Punto de Encuentro

La SUNEDU y la ilusión de la Reforma Universitaria

Los amigos del actual régimen han salido a defender la “honorabilidad” del presidente del Consejo de Ministros, afirmando que no cedió al chantaje de los grupos de poder enquistados en el parlamento. El resultado de su negativa ha sido su caída y la del gabinete en pleno. Sin embargo, más allá de elucubraciones, no se ha presentado ninguna denuncia concreta, solo simples rumores y comentarios realizados por personas cercanas al exprimer ministro Cateriano. Es innegable que en el Congreso existen intereses, y los más evidentes son los vinculados a la educación. Por ejemplo, la bancada de Alianza Para el Progreso tiene su propio centro de estudios, la Universidad César Vallejo (UCV), y la bancada de Podemos, a la Universidad Privada Telesup. Entre estos dos grupos existe una diferencia: la primera universidad esta licenciada y la segunda su licenciamiento fue rechazado.

La universidad de José Luna Gálvez -Telesup- ha sido trampolín y caja chica para sus aventuras políticas, de eso no cabe ninguna duda, y lo mismo sucede con la UCV. Sin embargo, resulta inverosímil creer que la negativa al voto de confianza tiene que ver con la tan mentada Reforma Universitaria. No entraremos en detalles sobre cómo la SUNEDU, de forma poco transparente, licenció filiales de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP) o de la Universidad Privada Peruano Alemana (UPAL), sino nos entraremos en dos temas importantes.

El primer punto es que las universidades no licenciadas, como la Telesup, han tenido una prórroga de 2 a 5 años para el cese de funciones, algo que le permite tener más campo de acción para mejorar su infraestructura y levantar las objeciones que le impidieron obtener su licenciamiento. El segundo punto va de la mano con el anterior, porque este tiempo de gracia que se le ha otorgado a las universidades no licenciadas les permite solicitar una nueva evaluación para su licenciamiento. Es decir, la SUNEDU ha realizado un salvataje escandaloso a las universidades no licenciadas.

Por esta razón, cuesta creer que necesariamente detrás de la negativa se encuentre la idea de bloquear una reforma que está pegada con babas, menos aún si tenemos entre las filas de Podemos a Daniel Urresti, quien hasta el momento ha actuado como caja de resonancia del gobierno de Vizcarra. Por otro lado, mis dudas a la supuesta reforma no solo van por el tema político, sino principalmente por la calidad educativa y la formación de los estudiantes. La Ley Universitaria del general Mora ha destrozado la vida académica de las universidades, ha hecho polvo la especialización y ha abierto la puerta a la improvisación y el caos académico.

No existe ninguna preocupación real por la formación de los estudiantes. Por el contrario, cada vez la formación va de mal en peor. Un claro ejemplo de mis afirmaciones está relacionado con el hecho de que, para ser profesor universitario, solo basta con tener un grado de magíster. No importa en qué especialidad, lo importante es tenerlo. Por ejemplo, si alguien estudió historia, literatura o filosofía, puede entrar a la vida académica en una Facultad de Humanidades si realiza una maestría en educación. Es decir, si una persona estudió una maestría en Historia va a competir en las mismas condiciones por la vacante que otro que estudio la maestría en Educación. Sin duda, esto es un atentado a la formación de los estudiantes. No busco menospreciar a nadie, pero si estudiaste una maestría en docencia universitaria o educación, tu lugar no está en una Facultad de Humanidades.

Este tema no es nuevo, pues en mis épocas de estudiante en la Universidad Federico Villarreal, nuestra facultad estuvo copada por muchos profesores provenientes de la Facultad de Educación. Es decir, a los futuros humanistas nos formaban como educadores. Sin ir muy lejos, la actual decana es educadora de profesión. La especialización brilló y brillará por su ausencia, y más con las facilidades que otorga la nueva Ley Universitaria, tanto así que muchos profesores han optado por seguir maestrías en docencia universitaria y adecuarse a las exigencias de la SUNEDU, a la cual no le importa la formación de calidad de los estudiantes, solo que se cumpla el requisito de tener la maestría.

El último concurso para contratación de profesores ha dejado evidencias de la poca importancia que la SUNEDU le brinda a la formación académica de los estudiantes. Más del 50% de los profesores ganadores tienen maestrías o doctorados en educación o en otras especialidades, menos en las carreras de la propia facultad. Es de destacarse que este concurso ha sido supervisado por la SUNEDU. Entiendo perfectamente que realizar una maestría o doctorado en humanidades o ciencias sociales es muy complicado por temas de tiempo, dinero y principalmente en la realización de la tesis y el cumplimiento del requisito del segundo idioma. Sin embargo, eso no debe significar, por ningún motivo, el relajamiento de los estándares de la calidad educativa de los futuros humanistas o científicos sociales. En propias palabras de Vizcarra: “la educación no se negocia”.

Por ello, la mencionada Reforma Universitaria tan defendida estos días por los adictos al gobierno es algo muy endeble y hasta cierto punto mentiroso. Es solo ruido político y un saludo a la bandera. ¿Qué podría hacer el Estado? Fomentar convenios a través de CONCYTEC entre las universidades que tienen maestrías especializadas como la Pontificia Universidad Católica o San Marcos para que profesores de las facultades de humanidades, ya sea Villarreal o de provincias, realicen estudios de maestría y/o doctorado, siendo el Estado quien las subvencione. Ya la PUCP realiza este programa, pero principalmente para universidades de provincias. Sin duda, sería un buen esquema que permitiría el fortalecimiento de la especialización y una mejor formación de profesionales. También es importante mejorar los salarios y promover la investigación. Un profesor no puede trabajar en dos o tres universidades. Así solo se dedica a trasmitir conocimiento y no a crearlo, cuando las dos actividades son elementos indisociables.

Si existiera una real preocupación por reformar la educación como han manifestado los amigos del régimen, algo hubiese mejorado en todos estos años de vigencia de la Ley Mora. Pero la realidad es otra, ya que muchos profesores han optado por la vía más fácil. Al parecer, la SUNEDU no le da mucha importancia a la especialización de los profesores, solo al complimiento de sus requisitos. Este capítulo de la Ley Universitaria debe ser modificado para que prevalezca la especialización, sino todo será tan falso como el supuesto chantaje a Cateriano. Por último, el Estado debe predicar con el ejemplo y llamar a los especialistas que hayan cumplido con las exigencias de la formación académica y no a tanto bachiller o aprendiz que terminan teniendo mejores salarios que los profesores universitarios.