Punto de Encuentro

Las listas en la vida cultural y política

Dr. Pierre Foy Valencia

Abogado y académico

Desde que nacemos hasta que morimos, dependemos y estamos expectantes de todo tipo de listas. El talco, los pañales, las medicinas, la comida o la ropita para el reciente habitante del planeta. Para el que ya se fue, las anotaciones con todos los pasos sobre qué hacer para el funeral, entierro o incineración, los gastos, los invitados. También se toma nota de los que enviaron arreglos florales caros y de los otros. Famosas las listas de útiles escolares a inicios del año o las que nerviosamente revisábamos para ver si habíamos ingresado a la Universidad. La preocupación y drama cotidiana de las amas de casa para “armonizar” sus magros centavos con sus compras de subsistencia son plasmadas en un papelito. En lo personal, hace décadas cuando voy a las ferias del libro, desde que abren a primera, hora inicio mi peregrinación bibliófila anotando libros, autores, precios y número de stand, para al final chequear y evaluar en mi seleccionado elenco -de sumas y restas- qué puedo adquirir, optimizando mis costos y deseos.

La escuela nos provee de listados de héroes, fórmulas, sucesos, fechas, autores u y en tiempos recientes de una abrumadora nómina o secuela de correctismos malsanos.

En el derecho son muy conocidos los listados taxativos (numerus clausus), por ejemplo, las causales de divorcio o de vacancia presidencial. Igualmente, los listados enumerativos (numerus apertus), como en el caso de los intereses difusos de los artículos 87º del Código Procesal Civil o 193º de la Ley del Procedimiento Administrativo General TUO).

            Un gran erudito, aficionado a los catálogos o elencos, el gran Umberto Eco, en su no tan conocido libro El vértigo de las listas, enumera una infinitud de repertorios sobre cosas, lugares, imaginerías y sub realidades culturales, incluso “listas de listas”. Arranca su original obra con el catálogo de las naves de la Iliada de Homero y cierra con “una lista no normal”, invocando a los animales de Borges en su célebre cita –infinitamente nombrada- en que refiere haber extraído de una enciclopedia china titulada Emporio celestial de conocimientos benévolo, en donde “los animales se dividen en: (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas”. Cita, dicho sea de paso, invocada en nuestro ensayo En busca del derecho ambiental - I (1997).

La mitología y la religión, es ducha en enumerarnos incontables legiones de dioses, ángeles, querubines, diablos, seres mágicos y extraños. La literatura criptozoológica viene en su auxilio y nos provee un catálogo incomensurable de tales seres.

La historia y la vida de los pueblos nos remite a inventarios de los tiranos más sanguinarios, de los malechores y benefactores de la humanidad; de los lugares más visitados del mundo o de los prontuariados; los index de los libros prohibidos o de las personas censuradas; los registros de quienes se fueron sin retorno a los gulags rusos, campos de concentración nazi o Guantánamo, o de quienes misericordiosamente cayeron en la tutela de Schinlder, así como las indultados y amnistiados en las realidades carcelarias. Cada año Amnistía International publica la nómina de los ejecutados a muerte en el mundo. Recordemos el famoso índice de especies en peligro de extinción, CITES, muchas veces sometido al influjo de loobys. Corresponde un infinito etcétera.

La política es un terreno muy fértil para esta mirada temática. Nos habíamos acostumbrados en tiempos pre pandémicos a ver llegar atropelladamente a horas del cierre de inscripciones electorales, a las listas sorpresivas de candidatos, para poco después informarnos del listado de tachas o las -en muchos casos aburridísimas y maratónicas- intervenciones parlamentarias, según el orden de los inscritos. Además de los repertorios de gabinetes, funcionarios y asesores “líquidos” o evanescentes, parafraseando a Bauman.

En tiempos pandémicos nos estamos acostumbrando y asistimos contemplativamente, a nóminas de actividades, horarios y lugares prohibidos o permitidos, así como de bonos, incentivos, contagiados, entubados, muertos, compras y adquisiciones; y en los últimos días, a sospechados registros de vacunados (informales, piratas, allegados, invitados, huéspedes, arrepujados, entre otros).

Nos encontramos expectantes de la denominada segunda lista de vacunados, para muchos todo un potencial destape atómico, en que seguramente se mantendrá una porción oculta. En Criminología esto se denomina la cifra oculta, dorada o exitosa de la criminalidad, sostenida a partir del abuso del poder y la impunidad. No quepa duda que, como lamentablemente es consuetudinario en nuestro país, habrá una lista de chivos expiatorios y otros de exculpados.

Lo que no se puede obviar o esquivar que vivimos en una suerte de esfera cultural que nos envuelve, plagada de listados y nóminas, sin olvidarnos de la clásica lista de lavandería …