Elecciones, encuestas, candidaturas: una opinión definitiva

Elecciones, encuestas, candidaturas: una opinión definitiva – Parte 1: ¿No a los 3 Keikos? El 'todo o nada' de IEP y La República

El último domingo 4 de abril de 2021, se publicaron –y publicitaron– dos encuestas en los dos supuestos principales diarios del Perú, que luego a su vez se viralizaron por las redes y demás medios de comunicación: las de Ipsos Perú y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP en adelante), en El Comercio y La República, respectivamente (en adelante EC y LR). Lo peculiar de este hecho  es que ambas más disímiles entre ellas no podían ser. Empecemos por resumir la data de IEP, que se filtró primero y de la que se acredita haber sido recogida de forma posterior a todos los debates –29, 30 y 31 de marzo–. Según dicho sondeo, quienes encabezan la encuesta son Keiko Fujimori y Hernando de Soto, ambos con 9.8%. Los siguen Rafael López Aliaga con 8.4%, Yonhy Lescano con 8.2%, Verónika Mendoza con 7.3% y el sorprendente Pedro Castillo con 6.6%. Quedaría fuera de los seis finalistas empatados técnicamente, según la encuesta publicada en LR, el candidato George Forsyth con 5.7%

Al resto me parece innecesario mencionarlos ya a estas alturas en cuanto al análisis de fondo, pero les regalo unas cuantas líneas para no pecar de mezquino: ¡Gracias Daniel el Travieso, Urresti querido, por habernos hecho reír durante buena parte de la campaña, en una suerte de teledúo con tu colega de memes, don César Acuña: sendos maestros del humor! Ya quisieran algunos programas sabatinos tenerlos en sus filas. Y lo digo de corazón. Por otro lado, reconozco la decentísima y la aceptable participación en los debates de Alberto Beingolea y Ollanta Humala, respectivamente. Tengo más coincidencias con el primero que con el segundo, pero al parecer la suerte está echada para ambos. Tendrían que alinearse todos los planetas y serle propicios todos los astros a solo uno de los dos para que por lo menos un tercio del 28% que aún no tiene un candidato elegido –siempre según LR e IEP– se decantara por alguno y le permitiese soñar con la segunda vuelta. Algo, digámoslo de manera realista: virtualmente improbable y prácticamente imposible. Me pasé ya una línea en este párrafo así que solo me alcanza espacio para mencionar las iniciales del último a quien referencio: JG.

Pero volvamos a lo importante, ahora sí. ¿Qué dice la ficha técnica del estudio? Que la muestra es de 1215 gatos, perdón, 1215 personas. Que el margen de error es de 2.8%, y que el total de donde se extrae la muestra es de poco menos de 24 millones de personas (es decir, peruanos aptos para ejercer su derecho al voto, varones y mujeres mayores de 18 años). Aquí cabrían varias preguntas, pero me y les hago la fundamental: ¿Qué tan representativos son 1215 encuestados de un vasto universo de 24 millones? No faltarán los expertos en estadística que se presten a defender su oficio y ciencia con justa razón. A lo mejor algunos escépticos o medievales de lo estadístico cometemos el error de no creer, pero, en todo caso, se trata de una visión crítica mucho menos reduccionista que decir “son solo números”. En mi opinión, resulta indesligable la subjetividad y los sesgos propios de los encuestadores no a la hora de realizar una encuesta, pero sí a la hora de hacerla pública. Porque, vamos, no estamos hablando de un curso de la universidad o del colegio, sino de las elecciones generales que determinarán los destinos del país por el próximo quinquenio. Y por supuesto que corren hartos intereses, de todas y hacia todas las direcciones y posiciones del espectro mediático y político, sobre todo. Y claro, entre lo mediático y lo político se define mucho de lo económico en la vida de un país. Así que todo entra en juego.

