Punto de Encuentro

¿Derecho a la Educación?

El Derecho a la Educación a todo ser humano es el mayor bien supremo de la sociedad y emana del interés superior del NIÑO. Por ello, el enfoque de Derecho establece un mandato a la sociedad en su conjunto para reconocer que todo ser humano es sujeto de derecho, y que por ello debe recibir una educación de calidad, que le asegure tener los aprendizajes necesarios para la vida, adecuados a sus necesidades e intereses del niño como de los de su familia. Vamos a analizar lo que implica esta frase tan usada pero que muchas veces no se entiende en su real dimensión:

En primer lugar. el Derecho a la Educación es un pacto y un valor por encima de las disputas de facción política en la sociedad. El Derecho a la Educación orienta y manda a una sociedad completa en su diversidad, para que, desde la perspectiva política e ideológica que fuera (de izquierda o de derecha, socialista, liberal o social demócrata) se garantice la educación de todos los niños. Este Derecho no es una variable de un sector ideologizado de la sociedad. No es una propuesta de facción. El Derecho a la Educación no es una bandera política de una facción de la sociedad. Tampoco es -ni debe ser jamás- un instrumento de otro conjunto de proyectos políticos o de la naturaleza que fueran. El Derecho de Educación de los niños no es un garrote que un sector político de la sociedad deba usar para golpear al otro sector político de la sociedad que considera su adversario o enemigo. Quienes instrumentalizan el Derecho a la Educación de esa manera y lo subordinan a otros intereses, violan el Derecho a la Educación y en la práctica son enemigos de ella, afectando a los niños.

En segundo lugar, El Derecho a la Educación manda a la sociedad que encuentre y realice todas las formas objetivas para garantizar la realización de ese derecho. Por lo antes mencionado en el campo profesional o de debate técnico, el Derecho a la Educación no es propiedad de los intelectuales y tecnócratas, ni de los burócratas de turno, tampoco es propiedad de las ONGs. En esa misma perspectiva, el Derecho a la Educación no tiene nada que ver con las modas intelectuales, ni menos con las modas pedagógicas, todas ellas pasajeras. El Derecho a la Educación no existe para que el “intelectual” de moda sea satisfecho por toda la sociedad. No está al servicio de ningún “pensador”. Para nada. No es una variable de las veleidades intelectuales de cualquier persona.

En tercer lugar, El Derecho a la Educación y la necesidad de una diversidad de Servicios Educativos. Por ello, no condiciona ni sesga la forma de realizar ese Derecho. No es tributaria de una forma específica de realizarlo, y menos si esa forma obedece a una mirada ideológica específica que usa la educación de manera instrumental para imponer su ideología. Reducir el Derecho a la Educación a una sólo forma de realizarlo (por ejemplo, que sólo sea la educación pública, o –por el contrario- que sólo sea la educación privada) es atentar directamente contra el Derecho a la Educación de nuestros niños. Quienes planteen la priorización de una forma de servicio para realizar el Derecho a la Educación o, por el contrario, rechacen formas concretas, viables y libres de realizar el Derecho a la Educación de nuestros niños, son enemigos del Derecho a la Educación, y sólo lo usan de manera instrumental para otros fines.

Por lo tanto, El Derecho a la Educación es un Mandato que obliga a una sociedad a encontrar y a fortalecer todas las diversas formas de servicio educativo que sean posibles para asegurar la educación de nuestros niños. TODAS. El Derecho a la Educación nos manda a cuidar y fortalecer la diversidad de los servicios educativos existentes, y –por el contrario- promueve siempre una mayor diversidad de los mismos. Quienes atenten contra una forma de servicio educativo, no son defensores de la educación. Quienes quieran destruir la educación pública, o la educación privada, o la educación parroquial, o la educación concertada, no son defensores del Derecho a la Educación: son sus verdaderos enemigos.

Gustavo Nakamura

Director del Centro de Innovación de Políticas Públicas