política es claramente una suerte de involución de todas las especies o la preponderancia de entidades absolutamente inferiores sin ninguna capacidad humana.

1.

Desde el fin de semana pasado se ha desatado sobre el país entero la coincidencia exacta de los dos principales males que enfrentamos en este momento la imbecilidad de la clase política en general y el coronavirus.

Así, en este pandemonio son todos responsables y no basta que ofrezcan disculpas públicas como ha sugerido el lastimero Presidente de la Comisión de Constitución del Congreso para congraciarse con la gente. No. Lo que se requiere es el escarnio y el decidido desprecio de toda la población en contra de estos pésimos representantes cuya sola permanencia en sus cargos constituye una ofensa a los múltiples patriotas brillantes que antaño han usado sus curules.

Por otro lado, la táctica de responsabilizar al Congreso de todos los males del país es un embuste de parte de Vizcarra y creo que nadie debe consentir esa representación puesto que es cierta solo de modo parcial y no puede ocultar, así se expusiera por un gran orador que el moqueguano no es ni por asomo, que el principal culpable de la crisis actual es el Poder Ejecutivo. Recordemos, además, que el Presidente solo ha tenido esta carta desde el inicio de su gestión y, a estas alturas, es muy claro que esta estratagema no sirve más (de hecho, nunca debió servir) salvo  que uno esté negado para la comprensión de cualquier cosa.

En estas idas y venidas sin provecho para nadie y mucho menos para la nación, los berrinches y la torpeza del Congreso no han logrado que el  desastre de la pésima conducción de la pandemia (que trata de ser llevado a cualquier espacio excepto a Palacio de Gobierno donde se cimentan cada uno de los yerros que han puesto a nuestro país en la quinta posición a nivel mundial respecto de los países más afectados por el CoVid 19) pase desapercibido excepto por los más ignorantes compatriotas.

Entonces, nos preguntamos: ¿quién es peor, el Congreso o la Presidencia de la República? Sin duda, el Parlamento es una vergüenza pero no podía esperarse otra cosa de unos congresistas a los que no les importó que la convocatoria para las elecciones del 26 de Enero haya sido realizada por un gobierno golpista y eufemístico. Sin embargo,  el Presidente es muchas veces peor y todos los peruanos deberíamos decir con honestidad: “ya no tengo paciencia para aguantar todo esto” como dijo Micaela Bastidas en la hora última de su martirio. También, deberíamos actuar en consecuencia pero no hay forma alguna de derrocar a Vizcarra pues la masa recibe pasiva uno y todos los demás agravios de la clase política y no hace ni puede hacer nada.

En este momento, cabe preguntarnos: ¿qué ha hecho Vizcarra en los dos años que han transcurrido desde que asumió el cargo de Presidente peruano? Y la única respuesta es: nada excepto entregar el país a los beneficiados de toda la vida y a algunas empresas internacionales. En este sentido, excepto por haber establecido la cuarentena, ninguna acción presidencial ha tenido un efecto benéfico en la población. La cuarentena ha sido llevada de la peor manera, el bono ha sido no sólo insuficiente sino que no ha beneficiado a todos los que debía, el sector Salud no se ha robustecido de ninguna manera satisfactoria, Reactiva Perú se adelantó a todo el mundo y con total descaro favoreció a grupos y empresas que no tenían ninguna necesidad del estímulo dineraria correspondiente, finalmente, desestimó el alcance de la tan mal gestionada cuarentena y dejó a su libre albedrío a casi todo el país pese a la inminencia de un segundo brote de Coronavirus, etc. Acciones, todas, deleznables e inmorales desde la perspectiva del que yerra y no se hace cargo de sus errores, máxime cuando éstos fallos no sólo le atañen a sí mismo como individuo sino a la colectividad dada la alta magistratura que tiene y las responsabilidades que esto conlleva pues no podemos ignorar que todos los fallos en la gestión contra el coronavirus nos expresan su valor en vidas humanas o, más propiamente, en todos ciudadanos peruanos que han muerto hasta la fecha.