Como este no es más que un artículo de opinión, no me cuesta darla sin ningún filtro: dado que el Moradito se le cayó a LR, porque sí, era su candidato preferencial, ahora ellos le apuestan todo a Verónika. Algunos se preguntarán: “¿Es su candidata y la colocan quinta? No tiene ningún sentido lo que dice este loquito.” En efecto, a primera vista no lo tiene. ¿Un diario caviar contrata una ONG de izquierdas para realizar un sondeo y quienes lo terminan comandando son tres candidatos de derecha? Brain explosion. Pero no tan rápido, vaquero. Lo aplicado por IEP se llama psicología inversa y, si bien supone un riesgo, porque nada les asegura que funcionará al final, es una apuesta que típicamente conocemos como all-in. Sucedería que en momentos definitorios este tipo de datas no ayudan a mantener el statu quo, sino todo lo contrario: incentivan el cambio, el movimiento, el caos, la virulencia, la confusión. Es por eso que en redes se hizo tendencia un hashtag impulsado por todo el sector tuitero caviar y filoizquierdista: “No a los 3 Keikos”. Una equiparación absurda vista desde el otro lado de la orilla, con las radicales y evidentes diferencias que separan a esos tres personajes (HDS, RLA y KF) entre sí. Si los enfocamos desde un punto de vista ideológico, en efecto, los tres son de centro-derecha o derecha neta. Pero solo uno propone un cambio real de la política nacional y su relación con la población mayoritaria: López Aliaga. No me voy a poner a citar todo su plan de gobierno en este artículo, pero está resumido en propuestas tan puntuales y tan sencillas de entender, que estoy seguro que quien me lee sabe de qué estoy hablando. Por supuesto que también desea conservar lo óptimo del modelo, y eso, en mi opinión, es algo bueno. Por otro lado, De Soto debe de ser el candidato más reduccionista a nivel programático de los 18 en competencia. Su enfoque radica sobre todo en la economía y sus teorías sobre cómo abordar la informalidad, lo que le ha valido grandes críticas por su aparente improvisación, y tampoco me han parecido mal dichas críticas, pues ha resultado evidente un exceso de confianza en sí mismo a la hora de presentarse a la contienda, más allá de lo caricaturizable o no de que su “resumen de plan de gobierno” presentado ante el JNE conste de tan solo dos páginas. Y, pues, de Keiko no queda ya mucho por conocer. Es seguramente la candidata más expulgada, rebuscada, inquirida y acosada –esto último hasta antes del ascenso de RLA– por propios y extraños, habiendo pisado 3 veces la prisión (de manera desproporcionada, en mi opinión), y también con las mayores batallas libradas en el escenario político del país de los que compiten, siendo que desde muy joven asumió el rol de primera dama en los 90s durante la autocracia de su padre. En lo programático no tendría mucho que reprocharle, es sabido que a nivel técnico siempre ha sabido rodearse bien, quizá no tanto así en el plano político, o politiquero, el oficio puro de hacer política, algo totalmente comprobado por su apabullante bancada en el Congreso –en mi opinión– inconstitucionalmente disuelto por el Lagarto. Pero hay otra cosa más que diferencia al popular Tío Porky de HDS y KF. López Aliaga, a diferencia de ellos, sí tiene una agenda social, como le gusta decir al sector progresista y filoizquierdista. Lo deja entrever en todo su PG. Sin embargo, se le acusa de personificar a la ultraderecha o incluso al fascismo, acusación de lo más desarmable tan pronto como uno se avoca a leer el documento que respalda su aventura electoral. Quizá hasta más ultraderechista podría resultar HDS con su hipercapitalización de todos los sectores: mencionó, por ejemplo, que él no repartiría las vacunas, sino que dejaría que los privados compitan y las vendan; algo, por supuesto, medianamente descabellado para un jefe de Estado en tiempos de la peor pandemia de nuestra historia, por no usar peores términos. Y a lo mejor más fascista podría resultar KF, quien ha dicho claramente que su probable gobierno podría resumirse en dos palabras: mano dura. ¿Mano dura? Para bien o para mal, busca traer a la memoria la gestión de Alberto Fujimori y eso, a mi entender, dejaría más o menos claro el panorama, más allá de la suavidad y carisma con que se expresa, y que en el fondo piense que de ninguna manera buscaría emular aquel decenio, salvo en su férrea defensa de la Constitución del 93, con más ahínco que los otros dos, por supuesto.

Entonces, tal como hemos podido apreciar con un pequeño vistazo, en resumidas cuentas no nos encontramos ante “3 Keikos”, ni en el contorno, ni en la fachada, ni en el trasfondo. Y así podría seguir ahondando en todo lo que los diferencia –como equipos de trabajo, asesores, listas congresales, discursos, etc. –, pero sería ocupar párrafos enteros inútilmente. La idea ha quedado clara. Así que, ¿a qué se debería semejante falacia que busca igualar las 3 candidaturas? La gente que sabe pensar más allá de los “antis” que le enseñaron a reproducir en su universidad no es ingenua, al menos eso creo. No es casualidad que páginas como La revolución y la tierra, No a Keiko (WTF?) o Wayka, por no mencionar una decena más de estos portales de redes que parecen haber sido cortados por la misma tijera –y que parecen ser financiados por las mismas cuentas bancarias–, que instrumentalizan la difamación, el agravio y la desinformación como principales armas mediático-políticas, hayan resultado ahora “transparentar” su posición ideológica y decidido ahora anunciar que “por el bien del Perú y para frenar el peligro fujimorista, han resuelto unirse en un bloque antifujimorista y apoyar la candidatura de Vero Mendoza. Sí, así como lo lee. Es decir, esta gente, muy bien organizada y articulada, nos quiere hacer creer el cuentazo de que su voto ha sido debatido, consensuado, meditado y finalmente tomado a duras penas y después de mucho tiempo, qué curioso, en favor de la única candidata que les garantiza cinco años más de financiamiento, gollerías a los padres que trabajan en el Gobierno y sector público, mayor notoriedad o influencia a escala política, y total impunidad para que sigan difamando, agraviando y mancillando nombres, honras e imágenes de personajes públicos que no se sometan a su corriente de pensamiento ni a sus odios y complejos políticos e ideológicos. ¡A otro perro con ese hueso! Felizmente, como he ido leyendo en varias de sus publicaciones, la gente está despertando de a pocos y, al fin, se está dando cuenta de la enorme manipulación a la que han sido sometidos por más de cinco años. Me alegra saber que jamás lo dudé ni un instante: eran olfateables a km y casi ‘psicoanalizables’ al ojo. De alguna manera, me genera una sensación de esperanza y de no soledad el hecho de que, estoy seguro, muchos jóvenes como yo lograron tener la misma percepción desde el principio o al menos justo a tiempo, antes de dejarse engañar por la farsa del antifujimorismo militante de redes y que ello conllevara no tener retorno a la hora de intentar imaginar, proyectar y soñar con un Perú mejor para todos.

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