Punto de Encuentro

El último Lucky

Por: José Bulnes

A lo lejos, logra atisbar a un hombre dejarse caer desde lo alto de un edificio. Hacia un lado de la calle, un cuerpo, sin nombre, siendo desgajado por las voraces fauces de los perros. Oye disparos y gritos de dolor, decide correr y guarecerse cuando, de pronto, un árbol cae frente a él, abrasado por las llamas. Retrocede, escapa hacia la calle principal. El vaho de las llamas ardiendo en toda la avenida penetra todo el aire. Hay alguien que, desnudo y bañado en sangre,  huye de un coro de hombres armados de palas y cuchillos, logran capturarlo, lo arrastran de los pies, mutilan sus manos y piernas, y se disponen a comerlo. Se aleja velozmente, corre hacia una bocacalle cuando ya la noche ha terminado de ennegrecer el cielo.

Ha llegado, sin proponérselo, a las puertas de un cementerio. Cruza la entrada, a tientas toca las paredes de los nichos. Una luz a unos metros llama su atención. Se dirige a ella. Descubre que eran las llamas que carbonizan un cuerpo. Toma un madero del suelo, le envuelve una sucia tela, y lo hunde en el vientre hasta lograr tener una antorcha. Se adentra. Descubre que los nichos, ataúdes, féretros han sido violentados. Los cuerpos que los habitaban yacen fuera de ellos. En lo alto de un mausoleo, un cuervo picotea las carnes de un hombre, que alguien ha colgado ahí. Con la antorcha en ristre, se dirige a una capilla. Un sinnúmero de arañas, y negras y gordas tarántulas cubren las imágenes de oración. De pronto, oye un extraño ruido tras él. Un animal, semejante a un lobo, lo embiste, el hombre cae, se recupera e introduce el fuego de la antorcha en la boca del animal. Su cuerpo quédase carbonizándose en el piso.

Una luna, circular y brillante, ilumina un pasaje de paredes enladrilladas. El hombre, exhausto, sediento y aterrado, se arrecuesta y apoya. No comprende. Solo despertó. Entonces, tocándose el pecho de dolor, advierte en el bolsillo de su camisa una envoltura. ¿Qué sería? Toma la envoltura en sus manos, introduce sus temblorosos dedos y encuentra una caja de cerillos y un cigarrillo, aplanado y arrugado en sus bordes. Lo toma, lo acerca a sus labios, lo enciende. Y respira hondamente, muy hondamente.