Encrucijada que viene de tiempo atrás

Esta semana, el ex ministro de Economía Luis Carranza, esbozó en una columna de opinión de un diario local (http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/encrucijada-luis-carranza-noticia-1801121), algunas causas para lo que él describe como un escenario de estancamiento económico y social. Carranza, a saber, considera que la ausencia de Estado para preservar los derechos de propiedad y efectividad de contratos, la desconfianza de la población en la efectividad del Estado para defenderlos de potenciales daños medioambientales y garantizar la dotación de agua y la falta de capacidad del Estado para usar bien los impuestos son las razones por las que hoy el Perú pasa por un trance de complejidades económicas y sociales.

Ahora bien, el ex ministro olvida mencionar que el gobierno aprista, para el que trabajó, tuvo cinco años para trabajar aquellos aspectos institucionales tan importantes para fortalecer al Estado como garante de estabilidad jurídica, aparato con credibilidad para la población y buen administrador de la recaudación tributaria. Ello no implica que este gobierno no haya tenido la oportunidad de hacerlo –de hecho, ha perdido varias oportunidades de empoderar al Estado y brindarle mejores capacidades institucionales. Efectivamente, son capacidades requeridas por el Estado y que urgen para brindar mayores dientes al aparato público para hacer respetar contratos, mejor imagen frente a la población para ser reconocido como un defensor de los intereses de los peruanos, y finalmente, un hábil administrador de recursos públicos. Sin embargo, es paradójico que quien fuera un representante relevante de la administración previa a la dirigida por Ollanta Humala, hoy critique reformas fundamentales que son de largo plazo y para las que hubo oportunidad de trabajar tiempo atrás.

Es legítimo en política el sacar los trapitos sucios del rival para esclarecer un punto que pueda ser empleado a favor de uno. Empero, tal estrategia se convierte en un arma de doble filo cuando se cuenta con un techo de vidrio muy delgado y frágil. El ex ministro Carranza es un economista brillante, y como tal, se esperaría un poco más de autocrítica por lo que se pudo hacer y no se concretó en el gobierno aprista. Al menos, así habría más imparcialidad en su cuestionamiento e integridad en su crítica frente a la aparente incapacidad del gobierno actual por concretar las reformas institucionales pendientes.




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