Punto de Encuentro

Sagasti: Presidente a sangre y fuego

En momentos en que el señor Francisco Sagasti congresista  oficialista del partido morado es ungido por el Congreso como su Presidente y por ende asumir interinamente la conducción del país por sucesión constitucional, cuyos  atributos profesionales no está en tela de juicio pero si la posición política de respaldar la no vacancia de una persona que había enlodado con  indignidad la institución presidencial. El  señor Sagasti  no es  el nuevo conductor venido de la providencia a salvar al país de sus estructúrales males,  como la desigualdad  que es más nociva que la pobreza socialmente, digamos  las cosas como son:  fue  elegido para administrar la transición hacia el bicentenario como resultado de este nuevo ejercicio “democrático” de sectores del país que han reemplazado el voto en las urnas por la protesta violenta y la instigación de jóvenes que sin agenda han salido a las  calles a convalidar mecanismos que están proscritos en todas partes del mundo como una forma de hacerse escuchar.

La democracia representativa lo dije semanas atrás agoniza, vivimos la paradoja de asentir sin reparo, que el Partido Morado y el Frente Amplio que no tuvieron el apoyo popular en las ánforas, por arte de birlibirloque se encumbran en la conducción, uno del Poder ejecutivo el otro del Legislativo, no hay que ser pitoniso para interpretar que por lo menos hasta el cambio de gobierno en julio del próximo año, la reactivación económica, social y sanitaria se va ralentizar. Hoy nuestro país es conducido por el corredizo candidato presidencial Julio Guzmán y por el ex-sacerdote Marco Arana, no nos sorprende, ¿Cómo lo hicieron?  como siempre han actuado, sometiendo a la legitimidad que dan los votos, por protestas violentas, que utilizan a ingenuos jóvenes y los usan como carne de cañón con la condenable complicidad de algunos medios de comunicación, que hicieron coro y eco a mensajes cargados de violencia y división, encubiertos tras la marcha de miles de jóvenes y peruanos a lo largo de todo el país.

Me resisto a pensar, que estamos condenados a este tipo de prácticas como forma de hacer política, invirtiendo los valores que anidan una auténtica democracia. Me sorprende el señor Sagasti, que en su discurso solo haya rendido homenaje a los dos jóvenes que ofrendaron su vida en busca de un destino mejor, nadie podría cuestionar este acto, pero lo que sí me llama la atención la reprochable indiferencia a reconocer la entrega de nuestra valiente Policía Nacional, quienes han sido objeto en los últimos días de humillación y vilipendio, por defender el orden público. Me conmueve ver en las redes el heroico mensaje de un alto oficial de la Policía en estos aciagos momentos que atraviesa la institución policial: “están donde no los quieren, pero los necesitan se reclaman “escudos de la democracia”, “no fueron formados para acabar con la vida de los peruanos, sino antes bien para protegerla”, y les creo, porque siempre han estado en primera línea en defensa de nuestra seguridad frente al crimen y el delito.

Condenamos la muerte de estos dos jóvenes valientes, no hay que perder de vista los resultados de la necropsia que son contundentes: su muerte se ha dado por proyectiles que nuestra Policía no utiliza, una investigación seria y responsable debemos exigir al Ministerio Público, para poner tras las rejas a quienes bañaron de sangre estas protestas. No me alegra lo qué pasa en el país, pero si me siento orgullosa y me solidarizo con nuestros hermanos de la Policía Nacional, hoy lloran a más de 500 miembros que ofrendaron su vida en la lucha contra el Covid-19; no les carguemos la insinuación perversa de los enemigos de la democracia, quienes sin investigación quieren cargarles estos asesinatos, no lo permitiremos, rendirles homenaje y defenderlos ante la insania de incomprensión será nuestra lucha. Gloria y honor a nuestros valientes policías que día a día se sacrifican y exponen sus vidas en defensa de nuestro país. Hacerlo significa defender la legitimidad que dan los votos y no lamentablemente como hoy ha acaecido: El señor Sagasti, asumió la Presidencia a sangre y fuego. Nunca más!

Milagros Salazar de la Torre.