Punto de Encuentro

Lo bueno lo malo y lo feo del Acuerdo de Escazú. ¿Falsas urgencias?

Pierre Foy Valencia *

Durante los últimos meses, paralelo a los percances de la escena política nacional y la pandemia, se ha venido discutiendo acerca de la ratificación o no, por el Congreso de la República, del denominado Acuerdo de Escazú.

Este documento, pretende ser norma internacional vinculante para la región de América Latina y El Caribe. Trata sobre los derechos de acceso ciudadano a la información, la participación pública y a la justicia en asuntos ambientales, además de los defensores ambientales y los indígenas. Si lo ratificara el Perú, adquiriría rango constitucional, por tratarse de temas en derechos humanos.

En el estudio especializado que hemos elaborado**, se sostiene la necesidad de afirmar, defender y promover esos derechos, así como lo relacionado a defensores ambientales y pueblos indígenas, en la perspectiva de los derechos humanos e intereses de la población nacional en general.

Para tal propósito, resulta innecesario y prescindible, además de temerario, el Acuerdo de Escazú. La inconveniencia de su ratificación obedece a que genera riesgos de diverso tipo, como a la seguridad nacional, ambiental, económica y hasta geopolítica, antes que ventajas para el desarrollo sostenible del país. Se alerta en no confundir los intereses del Estado y de la Agenda País, con intereses contrarios, subalternos o con agendas particulares o mercantilistas.

Se reconoce “lo bueno”, en el sentido que en muchas de sus disposiciones se reitera la normativa ambiental preexistente o se incluyen cláusulas de oficio, propias de todo tratado de naturaleza ambiental. Es el caso de la soberanía, inexistencia de reservas, acceso a la Corte Interamericana de Derecho Humanos (CIDH) o a la Corte Internacional de Justicia (CIJ), según el caso. Hasta ahí todo conforme, aparentemente, si lo vemos de una manera lineal, puntual o estática. Pero desde una lectura más dinámica e integrativa, las cosas pintan diferente. Veamos.

Nuestro enfoque de “lo malo”, se refiere a los contenidos que son discutibles, ambiguos o que contravienen las normas preexistentes, por lo que requerirían de una mayor revisión o elaboración. Por ejemplo, en relación con principios como el de la no regresión o el modo de abordar la cuestión de los defensores ambientales. 

Lo más preocupante es lo que denominamos “lo feo” del Acuerdo. Cuando se hace una visión de conjunto e integral, se advierte una repetición de contenidos normativos que ya existen en nuestro sistema legal o que podrían generarse, sin atarse vinculantemente a tal Acuerdo. Al adquirir rango constitucional, se deforma el sentido de dicho nivel jerárquico, pues se hace ingresar impropiamente regulación reglamentarista y puntillosa, abusando del principio de expansión de los derechos humanos. 

De otra parte, no se está avizorando desde la real politik, el escenario ideológico, cultural y político en que opera mucho de la institucionalidad y los agentes de los derechos humanos, a veces al borde de posturas antisistema. Además de los intereses en torno al asunto ambiental, sean de entidades políticas, no gubernamentales o hasta mercantilistas. Todos a la caza de su ratificación, implementación y en su momento, manera de aplicación del Acuerdo, en función de sus agendas propias y no necesariamente de los intereses del país. Debiendo rescatarse aquellos casos de organizaciones cívicamente responsables.

Esto riesgos en realidad existen desde ya, a partir de la práctica, usos y abusos de la jurisdicción supranacional y todo su entorno ideológico cultural, de suerte que con este Acuerdo se magnifican y exarceban las posibilidades de su mayor instrumentación y activismo. Pese a estar formalmente reconocida la soberanía, está puede minarse desde las posibles decisiones supranacionales, incluso sin dicho Acuerdo.

Para concluir, a modo de breve balancing, resulta innecesaria la ratificación del Acuerdo de Escazú. El entorno cultural, ideológico y político, tendencial y prevalente del Sistema Interamericano de Derecho Humanos, no es lo suficientemente garantista para los derechos fundamentales de todos. Debido a las inclinaciones advertidas y el riesgo para la seguridad, no sólo jurídica, sino económica, ambiental y geopolítica del país, devendría en preocupante su ratificación. Además de significar una decisión anética.

*      Abogado en especialista en derecho ambiental y derecho animalístico.

**https://www.dropbox.com/s/ydwtlqg91uqyyvo/Lo%20bueno%20lo%20malo%20y%20lo%20feo%20del%20Acuerdo%20de%20Escaz%C3%BA%20Pierre%20Foy%2015%2010%202020.pdf?dl=0