Punto de Encuentro

A propósito de correctismos generacionales: ¿Viejos a la tumba o viejos al Tumbao? (*)

Pierre Foy Valencia

Abogado y académico

Recientes sucesos y discusiones acerca de las generaciones (algunas, dizque no equivocadas, otras, supuestamente vejetas o peor aún, de “viejos lesbianos”), ponen en el tapete un problema conocido como el edadismo, definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como "los estereotipos, los prejuicios y la discriminación contra las personas debido a su edad". Dicho edadismo, también opera discriminatoriamente, cuando se pretende erigir a una edad o segmento generacional, como prevalente, hegemónico o superior respecto de otro.

Así, en muchos casos se incurre en dualismos antagónicos, ya sea desestimando o desvalorando a los jóvenes o a los adultos mayores. Por ejemplo, se pretende revestir como un todo y bajo un manto –¿sano y sagrado?- de puridad, que no es tal, a las jóvenes generaciones. Prácticamente mistificándolas y por ende, desconociendo que estamos ante un conjunto complejo de seres humanos, en cuyo interior, se advierte una diversidad de segmentos con pensamientos, valores, contravalores, capacidades e incapacidades, bondades y maldades, muchos privilegiados por la inteligencia, la espiritualidad, el emprendimiento; otros conformando la creciente y temida delincuencia juvenil o los grupos violentos y anarquistas. Como los hay en todas las generaciones a través de la historia y lo seguirán habiendo.

Esto no ha sido óbice para que se elabore alguna caracterización tendencial de las generaciones: Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964), Generación X (entre 1965 y 1979), Milennials o Generación Y (entre 1980 y 1999; Generación Z (a partir del 2000) y Generación Alfa (entre 2010 y 2025).

Cabe traer a colación que, en sus inicios, la sociedades modernas o industriales –a diferencia de las tradicionales o arcaicas- apostaban por el paradigma del hombre productivo, en desmedro de los ancianos (recuérdese el malhadado capítulo sobre “Las canas” de famoso libro El hombre mediocre de José Ingenieros) y con desestima de los niños o jóvenes, que según ese modelo aún no estaban debidamente integrados (no es forzada la asociación con los niños de los cuentos de Dickens). El mismo Manuel Gonzales Prada, oficiaba en esa línea de pensamiento -más aún en el contexto de la cuestión pos bélica con Chile- al proferir su célebre frase “viejos a la tumba”.

Ahora bien, el desarrollo moderno expresado en una sustancial mejora de la salud y calidad de vida, así como de mayores índices en la esperanza de vida de las personas, indica una media mundial de 70-72 años, con segmentos diferenciados en Europa, EUA, Canadá y Oceanía, de 80 años, mientras que en América Latina y Asia es un poco superior a los 70 años. Finalmente, en África es de poco más de 50 años.

En consecuencia, la revitalización de las denominadas viejas generaciones, al socaire de las tendencias biotecnológicas y en el marco del denominado “transhumanismo”, de alguna manera trastoca y acorta las distancias etàreas.  Especialistas o difusores de dicho enfoque, refieren que para el año 2046 las personas ya podrían elegir entre morir naturalmente o apostar por la eternidad (Luc Ferry: La revolución transhumanista). Esa raza de seres ficción que encontró Gulliver en sus viajes –los Struldburg- que nunca morían, pero sí envejecían, podría ser “corregida” con las nuevas biotecnologías.

Mientras tanto, se habla de aquellos Baby Boomers con edades por encima de los 60 y hasta los 80 y tantos, aún saludables y joviales, algunos con blue jean, que incluso se van a discotecas o sino al Tumbao.

 

(*) Conocido salsódromo de Lima