Todos los involucrados se preocupan por salvar sus míseros pellejos antes que dedicarse a  afrontar al virus que ha obligado al país a detenerse, nuevamente otra falla de Vizcarra, durante casi cuatro meses. Esta canallada no debe quedar impune y deberá ser sancionada con el desprecio de la ciudadanía, por lo menos, en el campo electoral.

2.

El Congreso es pésimo. Desde su mismo origen pasando por sus diligencias habituales hasta la negativa inicial respecto de la  inmunidad parlamentaria, el desaforado berrinche y la adición de varios artículos que no se habían discutido en la Comisión de Constitución hasta su sesión descentralizada desde la ciudad de Trujillo (para que viajar y obligar a viajar a los trabajadores del congreso exponiendo sus vidas cuando, de todos modos, la sesión se realizará en la vía virtual constituye una exasperante pérdida de dinero y esfuerzo) todo lo que han hecho es incidir en la simplonería más intensa de los últimos tiempos. Ni siquiera las escasas pero relevantes normas positivas que han expedido justifican su instalación y permanencia. La paridad y alternancia y la elección vía concurso público de los integrantes del TC pueden parecer normas muy buenas (y de alguna manera lo son) pero no son materia suficiente para darle un asidero a la parasitaria existencia del actual Congreso.

De hecho, la calamidad jurídica y ética que simbolizan todos los actos dados por la Comisión de Constitución presidida por el nefasto ex vicepresidente humalista y ahora congresista acuñista, Omar Chehade, al llevar al Pleno del Congreso una serie de reformas constitucionales que no fueron sometidas al debido análisis y crítica de los expertos ha sido el punto más irrito que está Comisión haya sufrido en toda su historia.  Lo más grave es que este vergonzoso acto, debido a una inmensa falta de carácter y de sentido de las proporciones, sea considerado tan sólo un “malentendido” según el decir de Chehade.

Por estos motivos, es muy respetable que haya partidos que exijan la renuncia de este individuo a una Comisión tan importante que, en épocas mejores respecto de la calidad y talento de los parlamentarios, pudo contar entre sus filas a gente verdaderamente pesada en el medio político e intelectual como Felipe Osterling, Javier Valle Riestra, Roberto Ramírez del Villar o el ingenioso Luis Alberto Sánchez. Sin embargo, APP, que en nada podría representar algo de bien para nadie que esté fuera de la familia de César Acuña, cubre y protege a este congresista de la peor calaña y pésimo desempeño y, desde luego, el mismo no tiene el menor propósito de enmienda.

Es obvio que la renuncia grupal de varios integrantes del Consejo Consultivo de la Comisión de Constitución del Congreso es el colofón perfecto de la necedad, insensatez  y desprestigio que la conducción de Chehade ha procurado y obtenido con largueza. Cualquiera en el uso cabal de su capacidad de ejercicio habría hecho lo mismo que los juristas renunciantes pues de no hacerlo se corre el riesgo de ver el prestigio de cada uno por los suelos.

3.

Luego, de la aprobación bastarda del paquete de artículos constitucionales que deberán ser reformados según las votaciones de la semana pasada, el Presidente y sus ministros para no quedarse a la zaga en punto de ridiculez e ignorancia se pronunciaron de modos diversos pero lo mas garrafal es que hay indicado que podían observar las reformas cuando esto no le compete ya que no se trata de una ley ordinaria que sí puede ser observada por el presidente, demostrando, nuevamente, una absoluta carencia de conocimientos y condiciones para el desempeño de la alta magistratura que le ha tocado asumir.

Sobre este último punto es claro que aunque el Ejecutivo no puede observar nada seguramente recurrirá  al Tribunal Constitucional pues todo lo que no se ha referido a la inmunidad parlamentaria no ha sido visto en la Comisión de Constitución como corresponde  sino que ha sido agregado en el último momento de una forma bastante majadera, además, y eso alteraría el debido curso de gestación de la reforma lo que podría configurar una lesiva arbitrariedad pese a lo aparentemente positivo de las disposiciones legales en cuestión.

