Jhon Oscátegui Inchi
El Perú tiene uno de los patrimonios arqueológicos más antiguos, ricos y diversos del mundo, este país forma parte de un club selecto donde nacieron las civilizaciones más antiguas del mundo. El patrimonio arqueológico de nuestra nación, está formado por bienes inmuebles (sitios arqueológicos, caminos prehispánicos, campos de cultivos, andenes, cementerios, etc.), así como por bienes muebles (vasijas cerámicas, piezas textiles, herramientas de piedra y hueso, objetos ornamentales de metal, madera y concha marinas, etc.). Todo el material cultural prehispánico constituye un testimonio de la actividad humana del largo periodo histórico que va desde el poblamiento de los Andes centrales por lo primeros cazadores recolectores, hasta la extinción del imperio de los Incas. El resultado de los estudios y análisis de toda la evidencia arqueológica creada a lo largo de 20.000 años de desarrollo aproximadamente, produce un sentimiento de orgullo, identidad nacional y el sentido de pertenencia.
Los bienes arqueológicos pertenecen a todos los peruanos sin excepción, por ello tenemos el derecho de conocerlos y el deber de cuidarlos, ya que son obra material de nuestros antepasados y forman evidencia de situaciones históricas singulares. Los diversos acontecimientos prehispánicos que estudia la arqueología como parte de la historia, ayudan a entender quiénes somos y de dónde venimos, nos sirve para tomar como ejemplo los aciertos y aprender de los errores del pasado. Los hechos históricos nos unen e identifican como parte de una sola nación, al compartir la misma tradición histórico cultural, y así de esta forma, construir un Estado–Nación pluricultural y multilingüe.
El valor que posee el patrimonio arqueológico es muy importante, porque a través del estudio y la interpretación de los elementos arqueológicos se reconstruyen los modos de vida cotidianos, suntuarios y ceremoniales de las diversas culturas o sociedades que los crearon. Como vemos, los bienes arqueológicos son el único medio existente para recuperar información histórica de hace más de 20.000 años de grupos étnicos nativos, los cuales, para orgullo de todos los peruanos, y a pesar de ocupar y asentarse sobre una geografía muy accidentada, lograron adaptarse de manera exitosa, crear expresiones culturales singulares y llegaron a tener niveles de desarrollo comparables a las grandes civilizaciones del mundo. Por medio de la arqueología, hemos llegado a conocer los diversos avances de conocimiento que tenían los pueblos prehispánicos en matemática, astronomía, agricultura, arquitectura, alfarería, orfebrería, etc., en los albores de la civilización andina o en la cúspide del sistema imperial Inca, desarrollo cultural muy admirado por los europeos en su camino hacia el Cusco.
Mediante el modelamiento de la geografía, con millares de andenes, transformaron los espacios andinos estériles y accidentados, en fértiles y abundantes campos de cultivo; con la extensa excavación de pequeñas trincheras se trabajaron camellones y/o chacras hundidas, logrando producir en terrenos periódicamente inundados o zonas desérticas, aprovechando inteligentemente la napa freática; a través de la creación de lagunas artificiales o cochas en el altiplano, pudieron hacerle frente a las temporadas heladas y a las fuertes inclemencias climáticas. Gran parte del actual territorio peruano fue modelado por el arduo trabajo milenario de cientos de sociedades prehispánicas que siempre buscaron desarrollar estrategias adaptativas de acuerdo a las características propias de cada zona geográfica.
A pesar de los grandes esfuerzos del gobierno central entre los años 1985 – 1990 y 2006 – 2011, el Perú, en pleno siglo XXI, aún no recupera el nivel numérico de extensión agrícola que lograron trabajar las sociedades prehispánicas, basado en el trabajo colectivo, la conducción de especialistas y administradores de tierras y aguas. Los resultados económicos de esta exitosa productividad agrícola hicieron posible la inversión en especialistas, cuyas obras arquitectónicas monumentales y objetos artísticos puedan apreciarse hoy en día en los diversos sitios arqueológicos y museos del Perú.