Punto de Encuentro

Que tu ausencia nos dé luz

"Punto de Encuentro tiene el honor de reproducir el sentido texto del Profesor Grover Pango, sobre la inmensa significación política y moral de la vida de Víctor Raúl Haya de la Torre para sus compañeros de partido como para el Perú"

SCOPIO 509 / Grover Pango Vildoso / 02 agosto 2020

Compañero Jefe:

Te escribo estas líneas porque sé que les prestarás atención y porque espero una respuesta tuya que atenúe la inmensa pena que siento. Tengo mucho dolor, Víctor Raúl, por este país que amaste tanto y nos lo demostraste tantas veces. Y también lo tengo por el Partido que nos dejaste y no supimos mantener como tú seguramente esperabas.

Casi estoy seguro que no te parecerá ni necesario ni suficiente darte gracias por todo lo que pensaste, escribiste, sufriste y enseñaste. Pero es imposible no volver a recordar todo eso pues, aunque no hayamos estado a la altura del legado que recibimos, nadie podrá negar que el Perú fue distinto desde que tú lo estremeciste con la docencia de tu pensamiento y el vendaval de tu acción. Algo muy similar ocurre en el continente, en Indoamérica, donde los pensadores más serios aluden a tu prédica y tu ejemplo.

Por razones que tu perspicacia lograría advertir mejor, la política se ha envilecido. Ya no es más ese compromiso libre pero sagrado por el cual cada uno de nosotros asumía una responsabilidad con los demás, especialmente con los más humildes en afán de justicia y no de clientelismo, para crecer todos juntos como sociedad, como país, como continente.

Ciertamente el mundo cambia mucho y eso tal vez nos traiga desconcierto. Pienso en ti y estoy seguro que hubieras celebrado y sabido valorar los inmensos avances de la ciencia y la tecnología; también nos hubieras preparado para afrontar este mundo de constantes novedades y permanentes incertidumbres porque ello está en la esencia de tu pensamiento no determinista. Y, ajeno como eras a los temores frente a lo nuevo, hubieras insistido en que parte de la sabiduría de los pueblos está en “adaptar” y no “adoptar”, como gustabas explicar a los obreros, los ambulantes, las amas de casa y los catedráticos que se reunían a escucharte en el Aula Magna. Porque, Viejo, por sobre todas las cosas eras un Maestro.

Te acordarás, Luis Alberto decía que cuando nació el aprismo también nació el antiaprismo. Esa es un verdad que ha hecho –y sigue haciendo- daño al país. Gobernamos dos veces en tu ausencia y seguramente nos equivocamos bastante, pero creo que fue más lo bueno que hicimos. Y si alguien incurrió en algo que nos haya deshonrado, que sea la justicia la que lo sancione, no el odio ni el prejuicio.

Faltan varias cosas para que se reivindique la política, cuyo descrédito no es solo un fenómeno nacional, pero eso no debe ser paliativo. Lo peor es que, en el caso peruano, la política se ha desvalorizado tanto que ha quedado casi por completo en manos de arribistas, aventureros, improvisados o rufianes.

Confío en que encontraremos la forma de superar este momento, Víctor Raúl, como peruanos y como apristas. Soy de los que cree que tu ausencia se deja sentir más ahora que antes por varias razones, pese a que partiste hace cuarenta y un años. Ilumínanos, Viejo, y alienta en nosotros la lucidez necesaria para saber renovarnos sin perder la esencia del pensamiento que inauguraste. Dales a los jóvenes –especialmente- la tenacidad y la sabiduría suficientes para interpretar la realidad con los instrumentos fundamentales de un aprismo que se concilie con estos tiempos. Y que en ellos se reencarne tu liderazgo y tu ejemplo inmortal.