Zevallos, en este orden de coas, es cualquier cosa. Considero que debería ser censurado no solo por lo desatinado de sus comentarios sino por toda su gestión en la PCM. Además, tiene un acento imposible. El problema, en este punto, es que este Congreso paupérrimo está exento de inteligencia y carácter para llevar a sus últimas consecuencias las medidas que propone. En este sentido, de nada les sirve interpelar e interpelar (al parecer tienen previstas entre 6 y 8 de estas acciones) sino censuran. De hecho, deberían proceder realizando acusaciones constitucionales contra los malos ministros y si hay delitos de por medio hasta podrían asegurar o recibir  la participación del Ministerio Público pero no hacen nada de nada.

Finalmente, como he señalado en mi anterior ensayo sobre la inmunidad, esta institución, tan prestigiosa pero tan vapuleada en la actualidad, deberá volver en algún momento puesto que tiene funciones específicas valiosas como ser una garantía contra las tiranías y una carta de facilitación para la labor fiscalizadora del Congreso, que desde hace mucho tiempo no se asume con la seriedad y el rigor que la corrupción y el crimen exigen en los fueros de los defensores de la patria cuya misión es combatir estos dos cánceres de la sociedad peruana contemporánea.

“Considero que la inmunidad parlamentaria deberá volver a sus fueros cuando haya políticos de verdad y no ladrones y rastacueros en pos de una curul para servir a terceros antes que al pueblo y a sus propios nombres con el fin de pasar a la Historia como genuinos y auténticos Padres y Madres de la Patria y no como los actuales congresistas anónimos cuyas identidades no han de ser recordados para nada bueno ni digno de elogio. Sus condiciones y posibilidades personales les facultan más para padecer de un destino ideal en las páginas policiales o en un expediente judicial penal antes que devenir en un instante privilegiado en la boca de los inocentes y en las loas y ditirambos de los patriotas de recto proceder.”

4.

Es inmensamente terrible el extremo al que ha llegado nuestro país y su inmunda clase política en ejercicio. La inmunidad que debería servir para que un representante popular pueda trabajar tranquilo sin temer la represión y el agravio de los medios de poder  se convirtió en una licencia para delinquir y alcahuetear a malhechores y delincuentes. Con una inmunidad vuelta impunidad por las malas artes de ciertos tipejos o sin inmunidad de ningún tipo como supuestamente han pretendido imponer Chehade y la Comisión de Constitución, aunque sí han reservado algunas prerrogativas en beneficio propio, el Perú, infamemente representado por esta recua de mediocres ha quedado como un ente  pésimo ante los ojos de la Academia  jurídica mundial.

Por otro lado, políticamente, el Ejecutivo y el Congreso han demostrado estar exentos de toda virtud.

En este sentido, el Congreso ha obrado solo por contrariar a Vizcarra con el fin de que nada cambie pues cualquier Tribunal Constitucional, en su momento, tendría que fallar por la inconstitucionalidad de las reformas propuestas luego de la inicial negativa a llevar a cabo las reformas originales respecto de la inmunidad parlamentaria y ni decir de la inmunidad omnicomprensiva pero tramposa que se expuso luego del otro papelón de la  semana, la convocatoria a un referéndum apresurado que no estaba sujeto al procedimiento regular como ya es costumbre en el proceder de Vizcarra.

La convocatoria a Elecciones de un modo tan anticipado fue, también, otra payasada presidencial y una manera simplona de distraer a la población usurpando el papel de demócrata que para nada asienta al torvo perfil del moqueguano que ha evidenciado hasta el hartazgo que no tiene ninguna intención de conversar ni pactar.

Pese a lo expuesto, he de reiterar que no debemos olvidarnos de  las votaciones primigenias en el Congreso. Me refiero a ellas porque si los congresistas hubieran tenido un propósito genuino de enmienda solo se habrían pronunciado sobre los extremos previstos aquella vez y no sobre los otros excesos que se dieron en el pleno.

