Castañeda: Apetito por la destrucción

El nombre del histórico álbum de Guns N’ Roses define con lamentable precisión la manía del alcalde de Lima por pretender imponer un estilo de gobierno que es caduco y que Lima no soporta más. No obstante, la nueva oleada ciudadana tendría en el mismo Castañeda a uno de sus primeros movilizadores.

La Lima del primer Castañeda era pasiva, se embebía en sus problemas cotidianos y era indulgente con las obras, toda vez que llegaran. Tras el triunfo de Susana Villarán y la declaratoria de guerra a los mal llamados “Solidarios”, Castañeda y su combo emprendieron una ofensiva encarnizada, copando espacios en prensa y frente a la opinión pública exigiendo obras –esencialmente infraestructura— en los primeros 100 días de gestión. Castañeda, entonces, alborotó a un limeño más bien pasivo, y le enseñó a reclamar resultados a pesar de que éstos, racionalmente, no serían visibles en el cortísimo plazo, como pretendían hacer creer los opositores de Villarán.

Hoy, Castañeda se enfrenta a una ciudadanía limeña que él despertó, y que él azuzó al hacerle creer que era posible exigir resultados en tiempos insólitos. Al cierre de esta columna, la escandalosa y ridícula intervención policial en la orilla de la playa La Pampilla de la Costa Verde evidencian la obstinación con la que la administración de Lima pretende viabilizar sus proyectos. Si a eso se le suma la insensatez con la que se han dedicado recursos en obras improvisadas, se puede inferir que la aprobación y viabilidad de la administración de Castañeda va en curso de colisión hacia el desgobierno y el caos.

Seguramente hoy tal proyección sonará antojadiza o tendenciosa. No obstante, la percepción de retroceso hace que la población encuentre en Castañeda a un alcalde cada vez más irritante y con una inexistente visión de futuro para la ciudad. La única manera de mitigar lo que parece será un inexorable cambio de opinión de los limeños es que el alcalde deje de gestionar sobre la minucia, renuncie a vendettas estériles, y se dedique a administrar la ciudad. A pesar de que se retrocedió en la desactivación del corredor vial Javier Prado, no se puede decir que haya una tendencia hacia un cambio de perfil en la gestión. Por lo tanto, a Lima le esperan varios dolores de parto más, ya que la gestión actual continuará hincando y provocando a una ciudadanía que está cansada de pleitos bizantinos y venganzas infantiles.  




Viernes 24 de Abril de 2015

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