Punto de Encuentro

La broma del huachicol en México.

El actual gobierno de México, llegó al poder con promesas de una mejor administración del erario público. En toda su campaña hizo énfasis en lo mal distribuido de la riqueza en México.

Petróleos Mexicanos (PEMEX) ha sido la empresa que sostiene a México desde 1938; es una empresa estatal productora, transportista, refinadora y comercializadora de petróleo y gas natural de México. En el 2014 a partir de una reforma energética, se permitió el ingreso de nuevas empresas gasolineras al país, Shell, BP, G500, Repsol, por mencionar algunas.

Antes de la apertura comercial a otras gasolineras, PEMEX era el único oferente de gasolinas y sus derivados en México. En otras palabras, era el dueño del pastel, lo hacía como quería, lo repartía como quería y lo vendía como quería.

En México, existe un problema de robo de combustible a través de los oleoductos que lo transportan a las diferentes estaciones de servicio, denominados huachicoleros. Durante su campaña presidencial – que duró 18 años -, el hoy presidente argumentaba que lucharía contra el costo elevado de la gasolina que según él era generado por el robo del combustible.

Una vez en el puesto, declaró firmemente que no habría tregua contra estos ladrones de combustibles y que se llegaría a las últimas consecuencias; su lógica establecía que, si se robaban la gasolina de los oleoductos, éstos deberían dejar de usarse.

El discurso es muy sencillo, si roban agua de tu tubería, ya no uses la tubería y compra garrafón. El presidente Andrés Manuel López Obrador, se ha caracterizado por menospreciar la dificultad y complejidad que conlleva la extracción de petróleo, su refinamiento y su transporte (en realidad ha menospreciado también a economistas, actuarios, ingenieros, en realidad varias profesiones que a su punto de vista no son tan complicadas como la gente cree).

Continuando, la idea del presidente fue cerrar los oleoductos y así cortar de tajo el suministro de combustible a los raptores del mismo. A simple vista, parece una estrategia eficaz, sin embargo, como suele suceder en este Gobierno, no tomaron en cuenta el tamaño del país, el número de estaciones de servicios, la necesidad de la gasolina como un bien insustituible para el transporte, y muchas otras aristas indispensables para establecer un plan de acción eficiente.

Se puso en marcha el plan, cortar el suministro de gasolinas por tubos, ahora sería distribuida por pipas a lo largo y ancho de un país con más de 120 millones de habitantes, con una superficie de 1 964 375 km², ósea, el 13 país más extenso del mundo y el 3ro de América Latina; la primera consecuencia natural fue la escasez de gasolina porque no llegaba a tiempo, largas filas de autos esperando por un galón de gasolina y sí, un aumento de costo ante la excesiva demanda y la poca oferta.

Esto sin tomar en cuenta, los riesgos que existen al transportar hidrocarburos con una pipa en lugar de un oleoducto, una volcadura, el robo o el descuido de un conductor pueden provocar una explosión y la muerte de cientos de personas a su alrededor.

Ante tal situación, la gente empezó a criticar la decisión del Gobierno Federal, pero el presidente firme en sus convicciones establecía que el robo de combustible iba a la baja – sin presentar prueba alguna que sostuviera su dicho-, que el tener que esperar unas horas por gasolina era un mal menor. En su mayoría, el pueblo creyó firmemente en que se estaba atacando a un crimen que llevaba décadas perpetrándose y que efectivamente, después bajaría la gasolina.

Evidentemente, al dejar de usar los oleoductos, fue necesario comprar pipas, 571 en específico que costaron 85 millones de dólares, que transportarán la gasolina a todo México, es decir, fue un gasto exorbitante el adquirir pipas especiales para transportar gasolina porque los oleoductos que fueron construidos con esa finalidad, no se podían -o no se querían- usar.

Como sucede en cualquier país del mundo, al existir la necesidad de comprar un bien por parte del gobierno, el procedimiento es publicar las bases de una licitación y aquél que cumpla con las características específicas será el ganador y se adjudicará el contrato.

Empero, sabemos que en Latinoamérica esto no sucede, que la licitación será adjudicada por una empresa del mismo presidente o de sus hijos o sus parientes o amigos.

Hasta nuestros días, no existe un documento o informe alguno por parte del gobierno Federal que comunique los avances en el caso del robo de hidrocarburos; lisa y llanamente se consiguieron pipas, se gastó - no se invirtió, porque ya existen los oleoductos para transportar de manera rápida, eficaz y segura, la gasolina- dinero del pueblo y, para variar, no hay resultados ni rendición de cuentas.

Es tan grande la incongruencia del gobierno mexicano actual que, los huachicoleros rompieron un ducto, dejando una fuga y la gente asistió con sus bidones, cubetas y recipientes a recolectar gasolina.

Cabe mencionar, que los policías instaban a la gente a no acercarse porque era peligroso, fueron ignorados y después de varias horas, hubo una gran explosión dejando más de 100 muertos (omito adjuntar fotos por sensibilidad al lector). Sí, ladrones muertos, gente que robaba gasolina que por su imprudencia la recolectaba saliendo a chorros, como si fuera una fuente, pensando que nada pasaría.

Ante tal situación, el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que se regalarían $ 800 dólares americanos a los familiares de los muertos, efectivamente, a los familiares de todos aquellos que quisieron aprovecharse de la situación y que lamentablemente murieron, recibieron dinero del erario público para disminuir la pena que les embarga.

Entonces, o se ataca el robo de combustible o se premia con dinero por el intento fallido a los familiares, así es el Gobierno Mexicano presente, incongruente en sus declaraciones y acciones.

Al final, la gasolina no bajó de precio; tal como sucede con toda la gasolina del mundo sigue índices y costos internacionales determinados por organismos en los cuales el gobierno mexicano no tiene la menor injerencia.

He aquí la mala broma de pretender acabar con los huachicoleros en México.