En síntesis, la mayoría de agentes políticos indistintamente de sí pertenecen al Congreso o al Poder Ejecutivo son unos completos ignorantes y, además, son unos terribles perversos porque tanta idiotez junta solo puede deberse a un deliberado, continuado y robustecido ejercicio de maldad.

5.

Todos los movimientos políticos que han participado en este Congreso han sido desprestigiados desde el origen pues no consideraron ni apreciaron que el 30 de Septiembre se constituyó un golpe soft. Este elemento es primordial pues esclarece la categoría de los participantes del actual Congreso dado que o bien son unos canallas o bien son inocentes en el sentido que no entienden la realidad.

En fin, en los últimos días parecería que el Partido Morado ha dado un vuelco a su negativísimo vínculo con el pelele de Julio Guzmán y que se ha constituido en un movimiento independiente. De hecho, esta agrupación ha pedido la renuncia de Chehade y Alarcón respecto de las Comisiones que presiden, Constitución y Fiscalización, respectivamente; acto, sin duda, correctísimo,  pero no han precisado lo inoportuno que sería ver a  Vizcarra cuando respondiese ante el controvertido ex contralor (ya que casi todos lo tratan con una dulzura que casi se asemejan a las maneras de la maestra Ximena Fernández de la serie infantil “Carrusel”). Como todos sabemos el ex contralor ya ha adelantado su deseo y la necesidad de llevar al Presidente de la República ante la Comisión de Fiscalización del Congreso por los casos que han resonado las últimas semanas y que todos estos escándalos políticos y legales han soslayado en los últimos diez días. Así que no debe ser casualidad que recién ahora se les ocurra ser individuos con un alto criterio ético. Vanos, simplemente, le hacen el juego al gobierno en este punto.

La Fiscal de la Nación, ni qué decir, justo ha esperado que se manifieste la intención de Alarcón respecto de citar al Presidente con el fin de que responda por diversas contrataciones irregulares como todas las que se refieren a Richard “Swing”, a su cuñado Fredy Herrera Begazo  y a los familiares de la Secretaria General de la Presidencia, Mirian Morales, para que presente dos denuncias constitucionales en contra del ex contralor por los presuntos delitos de enriquecimiento ilícito y peculado doloso.

Del resto de actores políticos ni siquiera vale la pena disertar ni un solo aspecto aunque si debemos mencionar que Urresti ha hecho el ridículo una vez más al echarse para atrás respecto del cese de las inmunidades. Al principio, impulsó esta reforma pero luego se retractó y lo peor es que adujo que habían tergiversado su “propuesta”. Un individuo con una naturaleza tan poco firme no debería ni considerar que puede postular a la presidencia.

En fin, esta es la política peruana actual, un asco de mediocridad y utilitarismo básico. Abran los ojos, ciudadanos. Quiéranse más. No den nunca jamás sus votos a cualquier pobre diablo.

P.S.

Este día se debatirán las reformas constitucionales que han  sido objeto del escándalo por su ausencia de lucidez y pertinencia. Los resultados no variarán nada de lo que se ha expuesto en este documento.

Por otro lado, es significativo que ayer se haya conmemorado la firma de la Constitución de 1979 y que solo hayan celebrado los apristas. Este es un gran error. La celebración debería ser de alcance nacional. Sobre todo si se compara a aquellos constituyentes con los insolentes que creen poder hacer política porque tienen las ganas o el dinero pero ni una sola condición para el cumplimiento del magno mandato de representar a la Patria.

Hasta que no haya una generación de quilates que se asemeje al nivel de los integrantes de la Asamblea que presidió el tribuno Haya de la Torre, solo cabe realizar transformaciones graduales de la actual Constitución vigente pese a su gestación miserable puesto que los actuales políticos no tienen la capacidad de pensar un país ni, mucho menos gozan de la potencia intelectual para plasmar los sueños de justicia e igualdad que, sin duda, todos los seres humanos plenos, en general, y los peruanos, en particular, nos merecemos.

PERCY VILCHEZ SALVATIERRA

13/07/2020