Punto de Encuentro

Evocando la traición

Desde tiempos inmemoriales, la felonía ha constituido uno de los mayores pecados de la humanidad. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para que dicho rótulo se mantenga asociado a múltiples personajes de nuestra historia. El primer antecedente registrado lo encontramos en la Biblia y en el asesinato de Abel a manos de su hermano Caín. Recordemos que este último, empleando grotescas artimañas, logra convencerlo de ir al campo para finiquitar su existencia ante los ojos de Dios. Por supuesto, toda traición genera consecuencias y, en el mencionado caso, fue el destierro al este del Edén.

La traición a la familia no es la única en su especie. Existen diversos tipos de traición y varían de forma, grado y víctima. Por ello, en esta lista es inevitable mencionar a aquellos que fueron desleales con su pueblo. Así pues, rememoramos al infame Efialtes de Tesalia quien traicionó a Grecia durante la segunda guerra médica – al facilitar el paso de los invasores – y marcó el destino de Leónidas en la batalla de las Termópilas. Luego de la derrota persa, el traidor escapó para posteriormente ser asesinado sin obtener recompensa alguna. Otro de los hechos más resaltantes involucra a Benedict Arnold, en el contexto de la guerra de independencia de los Estados Unidos, pues mientras dirigía a las tropas independentistas, coordinaba la sumisión de su unidad con la corona británica. Posteriormente, sería ignorado por los ingleses y humillado por los estadounidenses. A la fecha, su nombre es sinónimo de ‘’traición’’.

En nuestro país, la situación se torna peculiar. Durante la guerra del Pacífico, Mariano Ignacio Prado fugó al extranjero so pretexto de agilizar la compra de armamento. Asimismo, el coronel Agustín Belaúnde traicionó a Bolognesi alentando una rendición y desertando antes de la batalla de Arica. Curiosamente, ambas familias de raíces oligárquicas – los Prado y los Belaúnde – trataron intensamente de resarcir la imagen de los felones. Parcialmente lo consiguieron, pues años más tarde, ellos y sus descendientes participarían directamente de la política peruana. Craso error de la población, no conocer a quienes – en momentos decisivos – dieron la espalda a la patria, pues ellos no son merecedores de segundas oportunidades. Consecuente es llamarlos por lo que fueron y por lo que son y ubicarlos, sin vacilar, en el rincón execrable y vergonzante de la historia nacional.

Evidentemente, la traición es llevada a cabo por quien menos se espera. ‘’¿Tú también, Bruto?’’ fueron las últimas palabras de Julio Cesar antes de morir apuñalado por sus hombres de confianza en el senado. El colofón de esta última traición, desencadenó la batalla de Filipos, para luego dar inicio al segundo triunvirato. Casio y Bruto, conspiradores del magnicidio, terminaron suicidados. Parecido final encontró Judas Iscariote al traicionar a Jesucristo por treinta piezas de plata. Luego de ahorcarse y caerse, sus entrañas se derramaron por el campo vacío. Cabe señalar que la traición del apóstol fue revelada en La Última Cena ante el asombro unánime de los comensales. No obstante, esta última revelación no admite parangón por razones elementales.

En algunas ocasiones, la traición se ha llevado a cabo entre consortes. Uno de los primeros acontecimientos lo protagonizó Laodice I, quien asesinó al rey seléucida Antíoco y a sus descendientes. Luego del crimen, proclamó a su hijo como rey, pero fueron vencidos y liquidados. Suerte similar corrió el emperador Claudio al verse sorprendido por Agripina, quien maquiavélicamente conspiró para envenenarlo. Una vez consumado el último acto, su hijo Nerón accede al trono y años más tarde encarga el asesinato de su madre.

Por último, la traición también ha sido representada en el arte, a través de sus distintas manifestaciones. En la obra La Comedia - posteriormente nombrada La Divina Comedia por Giovanni Boccacio - Dante Alighieri sitúa a los traidores en el más profundo círculo del infierno. Por su parte, William Shakespeare expone en Hamlet el dilema que ocasiona el asesinato del padre del protagonista por su hermano. Este último, se casa con la esposa del difunto y, finalmente, mueren ambos envenenados. En el ámbito cinematográfico, el papel trascendental de Abe Vigoda - como Salvatore Tessio - contribuyó al éxito rotundo de El Padrino, posicionándola entre las mejores películas realizadas. Basado en la novela de Mario Puzzo, la lealtad representa uno de los aspectos fundamentales en la mafia siciliana.

Vemos que la traición se encuentra presente a lo largo de la historia. En la Edad Media, esto se castigaba con el famoso ‘’ahorcado, arrastrado y descuartizado’’. Posteriormente, el fusilamiento se convirtió en la pena de traidores, por antonomasia. En la actualidad, la deslealtad ocurre a niveles mayores sin ser denunciada. Por lo tanto, el número de traidores incrementa conforme disminuyen los valores de la sociedad. Desde luego, no es necesario violar los derechos humanos para combatirlos. Solo es preciso identificar los elementos que originan dicho comportamiento, dejar a un lado la complicidad y denunciar a quienes, por actos propios, traicionan las causas justas de la humanidad.